¿La vida no requiere concesiones? — por Ayn Rand

Archivado en: , , , 13 Comentarios

 

«¿No exige la vida que hagamos concesiones?»

# # #

«En cualquier concesión entre comida y veneno, es sólo la muerte la que puede ganar. En cualquier concesión entre el bien y el mal, es sólo el mal el que puede beneficiarse”.

# # #

Una concesión es un ajuste entre intereses opuestos, al que se llega por mutuo acuerdo. Eso significa que ambas partes en una concesión desean algo específico y tienen algo de valor que ofrecerle a la otra parte. Y eso significa que ambas partes están de acuerdo en algún principio fundamental que sirve de base para su trato.

Sólo en cuanto a aspectos concretos o particulares —mientras se aplica un principio básico aceptado mutuamente— puede uno hacer concesiones. Por ejemplo, uno puede regatear con un comprador sobre el precio que uno desea recibir por su producto, y llegar a un acuerdo en un precio que está entre lo que uno pide y lo que le ofrecen. El principio básico que ambos aceptan, en tal caso, es el principio del comercio, a saber: que el comprador le debe pagar al vendedor por el producto. Pero si uno quisiese cobrar y el supuesto comprador quisiese conseguir el producto gratis, ninguna concesión, ningún acuerdo y ninguna discusión serían posibles, sólo la capitulación total de uno o del otro.

No puede haber concesiones entre un propietario y un ladrón; ofrecerle al ladrón una sola cucharilla no sería una concesión, sino una capitulación total, sería reconocer su derecho a la propiedad del dueño. ¿Qué valor o concesión ofrece el ladrón a cambio? Y una vez que el principio de concesiones unilaterales es aceptado por ambas partes como base de la relación, es sólo cuestión de tiempo hasta que el ladrón se apodere del resto. Como ejemplo de este proceso, observad la actual política exterior de los Estados Unidos de América.

No puede haber concesión alguna entre libertad y controles del gobierno; aceptar «sólo unos cuantos controles» es renunciar al principio de los derechos individuales inalienables y sustituirlo por el principio del poder ilimitado y arbitrario del gobierno, aceptando así una esclavitud cada vez mayor. Como ejemplo de este proceso, observad la actual política doméstica de los Estados Unidos de América.

No puede haber concesiones en principios básicos o en cuestiones fundamentales. ¿Qué «concesión» harías entre la vida y la muerte? ¿O entre la verdad y la falsedad? ¿O entre la razón y la irracionalidad?

Hoy, sin embargo, cuando la gente habla de «concesiones», a lo que se refiere no es a una legítima concesión mutua o a un intercambio comercial, sino precisamente a la traición de los principios de uno, a la capitulación unilateral ante cualquier exigencia infundada e irracional. La raíz de esa doctrina es el subjetivismo ético, que afirma que un deseo o un capricho es un punto de partida moral irreducible, que todo hombre tiene derecho a cualquier deseo que se le ocurra exigir, que todos los deseos tienen igual validez moral, y que la única forma de que los hombres puedan llevarse bien es ceder a cualquier cosa y hacer «concesiones» con todos. No es difícil ver quién se beneficia y quién se perjudica con tal doctrina.

La inmoralidad de esa doctrina —y la razón por la que el término «concesiones» implica, en el uso general de hoy, un acto de traición moral— reside en el hecho de que ella les obliga a los hombres a aceptar el subjetivismo ético como el principio básico que suplanta a todos los principios de relaciones humanas, y a sacrificarlo todo —en forma de concesiones— a los caprichos de otro.

La pregunta «¿La vida no requiere concesiones?» la hacen normalmente aquellos que no consiguen ver la diferencia entre un principio básico y algún tipo de deseo concreto y específico. Aceptar un trabajo inferior al que uno quería no es una «concesión». Aceptar las órdenes de un jefe sobre cómo hacer el trabajo para el que uno fue contratado no es una «concesión». Dejar de tener un pastel después de habérselo comido no es una «concesión».

La integridad no consiste en lealtad a los caprichos subjetivos de uno, sino lealtad a principios racionales. Una «concesión» (en el sentido que tiene esa palabra cuando no es un principio) no es una violación de la comodidad de uno, sino una violación de las convicciones de uno. Una «concesión» no consiste en hacer algo que a uno no le gusta, sino en hacer algo que uno sabe que es malo. Acompañar al marido o a la esposa de uno a un concierto, cuando a uno no le interesa la música, no es una «concesión»; ceder a sus demandas irracionales por el «qué dirán», o por fingir participación religiosa, o por ser generoso con suegros aburridos, eso sí lo es. Trabajar para un patrón que no comparte las ideas de uno no es una «concesión»; fingir compartir sus ideas, eso sí lo es. Aceptar las sugerencias de un editor sobre cambios en el manuscrito e uno, cuando uno ve la validez racional de sus sugerencias, no es una «concesión»; realizar dichos cambios con el fin de agradarle a él, o de agradarle al «público», contra el propio juicio y los propios criterios de uno, eso sí lo es.

La excusa que ofrecen en todos esos casos es que la «concesión» es sólo temporal, y que uno recuperará su integridad algún día en algún futuro indeterminado. Pero uno no puede corregir la irracionalidad de su cónyuge cediendo a ella y animando a que crezca. Uno no puede lograr la victoria de las ideas de uno ayudando a propagar las ideas opuestas. Uno no puede ofrecerles una obra maestra de literatura «cuando uno sea rico y famoso» a los admiradores que ha atraído escribiendo basura. Si a uno le cuesta mantenerse leal a sus propias convicciones desde el principio, el cometer una serie de traiciones —que contribuirán a aumentar el poder del mal que uno no tuvo el valor de combatir— no hará que sea más fácil en el futuro; hará que sea virtualmente imposible.

No puede haber concesiones en principios morales. «En cualquier concesión entre comida y veneno, es sólo la muerte la que puede ganar. En cualquier concesión entre el bien y el mal, es sólo el mal el que puede beneficiarse» (La rebelión de Atlas). La próxima vez que tengas la tentación de preguntar: «¿La vida que exige concesiones?», traduce esa pregunta a su verdadero significado: «¿No exige la vida que entreguemos lo que es verdadero y bueno a cambio de lo que es falso y malo?». La respuesta es que eso es precisamente lo que la vida prohibe: lo que prohibe, si quieres conseguir cualquier cosa que no sea dedicar los torturados años de tu vida a una progresiva autodestrucción.

# # #

Título original: «Doesn´t Life Require Compromise?» (1962) — por Ayn Rand

Publicado en el libro La virtud del egoísmo

<< Traducción: Objetivismo.org >>
[Nota del Traductor: La palabra «compromise» ha sido traducida por «concesión» o «concesiones», puesto que «compromiso» tiene un significado completamente diferente en nuestra lengua (más cercano a «commitment» en inglés).]

# # #

Publicado por: agosto 5, 2013 4:51 am

13 Comentarios

13 Comentarios

13 respuesta a “¿La vida no requiere concesiones? — por Ayn Rand”

  • David says:

    Gracias Truchuelo y gracias a Omingod por el sitio.

    Un poco tarde, pero, más vale tarde… 😉

  • G Truchuelo R says:

    Muy bueno David 🙂

  • David says:

    Para ampliar el tema, les recomiendo leer:

    La Anatomía de el Transigir o de la Concesión
    Capitalismo: El Ideal Desconocido
    por Ayn Rand

    fragmento:

    «…1. En todo conflicto entre dos personas (o dos grupos) que mantienen el mismo principio básico, el más consistente es el que gana.

    2. En toda colaboración entre dos personas (o dos grupos) que mantienen principios básicos diferentes, es el más malvado o irracionál es el que gana.

    3. Cuando principios básicos opuestos son definidos clara y abiertamente, esto funciona en beneficio del lado racional; cuando no están claramente definidos, sino ocultos o se evaden, esto funciona en beneficio del lado irracional….»

    En el original:
    The Anatomy of Compromise
    Capitalism: The Unknown Ideal
    by Ayn Rand
    http://en.wikipedia.org/wiki/Capitalism:_The_Unknown_Ideal
    http://aynrandlexicon.com/lexicon/compromise.html

  • David says:

    Corrección:

    Transigir es un ajuste entre intereses opuestos, al que se llega por mutuo acuerdo.

  • David says:

    …continuación/

    La pregunta “¿No exige la vida el transigir?” la hacen normalmente aquellos que no consiguen ver la diferencia entre un principio básico y algún tipo de deseo concreto y específico. Aceptar un trabajo inferior al que uno quería no es «transigir». Aceptar las órdenes de un jefe sobre cómo hacer el trabajo para el que uno fue contratado no es «transigir». Dejar de tener un pastel después de habérselo comido no es «transigir».

    La integridad no consiste en lealtad a los caprichos subjetivos de uno, sino lealtad a principios racionales.

    «Transigir” (en el sentido que tiene esa palabra cuando no es un principio) no es una violación de tu comodidad, sino una violación de tus convicciones. «Transigir» no consiste en hacer algo que no te gusta, sino en hacer algo que sabes que es malo. Acompañar a tu marido o esposa a un concierto, cuando no te interesa la música, no es «transigir»; ceder a sus demandas irracionales en cuanto al “qué dirán” o a fingir participación religiosa o a ser generoso con suegros aburridos, sí lo es. Trabajar para un patrón que no está de acuerdo con tus ideas, no es «transigir»; fingir que compartes sus ideas, sí lo es. Aceptar las sugerencias de un editor sobre cambios en tu manuscrito, cuando ves la validez racional de sus sugerencias, no es «transigir»; realizar dichos cambios con el fin de agradarle a él, o de agradarle al “público”, en contra de tu propio juicio y tus propias normas, sí lo es.

    La excusa ofrecida en todos esos casos es que el «transigir» es sólo temporal, y que recuperarás tu integridad en algún futuro indeterminado. Pero no puedes corregir la irracionalidad de tu cónyuge cediendo a ella/él y alentándola/o a que crezca. No puedes lograr la victoria de tus ideas ayudando a propagar las ideas opuestas. No puedes ofrecerles una obra maestra de literatura “cuando seas rico y famoso” a los admiradores que has atraído escribiendo basura. Si te cuesta mantenerte leal a tus propias convicciones al inicio, el cometer una serie de traiciones – que contribuirán a aumentar el poder del mal que no tuviste el valor de combatir – no hará que sea más fácil en el futuro; hará que sea virtualmente imposible.

    “No se puede transigir en principios morales”. “En cualquier intento de transigir entre comida y veneno, es sólo la muerte la que puede ganar. En cualquier intento de transigir entre el bien y el mal, es sólo el mal el que puede beneficiarse” (La Rebelión de Atlas). La próxima vez que tengas la tentación de preguntar: “¿No exige la vida el transigir?”, traduce esa pregunta a su verdadero significado: “¿No exige la vida que entreguemos lo que es verdadero y bueno a cambio de lo que es falso y malo?” La respuesta es que eso es precisamente lo que la vida prohíbe: lo que prohíbe si quieres conseguir cualquier cosa que no sea dedicar los torturados años de tu vida a una progresiva autodestrucción.

    # # #

    Título original: “Doesn´t Life Require Compromise?” (1962) — por Ayn Rand
    http://www.naturalthinker.net/trl/texts/Rand,Ayn/RAND,%20Ayn%20-%20The%20Virtue%20of%20Selfishness.htm#_Toc6821588

    Publicado en el libro La Virtud del Egoísmo

    [Nota del Traductor: La palabra “compromise” ha sido traducida por “transigir”, puesto que “compromiso” tiene un significado completamente diferente en nuestra lengua.]

  • David says:

    ¿Que opinan de la palabra «transigir»?
    http://www.wordreference.com/definicion/transigir

    ¿No requiere la vida el transigir? — por Ayn Rand

    “No se puede transigir en principios morales”.

    “En cualquier intento de transigir entre comida y veneno, es sólo la muerte la que puede ganar. En cualquier intento de transigir entre el bien y el mal, es sólo el mal el que puede beneficiarse”.

    + + +

    Transigir es un ajuste entre intereses opuestos, a la que se llega por mutuo acuerdo. Eso significa que ambas partes en un intento de transigir desean algo específico y tienen algo de valor que ofrecerle a la otra parte. Y eso significa que ambas partes están de acuerdo en algún principio fundamental que sirve de base para su trato.

    Sólo en cuanto a aspectos concretos o particulares – mientras se aplica un principio básico aceptado mutuamente – puede uno transigir. Por ejemplo, uno puede regatear con un comprador sobre el precio que uno desea recibir por su producto, y llegar a un acuerdo en un precio que está entre lo que uno pide y lo que le ofrecen. El principio básico que ambos aceptan, en tal caso, es el principio del comercio, a saber: que el comprador le debe pagar al vendedor por el producto. Pero si uno quisiera cobrar y el supuesto comprador quisiese conseguir el producto gratis, ningun acto de transigir, ningún acuerdo y ninguna discusión serían posibles, sólo la capitulación total de uno o del otro.

    No puede haber un acto de transigir entre un propietario y un ladrón; ofrecerle al ladrón una sola cucharilla no sería un acto de transigir, sino una capitulación total, sería reconocer su derecho a la propiedad del dueño. ¿Qué valor o acto de transigir ofrece el ladrón a cambio? Y una vez que el principio de transigir en forma unilateral es aceptado por ambas partes como base de la relación, es sólo cuestión de tiempo hasta que el ladrón se apodere del resto.

    No se puede transigir entre libertad y controles del gobierno; aceptar “sólo unos cuantos controles” es renunciar al principio de los derechos individuales inalienables y sustituirlo por el principio del poder ilimitado y arbitrario del gobierno, aceptando así una esclavitud cada vez mayor. Como ejemplo de este proceso, observad la actual política interna de los Estados Unidos.

    No se puede transigir en principios básicos o en cuestiones fundamentales. ¿Qué acto de transigir harías entre la vida y la muerte? ¿O entre la verdad y la falsedad? ¿O entre la razón y la irracionalidad?

    Hoy, sin embargo, cuando la gente habla de «transigir», a lo que se refieren no es a un legítimo acto de concesión mutuamente o a un intercambio comercial, sino precisamente a la traición de los principios de uno, a la capitulación unilateral ante cualquier solicitud infundada e irracional. La raíz de esa doctrina es el subjetivismo ético, que sostiene que un deseo o un capricho es un punto de partida moral irreducible, que todo hombre tiene derecho a cualquier deseo que se le ocurra exigir, que todos los deseos tienen igual validez moral, y que la única forma de que los hombres puedan llevarse bien es ceder a cualquier cosa y hacer «concesiónes» con todos. No es difícil ver quién se beneficia y quién se perjudica con tal doctrina.

    La inmoralidad de esta doctrina – y la razón por la que el término «transigir» implica, en el uso general de hoy, un acto de traición moral – reside en el hecho que él les obliga a los hombres a aceptar el subjetivismo ético como principio básico que suplanta a todos los principios de relaciones humanas, y a sacrificarlo todo – en forma de concesiónes – a los caprichos de otro.

    La pregunta “¿No exige la vida el transigir?” la hacen normalmente aquellos que no consiguen ver la diferencia entre un principio básico y algún tipo de deseo concreto y específico. Aceptar un trabajo inferior al que uno quería no es «transigir». Aceptar las órdenes de un jefe sobre cómo hacer el trabajo para el que uno fue contratado no es «transigir»…

  • Alberto says:

    Uno de los mejores ejemplos para este tema es el que menciona Peikoff en su curso de objetivismo.

    Se podría resumir en esto:
    «Imagina un juez. Trabaja honradamente, pero un día acepta un soborno para dejar a un asesino libre. ¿Cómo lo llamas? Corrupto. ¿Y a uno que siempre lo hace? Corrupto. Si mal y bien se «unen» no hay concesiones, solo el mal puede ganar.»

  • Morrison says:

    No esperaba esa respuesta, gracias por contestar tan rápido!

  • Morrison says:

    Supongamos que quisiera obtener una beca de una universidad para viajar a otro país a estudiar por 6 meses (como vivo en Argentina la universidad nacional de Córdoba es pública, por supuesto) ¿sería inmoral postularme para tal beca dado que no sería algo pagado enteramente por mí? Y si lo es, ¿cuál sería la alternativa si quisiera aun así realizar tal viaje? Y yendo más al fondo de la cuestión, ¿es inmoral el mero hecho de asistir a una universidad pública, que funciona gracias a subsidios nacionales?

    • Omingod says:

      Puedes leer más a fondo sobre este tema en otros lugares de este website y en el canal de youtube de Objetivismo, pero una respuesta rápida es: No hay nada inmoral en asistir a una universidad pública ni en usar los fondos públicos que ya han sido confiscados. Lo que es inmoral es defender esos principios y promoverlos. Si no tienes otra opción, aprovecha lo que hay, pero en cuanto tengas la oportunidad, apártate de quienes te están destruyendo a ti y al mundo.

  • Carlos says:

    Déjenme saber cuánto entendí esto: las concesiones, en esencia, son ceder a lo que se sabe es malo, a lo que nos hace sentir y saber que no es correcto de acuerdo a nuestra integridad moral y/o intelectual.

  • Omingod says:

    Gracias. Usaremos la palabra «compromiso» indistintamente en el futuro, esperando que la mayoría de los lectores la interpreten correctamente.

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Previous Post
«
Next Post
»