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Necesitamos a Ayn Rand, no a Jesucristo

Por Onkar Ghate — Publicado el 29 de junio 2011

Ayn Rand está en todas partes y sus opositores políticos se están poniendo cada vez más nerviosos.

Rand es, por supuesto, un paladín de los derechos individuales (que incluyen los derechos de propiedad) y una defensora del capitalismo laissez-faire. Si vas a cualquier reunión de un Tea Party verás carteles como «¿Quién es John Galt?», «Rand tenía razón» y «Lee La Rebelión de Atlas». Paul Ryan dice (correctamente, en mi opinión) que «Ayn Rand, más que ninguna otra persona, ha hecho un trabajo fantástico explicando la moralidad del capitalismo, la moralidad del individualismo».

En este cambiante panorama político, Paul Krugman comenta en «Un cuento de dos moralidades» que ya no estamos más en la época en que las disputas políticas son sobre diferencias pragmáticas para conseguir el mismo objetivo. Hoy vemos una diferencia de principio moral: un lado considera que el moderno estado del bienestar es moralmente superior al capitalismo, y el otro lado considera que el capitalismo es moralmente superior al estado del bienestar.

Lo que Krugman no dice, sin embargo, es que en la medida en que haya un lado hoy día que piense que el capitalismo es moralmente superior al estado de bienestar, es gracias a «La Rebelión de Atlas», «Capitalismo: El Ideal Desconocido» y a las otras obras de Rand.

Pero lo sepa Krugman o no, muchas otras personas sí lo saben. Lo que les preocupa a los defensores del estado del bienestar es que nunca antes se habían enfrentado a una oposición moral.

Sea cual fuera la retórica de los republicanos y los demócratas en el pasado, siempre coincidieron en un objetivo básico: cada vez son necesarios más controles del gobierno para mantener controlados a los hombres de negocios, «administrar» la economía, y cuidar de los que lo necesitan.

Independientemente de qué partido estuviera en el poder, por lo tanto, los resultados fueron cosas como la ley Sarbanes-Oxley [conformidad corporativa, control de las empresas y de Wall Street], los rescates de GM y de Citibank, un enorme «beneficio» de prescripciones de medicamentos, y ObamaCare [la medicina socializada implementada por Obama]. La política consistía en discutir la eficacia de los controles propuestos; no era una discusión sobre la moralidad o la inmoralidad de imponer controles. Como señala Krugman, en los últimos años todo el mundo «aceptaba la legitimidad del estado de bienestar».

Pero ahora sus defensores se están dando cuenta de que ya no es así, de que algunos americanos están empezando a cuestionar la legitimidad moral del estado de bienestar. Para ahogar estos cuestionamientos en su nacimiento, los partidarios de controles gubernamentales están intentando convencer a sus opositores de que abandonen a Rand.

La táctica actual es decirle a los miembros del Tea Party y a otros «conservadores» que si se toman en serio la religión no pueden al mismo tiempo ser fans de la atea Ayn Rand. La American Values Network (AVN) ha publicado un breve vídeo con fragmentos en los que Ayn Rand rechaza la religión, y esperan enviárselo por email a más de un millón de personas en Winconsin (el estado de donde es Ryan), preguntándoles a los ciudadanos cómo pueden apoyar a la vez a Jesucristo y a Rand.

Dejando de lado la desesperada tentativa de AVN de difuminar la separación entre Iglesia y Estado — al basar la política en la fe –esto sí es cierto: Las enseñanzas morales de Rand son fundamentalmente opuestas a las de Jesucristo.

Una moralidad racional, argumenta Rand, nos enseña los valores fundamentales que forman parte de una vida exitosa y feliz. Por encima de todo, nos instruye a defender la razón como un absoluto en nuestras vidas, como nuestra única fuente de conocimiento y único juez de los valores, y como medio para alcanzar la auto-estima en nuestras almas. La verdadera autoestima es el conocimiento de que por tus propias decisiones has creado una mente racional que es «competente para pensar», y un carácter en tu persona que es «digno de conseguir la felicidad».

En cuanto a virtudes, el código moral de Rand defiende la racionalidad, no la emotividad o la fe; la independencia intelectual, no la autoridad o la obediencia; el orgullo merecido, no la humildad o la creencia en la maldad inherente del hombre.

En el argumento de Rand, la moralidad no consiste en subordinación o servicio a los demás o a algún «poder superior», no consiste en sacrificarse. Es una moralidad que defiende el egoísmo y el individualismo: trata de enseñarte la difícil tarea de buscar los valores que te permiten alcanzar tu propio interés individual y tu felicidad.

Sólo alguien que es individualista y egoísta (sea de forma explícita o implícita), decía Rand, entenderá y exigirá los derechos enunciados en la Declaración de Independencia: sus derechos inalienables a su propia vida, su propia libertad, y a la búsqueda de su propia felicidad. Exigirá su libertad política y rechazará todos los controles del gobierno diseñados para limitar su libertad y hacer que se sacrifique por el «bien común». Se opondrá al estado del bienestar.

Dadas sus enseñanzas positivas, Rand debe rechazar lo que generalmente se entiende por la esencia de las enseñanzas morales de Jesucristo: el Sermón de la Montaña. Pero antes de cuestionar esta idea, pregúntate lo siguiente: ¿No es verdad que Jefferson y los Padres Fundadores rechazaron los consejos del Sermón de la Montaña al crear los Estados Unidos?

Como he escrito en otro lugar: «Cuando los británicos golpearon la mejilla de los Estados Unidos, ¿Jefferson le dijo a América en la Declaración de Independencia que pusiera la otra mejilla? ¿Él amó a sus enemigos – o entró en guerra contra ellos? Jefferson, que tenía una galería de próceres en su casa, retratos de hombres como Isaac Newton y John Locke, ¿creía que los bienaventurados eran los pobres de espíritu – o que los únicos dignos de admiración son aquellos que deciden hacer algo con su espíritu? Jefferson y los otros Padres Fundadores, ¿pensaban que los mansos heredarían la tierra – o que los racionales y los hacendosos lo harán? Jefferson, ¿renunció a las riquezas – o las buscó?»

Hoy nos enfrentamos a decisiones igualmente difíciles. Si hemos de rechazar el estado de bienestar como inmoral y restaurar de esa forma el sueño americano de individualismo, ¿no necesitamos una moralidad racional que desafíe la creencia de siglos de que uno tiene que sacrificarse? ¿No necesitamos sustituir esa moralidad de la muerte por otra que defienda el derecho moral del individuo a su propia vida y a su propia felicidad?

En otras palabras, ¿no necesitamos a Ayn Rand?

# # #

Onkar Ghate es Senior Fellow en el Ayn Rand Institute, en Irvine, California.

Ver video: Atlas Shrugged [1/6] La 2ª Declaración de Independencia

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=hl6-bXwYyf0&feature=player_embedded[/youtube]
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juan manuel pineda moranfredy ocotal nicaraguaManuelAbraxas Autores de comentarios recientes
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juan manuel pineda moran
juan manuel pineda moran

Me gusta este articulo, ya que nos lleva a reflexionar si en la mente y en los corazones de los Padres Fundadores de los Estados Unidos no esta implícito el germen de una nueva fe, no en Dios sino una… Leer más »

fredy ocotal nicaragua
fredy ocotal nicaragua

los misticos y todo sistema de gobierno, que quiere quitar tu libertad, tu vida, merece ser rechazado , ya que es inmoral, tu decides si te quedas en la inmoralidad o con el razonamiento,armado de coraje lucha por tu vida… Leer más »

Manuel
Manuel

Hola Abraxas, según Rand ningún hombre debe vivir para servir a otro, es decir todo lo contrario a un monarquía en donde las personas vivían para servir los mandatos del Monarca de turno… Obviamente no has leído la obra de… Leer más »

Abraxas
Abraxas

¿Imagino que según Rand la revolución francesa fue una atrocidad en contra de los derechos de la monarquia? ¿Y que decia del derecho que tenía la monarquia de oprimir al pueblo frances?

Ayn Rand

Durante siglos, la batalla de la moralidad se libró entre los que proclamaban que tu vida le pertenece a Dios y los que proclamaban que le pertenece a tus vecinos – entre los que predicaban que el bien es auto-sacrificio para el provecho de fantasmas en el cielo y los que predicaban que el bien es auto-sacrificio para el provecho de incompetentes en la Tierra. Y nadie vino a decir que tu vida te pertenece a ti y que el bien es vivirla.

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