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Por qué la Navidad debería ser más comercial

La Navidad es una exuberante muestra del ingenio humano, de la productividad capitalista, y del disfrute de la vida. Sin embargo, todo eso es condenado como «materialismo»; el significado real de la festividad, nos dicen, es un conjunto de cuentos navideños y de obligaciones altruistas (por ejemplo, amarás a tu prójimo) que nadie se toma muy en serio.

Es hora de quitarle el sentido religioso a la Navidad (de quitarle el *Christ* a Christmas), y convertir esta festividad en una celebración comercial egoísta, sin culpa, a favor de la razón y de este mundo. (Leonard Peikoff)

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De hecho, la Navidad tal como se celebra hoy es un invento americano del siglo XIX. La libertad y la prosperidad de la post-Guerra Civil americana creó la nación más feliz de la historia. El resultado fue el deseo de celebrar, de deleitarse con los bienes y placeres de la vida en la tierra. La Navidad (que no fue declarada fiesta federal en USA hasta 1870) se convirtió en la principal expresión americana para este sentimiento.

Históricamente, los pueblos siempre han celebrado el solsticio de invierno como el momento en que los días comienzan a ser más largos, indicando que la tierra vuelve a la vida. Los antiguos romanos festejaban y se regocijaban durante el festival de Saturnalia. Los primeros cristianos condenaron estas celebraciones romanas – ellos estaban esperando el fin del mundo y sólo tenían desprecio para los placeres terrenales. Allá por el siglo IV, los paganos le estaban dando culto al dios del sol el día 25 de diciembre, y los cristianos tuvieron que tomar una decisión: si no puedes acabar con ellos, únete a ellos. Ellos alegaron (contrariamente a los hechos conocidos) que esa fecha era el nacimiento de Jesús, y usurparon la celebración del solsticio para su Iglesia. Incluso después de que los cristianos robaran la Navidad, ellos mismos fueron ambivalentes sobre ella. La fiesta era en sí misma un festival en pro de a favor de la renovación terrenal, pero los cristianos predicaban renuncia, sacrificio, y preocupación por el otro mundo, no por este. Como lo expresó Cotton Mather, un clérigo del siglo XVIII: «¿Puedes tú en conciencia pensar que nuestro Santo Salvador se siente honrado por la diversión?… ¿Hay que decir que en el nacimiento de nuestro Salvador… le dedicamos tiempo… a las acciones que tienen mucho más que ver con el infierno que con el cielo?»

Entonces llegaron los principales acontecimientos del capitalismo del siglo XIX: la industrialización, la urbanización, el triunfo de la ciencia – todo eso resultando en el transporte fácil, a la entrega de correo eficiente, a la publicación generalizada de libros y revistas, a nuevos inventos que hacían la vida cómoda y emocionante, al aumento de los empresarios que entendieron que la manera de obtener un beneficio es producir algo bueno y venderlo en el mercado de forma masiva.

Por primera vez, dar regalos se convirtió en una característica importante de la Navidad. Los primeros cristianos denunciaron el dar regalos como una práctica romana, y los puritanos lo llamaron algo diabólico. Pero los americanos no se sintieron disuadidos. Gracias al capitalismo había suficiente la riqueza para que los regalos fueran posibles, un gran sistema productivo para anunciarlos y hacerlos disponibles a bajo precio, y un país tan contento que los hombres querían acercarse a sus amigos y expresar su disfrute de la vida. Todo el país aceptó alegremente dar regalos en una escala sin precedentes.

Santa Claus es una invención completamente americana. Hubo un San Nicolás hace mucho tiempo en una frágil festividad vinculada a él (el 5 de diciembre). En 1822, un americano llamado Clement Clarke Moore escribió un poema sobre una visita de St. Nick (Papá Noël). Fue Moore (y otros neoyorquinos) quienes inventaron la apariencia física y la personalidad de St. Nick, y se les ocurrió la idea de que Santa Claus viajara la víspera de Navidad en un trineo tirado por renos, bajara por la chimenea, pusiera juguetes en las medias de los niños y después se volviera al Polo Norte.

Por supuesto, los puritanos denunciaron a Santa Claus como el Anti-Cristo, pues ponía a Jesús en segundo plano. Además, Santa Claus implícitamente rechazaba toda la ética cristiana. No denunciaba a los ricos y demandaba que se lo dieran todo a los pobres; al contrario, les daba regalos tanto a los niños ricos como a los pobres. Tampoco era Santa Claus un campeón de la misericordia cristiana o del amor incondicional; al contrario, representaba la justicia: Santa Claus sólo le trae regalos a los niños buenos, no a los malos.

Las mejores costumbres de la Navidad, todas ellas, desde villancicos hasta árboles y decoraciones espectaculares, tienen su raíz en ideas y prácticas paganas. Estas costumbres fueron muy amplificadas por la cultura americana, como el producto de la razón, la ciencia, los negocios, la mundanalidad y el egoísmo, es decir, la búsqueda de la felicidad.

La tragedia de América es que sus líderes intelectuales han intentado tradicionalmente sustituir la felicidad por la culpa, insistiendo que el sentido espiritual de la Navidad es la religión y el sacrificio de todo ser humano. Pero lo espiritual debe comenzar con el reconocimiento de la realidad. La vida requiere la razón, el egoísmo y el capitalismo; eso es lo que la Navidad debería celebrar – y de hecho, bajo las apariencias, eso es exactamente lo que celebra. Es hora de quitarle el sentido religioso a la Navidad (de quitarle el Christ a Christmas), y convertir esta festividad en una celebración comercial egoísta, sin culpa, a favor de la razón y de este mundo.

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Artículo de Leonard Peikoff, fundador del Ayn Rand Institute, y autor de The Ominous Parallels (Los Paralelismos Ominosos); de Objetivismo: La Filosofía de Ayn Rand; y de The DIM Hypothesis – Why the Lights of the West are going out.

Traducción: Objetivismo.org, con permiso del autor.

El artículo arriba sobre la Navidad ha sido publicado, entre otros, en las siguientes revistas y fechas:

(Miami Herald, Dec. 23, 1996; Las Vegas Review-Journal, Dec. 21, 1997; Dayton Daily News, Dec. 22, 1997; Oregonian, Dec. 24, 1997; Richmond Times-Dispatch, Dec. 25, 1998; Montreal Gazette, Dec. 22, 1998; Philadelphia Inquirer, Dec. 25, 1999; San Jose Mercury News, Dec. 26, 1999; Asbury Park Press, Dec. 19, 2001; Detroit Free Press, Dec. 23, 2001; Houston Chronicle, Dec. 24, 2001; Barron’s, Jan. 7, 2002; Providence Journal, Dec. 19, 2002; Arizona Tribune, Dec. 22, 2002; Globe and Mail, Dec. 24, 2002; Allentown Morning Call, Dec. 24, 2002; Atlanta Journal Constitution, Dec. 19, 2003; Louisville Courier-Journal, Dec. 23, 2003; Chicago Sun-Times, Dec. 24, 2003; San Francisco Chronicle, Dec. 25, 2003)

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Más:

“Las perennes críticas contra el consumismo de la Navidad dejan de reconocer la más alta virtud del hombre: la producción – la virtud que hace posible el consumo, que mantiene su vida y eleva su espíritu.

Los individuos productivos tienen que ejercer otra conducta virtuosa, sobre todo la racionalidad, la honestidad, la eficiencia y el amar trabajar duro.

Cuando los individuos productivos compran coches, ordenadores, iPhones y otros bienes materiales, están celebrando sus mayores virtudes. Y desarrollan una muy merecida auto-estima, felicidad y orgullo.

En contraste, el estereotipo del consumidor insaciable es esencialmente un conformista social, motivado a mantener el mismo nivel social de sus vecinos, alguien que nunca aprendió la inseparable conexión entre productividad y virtud.

Pero cuando se establece esa conexión, el consumismo es algo a ser celebrado.”

Por Joseph Kellard (miembro de HBL, publicado en respuesta a un artículo en USA Today en Diciembre 2009).

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ElChangoEvolucioado
ElChangoEvolucioado

excelente articulo, lo espiritual comienza con el reconocimiento de la realidad, lo religioso le quita el sabor a la vida, religion es igual a muerte.

fredy ocotal nicaragua
fredy ocotal nicaragua

el dinero , fruto del esfuerzo, y del cambio,me emociona,los que no se emocionan,por el, estan muertos o locos

fredy ocotal nicaragua
fredy ocotal nicaragua

celebracion comercial la navidad , me gusta mucho este articulo, es explosivo como la bomba nuclear

Felipe
Felipe

Buen artículo.

Ayn Rand

Una dictadura tiene que ser caprichosa; tiene que gobernar por medio de lo inesperado, lo incomprensible, lo absurdamente irracional; tiene que tratar no con la muerte, sino con la muerte súbita; un estado de inseguridad crónica es lo que los hombres son psicológicamente incapaces de soportar.

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