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El estatismo como política de sinrazón — OPAR [10-3]

 Capítulo 10: 
El estatismo como política de sinrazón [10-3]

Objectivism: The Philosophy of Ayn Rand
(«OPAR») por Leonard Peikoff
Traducido por Domingo García
Presidente de Objetivismo Internacional

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«Estatismo» significa cualquier sistema que concentra el poder en el estado a expensas de la libertad individual. Entre otras variantes, el término subsume teocracia, monarquía absoluta, nazismo, fascismo, comunismo, socialismo democrático, y una dictadura pura y dura. Todas esas variantes difieren en cuestiones de forma, táctica y/o ideología. Algunos estatistas nacionalizan los medios de producción; otros permiten una fachada de propiedad privada pero le dan al estado control sobre el uso y la disposición de la propiedad. Unos se creen en el derecho a practicar un sistema de castas; otros, aunque también lo practiquen, niegan que lo hagan. Unos afirman que los países libres deberían caminar hacia un gobierno omnipotente de forma pacífica, por “evolución”; otros quieren una “revolución”. Unos defienden el estatismo por razones intrinsicistas (por ejemplo, el divino derecho de los reyes, ayatolas o hechiceros); otros invocan el subjetivismo social, citando las necesidades de la raza, la nación, la clase, la humanidad, o la tribu.

Algunos gobernantes vigilan todos los movimientos de sus súbditos. Otros les dejan a los hombres una correa bastante larga. Pero todos insisten en algún tipo de correa y en su derecho a ajustar la longitud de esa correa como les parezca.

Algunos gobernantes se concentran en conseguir el control del pensamiento, creyendo que la obediencia de los hombres en cuanto a la acción es una consecuencia inevitable pero secundaria. Algunos, especialmente los tipos que desprecian el pensamiento como siendo inútil, se concentran en controlar las acciones de los hombres con pura brutalidad (y de esa forma haciendo que el pensamiento de sus súbditos sea inútil). Finalmente, otros se concentran en establecer la propiedad pública de los medios de producción, de esa forma proscribiendo tanto la acción como el pensamiento independientes.

Cualquiera que sea el punto de entrada de tales gobiernos, la esencia de su política es la misma: una guerra contra el hombre: contra su mente, contra su cuerpo y contra su propiedad. El resultado de tal guerra siempre ha sido la fabricación de cadáveres. Los cadáveres son una expresión, en términos negativos, del principio que la libertad es el requisito social de la herramienta de supervivencia del hombre.

Así como el individualismo es la política que la razón requiere, así también el estatismo es la política de la sinrazón. Así como un sistema de gobierno libre proviene de una filosofía que acepta la realidad – el nivel conceptual de consciencia, el egoísmo, la productividad, y el hombre como un soberano hecho a sí mismo – y a su vez alienta esa filosofía en sus ciudadanos; así también un sistema no libre proviene y fomenta exactamente lo opuesto a tal filosofía.

Cuarenta años atrás, el identificar estatismo con sinrazón habría sido debatido acaloradamente, sobre todo por la izquierda política. Ya no ocurre eso, como los herederos y admiradores de la Nueva Izquierda de la década de 1960 dejan elocuentemente claro. 24

La Vieja Izquierda alegaba representar la ciencia y la lógica (si bien una lógica «dialéctica»); la Nueva Izquierda opta por un misticismo descarado, tal como resurgimientos religiosos, la parasicología y el orientalismo. La Vieja Izquierda, ridiculizando los «castillos en el aire», confesó su preocupación por el bienestar físico de los hombres; la Nueva Izquierda, desdeñando la realidad física, corre atrás de nuevos castillos en el aire: la «expansión de la consciencia» a través de adicción a drogas. La Vieja Izquierda admiraba las máquinas, la riqueza material, la conquista de la naturaleza (aunque fuera por y para el colectivo); la Nueva Izquierda, con gritos de “Vuelta a la naturaleza» y «Abajo con el crecimiento económico», considera la invención humana como antinatural, los automóviles como «contaminantes», y las fábricas como una amenaza a la «frágil ecología» del planeta. La Vieja Izquierda defendía la dignidad del trabajo (del trabajo físico) y exigía justicia para el trabajador; la Nueva Izquierda dirige su cariñosa y nostálgica mirada no hacia ningún tipo de trabajador, sino hacia hippies «perversos y polimorfos”.

La Vieja Izquierda defendía una ideología, un sistema, una respuesta a largo plazo (por muy falsa que fuese) para cuestiones sociales; la Nueva Izquierda, jactándose de su anti-ideología, está limitada por concretos, es adoradora del AHORA, se ha quedado a nivel perceptual. La Vieja Izquierda buscaba un gobierno de leyes (en oposición a los gobiernos llamados “realeza económica»); la Nueva Izquierda ve a la ley como una explotación, y pide un gobierno no de leyes, sino de grupos de presión equiparados. La Vieja Izquierda, invocando el valor de la justicia, legisló sobre la «igualdad de oportunidades» (o sea, el estado del bienestar); la Nueva Izquierda, descartando cualquier pretensión de justicia, quiere «igualdad de resultados» (o sea, igualitarismo). La Vieja Izquierda trasmitía una cierta amplitud de visión (hablaba de «Un Mundo» o del proletariado unido); la Nueva Izquierda, incapaz siquiera de soñar despierta en tales términos, quiere socialismo de barrio; quiere un sistema tribal de guerra de pandillas locales, con una pandilla mandando en el distrito de Bedford-Stuyvesant en Brooklyn, otra mandando en la Universidad de Columbia, etc. Ese es el fondo político al que finalmente han llegado los que fueron un día los «idealistas» y los «progresistas» en USA.

La Vieja Izquierda se transfiguró de esta guisa porque era una sólida contradicción filosófica que no podía sostenerse. Cuando se enfrentó a esta contradicción en términos ineludibles en la década de 1960, sus integrantes – los que no se escondieron en una lamentada «moderación» o en un avergonzado «neoconservadurismo» – decidieron en consonancia con sus premisas más profundas. Siendo estatistas, decidieron de acuerdo con el verdadero significado filosófico del estatismo. Como resume Ayn Rand:

Enfrentados a la opción entre civilización industrial o colectivismo, fue la civilización industrial la que los liberales descartaron. Enfrentados a la opción entre tecnología o dictadura, fue la tecnología la que descartaron. Enfrentados a la opción entre razón o caprichos, fue la razón la que descartaron. 25

Cualquiera que, a esta altura del siglo XX, habiendo visto la historia de Rusia, Alemania, China, Irán, y Estados Unidos, todavía no consiga entender la filosofía, las causas o los efectos del estatismo, nunca lo conseguirá. Tal individuo ha decidido no entender.

Esto me lleva a otro tema: a algo supuestamente opuesto al estatismo que, de hecho, lo implica. Me refiero al anarquismo.

El anarquismo es la idea de que no debería haber gobierno. En términos Objetivistas, eso equivale a la idea de que cada hombre debería defenderse a sí mismo usando fuerza física contra otros cuando le venga en gana, sin estándares objetivos de justicia, delito, o prueba. 26

 “¿Qué pasa si una persona no quiere delegar el derecho a su legítima defensa?” pregunta el anarquista con frecuencia. “¿No es ese un aspecto legítimo de la ‘libertad’?” La cuestión implica que un “hombre libre” es uno con el derecho a aplicar su deseo, cualquier deseo, simplemente porque es su deseo, incluso el deseo de usar la fuerza. Eso significa equiparar “libertad” con adoración a caprichos. Filosóficamente, la premisa subyacente es subjetivismo (en su versión personal).

Los ciudadanos de una sociedad deberían responderle a ese subjetivista de la siguiente forma: “No delegues tu derecho a la defensa propia, si ese es tu deseo. Pero si actúas basado en tu punto de vista – si recurres al uso de la fuerza contra cualquiera de nosotros – te responderemos por la fuerza. Nuestro gobierno te responderá en los términos que sólo tú haces posible”.

Es una contradicción afirmar el derecho de uno a usar la fuerza como uno quiera, y al mismo tiempo exigir que otros se abstengan de organizarse para protegerse a sí mismos. Quien infringe las leyes de un gobierno justo, no importan cuáles sean sus razones filosóficas, se convierte por ello en un criminal, y los hombres están moralmente obligados a tratarlo como tal.

Los anarquistas en los Estados Unidos dicen ser individualistas. Filosóficamente, sin embargo, anarquismo es lo contrario a individualismo; como su principal divulgador moderno, Karl Marx, deja bien claro, el anarquismo es una expresión del colectivismo utópico. En la perspectiva utópica, el estado por su naturaleza es una aberración explotadora, si bien temporal; una vez que los hombres sean debidamente reprogramados, esa aberración desaparecerá, junto con todos los conflictos y las injusticias; la humanidad estará impregnada de una armonía amorosa. La armonía llegará cuando los hombres finalmente aprendan a fusionarse en el Uno o el Todo “orgánico” que realmente son. En otras palabras, los problemas sociales y la necesidad de tener gobierno se desvanecerán cuando la individualidad se desvanezca.

La teoría del anarquismo no acepta que el desacuerdo honesto y la maldad intencionada siempre serán posibles para los hombres; no comprende la necesidad de un mecanismo que les permita a seres humanos de verdad vivir juntos en armonía. El motivo es que en la teoría no hay lugar para seres humanos de verdad, es decir, para individuos.

Aparte de algunas pequeñas comunas cerradas y de corta duración, el anarquismo ni siquiera puede ser puesto en práctica. La anarquía, la ruptura de la ley y el orden, es posible por un breve período, pero no el anarquismo como filosofía que se pueda implementar. El resultado inmediato de la anarquía, asumiendo que una sociedad no tenga liderazgo racional, tiene que ser el establecimiento de una cierta apariencia de orden a través del mandato de pandillas y/o del mandato de un dictador. Hasta los salvajes a nivel perceptual entienden que un caos sin ley es incompatible con la supervivencia.

Si las palabras han de corresponder a objetos en la realidad, entonces el único referente de “anarquismo” – el único sistema político al que se refiere – es una versión del estatismo. Es por eso por lo que Objetivismo rechaza como absurda la noción de que el gobierno republicano es un término medio entre estatismo y anarquismo. El estatismo es un extremo, el individualismo es el otro. El anarquismo es simplemente una forma más que insensata de estatismo; no es la “libertad” llevada al extremo, sino la negación del concepto.

Hay quienes son “un término medio” en política, los que apoyan una unión de individualismo y estatismo. Esto nos trae al sistema que rige Occidente hoy: la economía mixta. 27

Una economía mixta es una mezcla de libertad y controles. Tal enfoque, alegan sus defensores, rechaza los absolutos y por lo tanto ofrece «lo mejor de los dos mundos»: combina el interés personal con el deber; la independencia del individuo con la compulsión al servicio de una causa superior; la propiedad privada como motor de la producción con un gobierno compasivo que regula a quienes producen y redistribuye sus productos.

La teoría de la economía mixta es una flagrante contradicción. Aboga a la vez por los derechos y los no-derechos, o sea, es un enfoque no filosófico y sin principios en cuestiones políticas. ¿Cómo va una sociedad «mixta» a determinar su curso correcto en cualquier cuestión específica? ¿Cómo va a saber cuándo respetar los derechos y cuándo violarlos? En ausencia de principios, los hombres actúan sin conocimiento ni visión. Actúan a corto plazo y por emoción, la suya o la de su pandilla, pugnando por pisotear a otros antes de que los demás los pisoteen a ellos, adivinando caso por caso qué política «funcionará» en cada ocasión. Ese espectáculo es lo que la gente ahora denuncia como «guerra de grupos de presión» (atribuyéndola a demasiado «egoísmo»). La solución ofrecida por nuestra prensa y los políticos, el imperativo con que instan a cada grupo, sin importar la validez de lo que cada grupo esté exigiendo, es: «No seáis rígidos, haced concesiones».

Una economía mixta obviamente está basada en la filosofía del pragmatismo, y por lo tanto del subjetivismo. Si el subjetivismo o el intrinsicismo son aceptados por cuestión de principio, eso lleva en política a un estatismo puro. Pero si el subjetivismo o el intrinsicismo, como sucede regularmente por razones perfectamente lógicas, hacen que los hombres desprecien los principios, eso lleva en política al eclecticismo. El eclecticismo es el intento por combinar en un único sistema elementos esenciales que han sido tomados de enfoques contradictorios.

Dado que el pragmatismo prescinde de la idea de un mundo externo y con reglas objetivas de conceptualización, sus exponentes no ven ninguna razón para mantener el contexto o la moderación. Ellos se sienten libres de proclamar cualquier exigencia social o sueño utópico que brote de su subconsciente o de su subcultura. Ese es el tipo de gente que se especializa en fabricar derechos falsos. Todo el mundo, nos dicen, tiene derecho a un trabajo satisfactorio – o a una mejor atención médica, o a una educación superior, o a buenos programas de televisión, o a un suministro vitalicio de condones, o a conocer los secretos de las celebridades, o a un lugar de trabajo sin humo, o a una biblioteca sin obscenidades, o a un plan de estudios que no enseñe la teoría de la evolución, o a una alcoba sin sodomía, o a un hospital sin abortos, o a abortos gratis, o a una regeneración moral a través de la oración pública – y el gobierno, por lo tanto, debería promulgar una ley. ¿Por qué medios van a ser proporcionados todos esos valores o supuestos valores? ¿A qué costo? ¿Qué hombres, mujeres y niños serán despojados de sus derechos y convertidos en víctimas indefensas? Nuestros fines son nobles, contestan los soñadores, y fines nobles no deberían ser empañados por vulgares discusiones sobre medios.

La fase terminal de una economía mixta está implícita en la definición del sistema. Como la virtud de la integridad nos dice, una concesión entre el bien y el mal conduce al triunfo del mal. Esto se aplica a todos los ámbitos de acción humana, la política incluida. Si uno cree que los derechos individuales pueden ser pisoteados por el gobierno a veces, «cuando el bienestar público (o Dios) lo requiera», entonces uno ha admitido que los derechos no son inalienables, sino que están condicionados otros requisitos de valor mayor. Eso significa que el hombre existe, no por derecho, sino por permiso de la sociedad o de Dios. Si es así, el principio de los derechos individuales no ha sido «moderado»; ha sido descartado en teoría… en favor del principio del estatismo, el cual, por lo tanto, gana en la práctica.

Dentro de ciertos límites, el curso de una economía mixta es errático. El país puede fluctuar entre períodos más libres y períodos más controlados; puede inclinarse por el estatismo, luego por el anti-estatismo, después por el super-estatismo; puede alcanzar su resultado final despacio o rápidamente; pero la naturaleza del resultado no se altera. Si el elemento estatista no es rechazado por principio y derogado en su totalidad, ese elemento con el tiempo consume los últimos restos del elemento individualista. (El mecanismo económico que asegura ese resultado es el principio de que controles generan y necesitan más controles).

Como la historia de Occidente en el siglo pasado demuestra, la economía mixta no es una «tercera vía» entre capitalismo y socialismo. Es una mera etapa de transición, un anti-sistema en desintegración, dando tumbos como un borracho pero de forma inexorable entre libertad y dictadura.

Como norma, las demandas por mayores controles en una economía mixta son originados, no por la gente (que está ocupada en ganarse la vida), sino por dos grupos de intelectuales. En Estados Unidos llamamos a esos grupos «liberales» y «conservadores» (el término «liberal», por lo visto, ahora está siendo sustituido por «moderado»). Ambos grupos se oponen al capitalismo; ambos apoyan el estado benefactor de Bismarck, o sea, una etapa altamente controlada de la economía mixta; ambos rechazan los “extremos» de cualquier tipo, incluso el principio de los derechos individuales. Su desacuerdo es sobre una sola cuestión: ¿Qué clase de derechos son los que el gobierno debe violar a continuación?

Los liberales tienden a defender la libertad intelectual, al mismo tiempo que exigen controles económicos. Los conservadores (aunque defienden muchos de los controles económicos) tienden a defender la libertad económica, al mismo tiempo que exigen controles del gobierno en todos los ámbitos intelectuales y morales cruciales. Ambos grupos obviamente aceptan y reflejan la dicotomía cuerpo-mente. Los conservadores, cuyas raíces están en la religión, son místicos del espíritu. Los liberales, cuyas raíces están en Marx, son místicos del músculo.

Los conservadores [escribe Ayn Rand] ven al hombre como un cuerpo deambulando libremente por la tierra, construyendo montañitas de arena o fábricas… con un ordenador dentro de su cerebro, controlado desde Washington. Los liberales ven al hombre como un alma flotando despreocupadamente hasta los confines más lejanos del universo… pero con cadenas de la cabeza a los pies cuando cruza la calle para comprar una barra de pan. 28

¿Es una paradoja que los espiritualistas defiendan la libertad económica, mientras que los materialistas defienden la libertad intelectual? Ayn Rand afirma que tal desarrollo es lógico:

. . .cada bando quiere controlar el campo que considera metafísicamente importante; cada cual otorga libertad sólo a las actividades que desprecia …. Ningún bando ve la libertad como un valor. Los conservadores quieren regir la consciencia del hombre; los liberales, su cuerpo. 29

No hay nada más que decir aquí sobre los liberales; nadie puede confundir a Franklin D. Roosevelt o a Edward M. Kennedy con Objetivismo. Sobre los conservadores, sin embargo, quienes dicen ser defensores de la “libre empresa” o del «estilo de vida americano» mientras difunden todas las ideas y leyes opuestas, sí que hay algo más que decir.

Precisamente por lo que dicen ser, los conservadores son moralmente inferiores a los liberales; están más alejados de la realidad… y, por lo tanto, son más perjudiciales en la práctica. Al alegar que están luchando contra «el gran gobierno», son la principal fuente de confusión política en la mente del público; le dan a la gente la ilusión de una alternativa electoral, sin que de hecho sea así. De esa forma, la inercia estatista sigue avanzando sin control y sin oposición.

Históricamente, desde la Ley Sherman de Herbert Hoover hasta la Administración Bush, siempre han sido los conservadores y no la izquierda los principales destructores de los Estados Unidos.

«Conservador» aquí debe ser interpretado en términos filosóficos. Subsume a cualquier «derechista» que intenta vincular la política de los Padres Fundadores con la sinrazón, en cualquier forma que eso ocurra: sea un fundamentalista protestante, un católico invocando el dogma papal, un neoconservador invocando el dogma judaico, un republicano invocando «los derechos de los estados” (es decir, un hombre queriendo cincuenta tiranías en vez de una sola), un libertario invocando el anarquismo, o un sureño invocando el racismo.

Libertad es lo contrario a cada uno de esos credos – y Objetivismo también lo es.

Los Objetivistas no son «conservadores». No pretendemos preservar el sistema actual, sino cambiarlo en su raíz. En el sentido literal de la palabra, somos radicales: radicales por la libertad, radicales por los derechos del hombre, radicales por el capitalismo.

No tenemos otra opción en este asunto.

No tenemos otra opción porque, en filosofía, somos radicales por la razón.

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Referencias

Obras de Ayn Rand en versión original: Ayn Rand Institute
Obras de Ayn Rand traducidas al castellano: https://objetivismo.org/ebooks/

Al referirnos a los libros más frecuentemente citados estamos usando las mismas abreviaturas que en la edición original en inglés: 

AS     (Atlas Shrugged) – La Rebelión de Atlas
CUI    (Capitalism: The Unknown Ideal) – Capitalismo: El Ideal Desconocido
ITOE (Introduction to Objectivist Epistemology) – Introducción a la Epistemología Objetivista
RM    (The Romantic Manifesto) – El Manifiesto Romántico
VOS   (The Virtue of Selfishness) – La Virtud del Egoísmo

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Notas de pie de página

Las notas de pie de página no han sido traducidas al castellano a propósito, pues apuntan a las versiones de los libros originales en inglés (tanto de Ayn Rand como de otros autores), algunos de los cuales ni siquiera han sido traducidos, y creemos que algunos lectores pueden querer consultar la fuente original. Los números de las páginas son de la edición del libro de bolsillo correspondiente en la versión original.

Capítulo 10 [10-2]

  1.   See The New Left: The Anti-Industrial Revolution, especially «The Left: Old and New,» pp. 82-95, and «The Anti-Industrial Revolution,» pp. 127-51.
  2.   The New Left: The Anti-Industrial Revolution, «The Left: Old and New,» p. 91.
  3.   See The Virtue of Selfishness,«The Nature of Government,» pp. 112-13.
  4.   See Capitalism: The Unknown Ideal,«The New Fascism: Rule by Consensus,» pp. 206-7.
  5.   Philosophy: Who Needs It, «Censorship: Local and Express,» p. 187.
  6.   Ibid. The first sentence of this passage is italicized in the original text.


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