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Logros filosóficos de Ayn Rand (1 de 4)

Poco después de la muerte de Ayn Rand en marzo de 1982, Harry Binswanger emprendió la tarea de destacar el significado histórico de la filosofía de Rand, Objetivismo. Lo hizo señalando seis puntos de referencia en su pensamiento — “avances que representan los principales puntos de inflexión en filosofía”—, los cuales, en conjunto, ofrecen “una nueva perspectiva de la relación entre consciencia y existencia”.

Publicado originalmente en The Objectivist Forum, de junio a diciembre de 1982, el artículo de Binswanger fue escrito para una audiencia que tiene un conocimiento básico de Objetivismo. El artículo presenta una visión resumida y esencial de lo que hay de nuevo y de importante en la filosofía. (Para una presentación sistemática de la filosofía de Rand, ver el libro publicado en 1991 de Leonard Peikoff, Objetivismo: La filosofía de Ayn Rand). El ensayo de Binswanger es una celebración de los descubrimientos filosóficos de Rand, y ahora está disponible en Objetivismo.org para toda una nueva generación de lectores.


Los logros filosóficos de Ayn Rand son tan formidables, que para hacerles justicia en un artículo sería necesaria otra Ayn Rand.

Objetivismo tiene muchas distinciones: es original, es independiente de la tradición filosófica, y es integrado; pero esos aspectos se vuelven irrelevantes a la luz de lo más distintivo de la filosofía de Ayn Rand: es verdadera.

De “la existencia existe”… a una nueva definición de romanticismo en arte; de la teoría de los universales… a la naturaleza de la autoestima; del papel de la mente en la producción… a la estética  de la música; del estado metafísico de las cualidades sensoriales… a la necesidad de una ley objetiva: como una Midas filosófica, cualquier área que tocaba se convertía en conocimiento. Y todo ello proveniente de una novelista que se dio cuenta que para definir su concepto del hombre ideal necesitaba respuesta a ciertas preguntas filosóficas básicas, y que cada respuesta que descubría confirmaba, fortalecía y contribuía a sus respuestas anteriores, hasta formular un sistema filosófico invencible.

Ese sistema, Objetivismo, tiene muchas distinciones: es original, es independiente de la tradición filosófica, y es integrado; pero esos aspectos se vuelven irrelevantes a la luz de lo más distintivo de la filosofía de Ayn Rand: es verdadera.

Uno de los mayores y más raros logros filosóficos es añadir un nuevo concepto válido al idioma; Ayn Rand nos dejó todo un vocabulario. Formó nuevos conceptos, como “psico-epistemología”, “sentido de vida”, y “concepto robado”. Tomó términos tradicionales, les dio definiciones racionales, y los transformó en las vigas sólidas de su estructura intelectual, como por ejemplo: “razón”, “esencia”, “egoísmo”, “derechos”, “arte”, “valor”. Luego vinieron las abstracciones flotantes, los paquetes-gato-por-liebre, y los anti-conceptos (tres más de sus términos originales) que ella destruyó, por ejemplo “deber”, “extremismo”,  “el interés público”.

Destruyendo falsas alternativas, ella diseñó sus propias distinciones en términos de esenciales: “la primacía de la existencia contra la primacía de la consciencia”, “lo intrínseco y lo subjetivo contra lo objetivo”, “lo metafísico contra lo hecho por el hombre”, “egoísmo contra sacrificio”, “errores de conocimiento contra violaciones de moralidad”, “poder económico contra poder político”.

En una época que desprecia la coherencia y la integración, Ayn Rand creó un sistema unificado y jerárquicamente ordenado. Mira, por ejemplo, su definición de capitalismo: “El capitalismo es un sistema social basado en el reconocimiento de los derechos individuales, incluyendo los derechos de propiedad, en el que toda propiedad es privada”. (1) En apoyo de esa definición hay una teoría de derechos individuales: “Un ´derecho´ es un principio moral que define y sanciona la libertad de acción de un hombre en un contexto social”. (2) Apoyando eso, a su vez, hay una teoría de moralidad, de la naturaleza de los principios y de su papel en la vida humana; de la naturaleza del hombre, de la libertad, y de la sociedad. Y en apoyo a cada uno de esos elementos hay principios adicionales, por ejemplo: reforzando su concepto de libertad está la distinción entre la fuerza física iniciada y fuerza física usada como retaliación; la conexión entre acción voluntaria y libre albedrío; la relación entre libre albedrío y la ley de causalidad, la base de la causalidad en la ley de identidad; y la relación entre el axioma de la identidad y el axioma de la existencia. Tal es el poder, y la gloria, del pensamiento de Ayn Rand.

Las palabras son las herramientas del pensamiento. Hoy día, mientras los filósofos miran embobados a esas herramientas, mientras los mejores de entre ellos tratan de usar sierras como martillos, y los más mediocres tratan de “demostrar” que las sierras no existen, Ayn Rand creó el equivalente intelectual al microscopio electrónico y a la impresora láser 3D.

En la explosión de conocimiento filosófico que Ayn Rand produjo, yo destacaría seis hitos, seis avances que en mi opinión representan los principales puntos de inflexión en el mundo de la filosofía:

  1. La primacía de la existencia
  2. La teoría de conceptos
  3. La teoría del libre albedrío
  4. La vida del hombre como estándar de moralidad
  5. La base moral de los derechos individuales
  6. La psico-epistemología del arte.

A diferencia de la mayoría de los filósofos, Ayn Rand fue explícita en cuanto al punto de partida de su filosofía: el hecho de que la existencia existe.

Ayn Rand fue la primera en reconocer la relación de la consciencia y la existencia… que forman la base del principio que Ayn Rand llamó “la primacía de la existencia”,  que contrasta con el error fundamental de todos los sistemas filosóficos principales en los últimos trescientos años: “la primacía de la consciencia”.

“La existencia existe, y el acto de comprender esa afirmación implica dos axiomas corolarios: que algo existe que uno percibe, y que uno existe poseyendo consciencia, consciencia siendo la facultad de percibir lo que existe”. (3)

Ayn Rand no fue la primera entre los filósofos en identificar o confirmar el hecho de la existencia (ese honor le pertenece al filósofo presocrático Parménides). Pero ella fue la primera en reconocer la relación de la consciencia y la existencia, o sea, que la existencia es el axioma primario de todo conocimiento y que la consciencia no puede existir ni ser identificada excepto en relación con la existencia. Tan importante como su inmortal frase “la existencia existe” es la simple cláusula al final de la frase, “consciencia siendo la facultad de percibir lo que existe”. Juntas, ellas forman la base del principio que Ayn Rand llamó “la primacía de la existencia”, y que contrasta con el error fundamental de todos los sistemas filosóficos principales en los últimos trescientos años: “la primacía de la consciencia”.

La famosa frase de Descartes “pienso, luego existo” marcó el giro de 180 grados que desgajó a toda la filosofía posterior de la realidad y de los problemas reales de la vida del hombre. Descartes alegó, en efecto, que uno puede saber que uno mismo existe poseyendo consciencia, antes de, e independientemente de, saber que la existencia existe. Pero, para continuar con el pasaje del discurso de Galt: “Si nada existe no puede haber consciencia: una consciencia sin nada de lo que ser consciente es una contradicción”. Esa contradicción no puede ser eludida alegando que uno es consciente o que siempre podría ser consciente de los estados o del contenido de su propia consciencia. Porque, como siguiente frase de Ayn Rand demuestra, eso simplemente desplaza la misma contradicción un nivel más: su propia consciencia… ¿consciencia de qué? “Una consciencia consciente sólo de ella misma es una contradicción: antes de poder identificarse a sí misma como consciencia, tuvo que ser consciente de algo”.

La consciencia debe preceder a la auto-consciencia. En última instancia, entonces, o bien el hombre es consciente de la realidad, o no es consciente en absoluto. “Si lo que alegas percibir no existe, lo que posees no es consciencia”.

Ahí tienes. El genio de Ayn Rand. Unos nuevos cimientos para la filosofía que pulverizan tres siglos de errores. Unos fundamentos irrefutables contenidos en cuatro oraciones enunciadas por su héroe de ficción en el clímax de la novela más grandiosa de la literatura universal [La rebelión de Atlas].

*   *   *

La primacía de la existencia proporciona la base para los descubrimientos de Ayn Rand sobre el nivel específicamente humano de consciencia, el nivel conceptual, el nivel de la razón.

“No soy principalmente una defensora del capitalismo”, escribió, “sino del egoísmo; y no soy principalmente un defensor del egoísmo, sino de la razón. Si uno reconoce la supremacía de la razón y la aplica consistentemente, todo lo demás sigue”. (4) Resumir la visión que Ayn Rand tiene de la razón es resumir Objetivismo.

La razón implica tres factores: los sentidos, la lógica, y los conceptos. La base metafísica de la lógica (y las reglas de la deducción) fue identificada por Aristóteles. La validez de los sentidos fue establecida por Aristóteles, elaborada por Tomás de Aquino, y completamente aclarada por Ayn Rand. Pero a falta de una teoría objetiva de conceptos, la relación de la razón con la realidad seguía siendo problemática. Hasta que el “problema de los universales” pudiese ser resuelto, la razón estaba siendo vulnerable a los trucos y a los sofismas que siglos de filósofos que odiaban la mente usaban contra ella. Para defender la razón y comprenderla adecuadamente, ese era el problema que tenía que ser resuelto.

“No soy principalmente una defensora del capitalismo, sino del egoísmo; y no soy principalmente una defensora del egoísmo, sino de la razón. Si uno reconoce la supremacía de la razón y la aplica consistentemente, todo lo demás sigue”. Resumir la visión que Ayn Rand tiene de la razón es resumir Objetivismo.

El desafío fue quizás mejor formulado por Antístenes, un filósofo de la antigua Grecia. En objeción a alguien que estaba discutiendo la naturaleza del hombre, supuestamente Antístenes dijo: “He visto muchos hombres, pero nunca he visto a ´hombre´”. Ni Platón, ni Aristóteles, ni ningún filósofo en los veinticuatro siglos que transcurrieron desde Antístenes, fueron capaces de responderle. Los aristotélicos, por ejemplo, sostuvieron que el concepto de “hombre” se refiere a la “hombría” [o la “hombreza”] en los hombres. Pero entonces la objeción de Antístenes puede ser expresada de otra forma: “He visto muchos atributos de los hombres, pero nunca he visto la hombreza”. Otros filósofos, como por ejemplo Locke, sugirieron que “hombreza” se refiere a las características que nosotros percibimos en los hombres: su forma, su color, su altura, etc. Pero, nuevamente, esas características son siempre concretas, nunca universales.

“Para ejemplificar el tema tal como es normalmente presentado: Cuando nos referimos a tres personas como siendo «hombres», ¿qué es lo que designamos con ese término? Las tres personas son tres individuos que difieren en cada aspecto concreto, y que tal vez no tengan en común ni una sola característica idéntica (ni siquiera sus huellas dactilares). Si haces una lista de todas sus características concretas, no encontrarás ninguna de ellas que represente la «hombría». ¿Donde está la «hombría» en los hombres? ¿Qué es, en la realidad, lo que corresponde al concepto «hombre» en nuestra mente?”. (5)

La solución de Ayn Rand a ese problema no puede ser presentada brevemente (su presentación completa está en su libro Introducción a la epistemología Objetivista). Pero la idea clave detrás de su solución es que los conceptos están basados en similitudes y en diferencias observadas, y que “la semejanza, en este contexto, es la relación entre dos o más entidades existentes que poseen la misma característica (o las mismas características), pero en diferente medida o grado”. (6)

La base de los conceptos no reside en ningún “universal” intrínseco; la “hombreza” no es un elemento que exista en los hombres. Pero la base metafísica de los conceptos sí radica en un hecho de la realidad, en el hecho de que concretos similares difieren sólo cuantitativamente, sólo en sus medidas. “El proceso de formación de conceptos consiste en aislar mentalmente dos o más existentes por medio de sus características distintivas, y retener esas características a la vez que se omiten sus medidas concretas, siguiendo el principio de que esas medidas deben existir en alguna cantidad, pero pueden existir en cualquier cantidad”. (7)

Por lo tanto, la objeción de Antístenes está totalmente fuera de lugar. Esa objeción asume, como hicieron los defensores de la razón, que los conceptos son simplemente percepciones de alto nivel. Pero, de hecho, “La relación entre los conceptos y sus constituyentes específicos es la misma que la relación entre los símbolos algebraicos y los números. En la ecuación 2a = a + a, cualquier número puede sustituir al símbolo «a» sin afectar la validez de la ecuación. Por ejemplo: 2 x 5 = 5 + 5, ó 2 x 5.000.000 = 5.000.000 + 5.000.000. De la misma forma, y por el mismo método psico-epistemológico, un concepto es usado como un símbolo algebraico que representa a cualquier secuencia aritmética de las unidades que subsume… Que quienes tratan de invalidar los conceptos declarando que no pueden encontrar la esencia de hombre (la «hombría») en los hombres intenten invalidar el álgebra declarando que no pueden encontrar la esencia de a (la «a-ía») en 5 o en 5.000.000”. (8)

Lo anterior es la base de la defensa de la razón que hace Ayn Rand en epistemología; igualmente importante es su punto de vista sobre el papel de la razón en la existencia humana. El punto de partida aquí es otro de los principales descubrimientos de la Señora Rand, uno que se encuentra en el centro de la visión que ella tiene del hombre: la razón es volitiva.

“Lo que llamas ´libre albedrío´ es la libertad de tu mente de pensar o no, la única voluntad que tienes, tu única libertad, la elección que controla todas las otras elecciones que hagas y que determina tu vida y tu carácter”. (9) Hay dos puntos aquí: 1) la decisión del hombre de ejercer su facultad racional no es está necesitada por ninguna causa previa, y 2) la razón es el motor principal en la vida del hombre: los otros aspectos de su existencia —sus ideas, sus valores, sus acciones y sus emociones— dependen de hasta qué punto él esté siendo racional o irracional.

El último punto conlleva una de las identificaciones más importantes de Ayn Rand: “tus emociones son productos de las premisas que mantienes en tu mente”. (10) Creer que las emociones son primarias irreducibles que están en guerra contra el juicio racional de uno es una importante fuente de la dicotomía mente-cuerpo de los místicos (ver, por ejemplo, la República de Platón). (11) Al mostrar que las emociones de uno resultan de las premisas de uno, y que esas premisas son los productos automatizados del uso (o del mal uso) de la razón de uno, Ayn Rand destruyó uno de los pilares de la dicotomía mente-cuerpo. “Una emoción que choca con tu razón, una emoción que no puedes explicar o controlar, es sólo la carcasa de ese pensar mustio que prohibiste que tu mente examinase”. (12)

Construyendo encima de la obra de Aristóteles, el concepto de razón de Ayn Rand como lo fundamental en la naturaleza del hombre soporta la defensa que ella hace del hombre como un ser integrado de mente y cuerpo, cuya razón y cuya emoción pueden estar en perfecta sintonía. “No hay ningún enfrentamiento necesario, no hay ninguna dicotomía entre la razón del hombre y sus emociones, siempre que él observe la relación adecuada entre ellas. Un hombre racional sabe —o se empeña en descubrir— la fuente de sus emociones, las premisas básicas de las cuales ellas provienen; si sus premisas son incorrectas, él las corrige… Sus emociones no son sus enemigos, son sus medios para disfrutar de la vida. Pero ellas no son su guía; la guía es su mente”. (13)

Ayn Rand pasó a explicar la forma psicológica básica en la cual el hombre confronta la opción de pensar o no: la opción de enfocar su mente o no. “Pensar requiere un estado de total y enfocada consciencia. El acto de centrar la consciencia de uno es volitivo. El hombre puede enfocar su mente en una consciencia de la realidad total, activa y dirigida a un objetivo, o puede desenfocarla y dejarse llevar hacia un estado de aturdimiento semiconsciente, simplemente reaccionando a cualquier estímulo casual del momento inmediato, a merced de su mecanismo sensorial-perceptual sin dirigir y de cualquier conexión aleatoria que, por asociación, a ese mecanismo se le ocurra hacer”. (14)

El vínculo entre la visión de la razón que tiene Ayn Rand y su ética, su política y su estética es el hecho de que la razón es el medio de supervivencia del hombre. La clave para todo el resto de Objetivismo es una conexión: para poder sobrevivir, el hombre debe decidir pensar.

Considerad la importancia de este descubrimiento: le da al hombre un control consciente sobre aquello que controla su vida. Aunque todo adulto normal sabe cómo enfocar su mente, nadie, hasta que lo hizo Ayn Rand, había comprendido explícitamente que eso era lo que él estaba haciendo, que ese es su elección básica, y que su significado es de vida o muerte. Al igual que con el hecho de que la existencia existe, los hombres eran conscientes del enfoque mental implícitamente, pero: “Lo que es meramente implícito no está bajo el control consciente de los hombres; ellos pueden perderlo… sin saber qué es lo que están perdiendo, o cuándo, o por qué”. (15)

Ayn Rand vio al hombre como un ser heroico. Su teoría del libre albedrío hace posible esa visión del hombre. El concepto de “heroísmo” sería inaplicable a un ser cuya mente estuviese regida por fuerzas más allá de su control. Un robot no puede ser heroico. Sólo un ser que puede ejercer un control racional sobre su carácter y sus acciones es capaz de heroísmo. Sólo “un ser de alma hecha a sí misma” es capaz de autoestima.

El vínculo entre la visión de la razón que tiene Ayn Rand y su ética, su política y su estética es el hecho de que la razón es el medio de supervivencia del hombre. La clave para todo el resto de Objetivismo es una conexión: para poder sobrevivir, el hombre debe decidir pensar.

“El hombre no puede sobrevivir, como hacen los animales, guiándose por meras percepciones. Una sensación de hambre le indicará que necesita alimento (si ha aprendido a identificar esa sensación como «hambre»), pero no le dirá cómo obtener su alimento y no le dirá qué alimento es bueno para él, o si es venenoso. Él no puede satisfacer sus necesidades físicas más básicas sin un proceso de pensamiento. Necesita un proceso de pensamiento para descubrir cómo plantar y cultivar su alimento, o cómo fabricar armas para cazar. Sus perceptos podrían conducirlo a una cueva, si hay una por allí cerca, pero, para construir el refugio más simple, el hombre necesita un proceso de pensamiento. Ningún percepto y ningún «instinto» le dirán cómo encender un fuego, cómo tejer una tela, cómo forjar herramientas, cómo hacer una rueda, cómo fabricar un avión, cómo realizar una apendectomía, cómo producir una bombilla eléctrica o una válvula electrónica o un ciclotrón o una caja de fósforos. Y, sin embargo, su vida depende de tales conocimientos, y sólo un acto volitivo de su consciencia, un proceso de pensamiento, puede proporcionarlo”. (16)

Eso lleva directamente a la base de la moralidad. La moralidad (o la ética) “es un código de valores para guiar las elecciones y las acciones del hombre, las elecciones y las acciones que determinan el objetivo y el curso de su vida”. (17)

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por Harry Binswanger

Traducido y editado por Objetivismo.org, con permiso del autor.

Este artículo apareció originalmente en The Objectivist Forum (una revista bimensual de ideas editada y publicada por Harry Binswanger) entre junio y diciembre de 1982. Copyright © 1982 por TOF Publications, Inc .; republicado con permiso.

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NOTAS

  1. Capitalism: The Unknown Ideal (Signet: 1967), p. 19.
  2. Ibid, p. 321.
  3. Atlas Shrugged (Signet: 1957), p. 942.
  4. “Brief Summary,” The Objectivist, Sept., 1971, p. 1.
  5. Introduction to Objectivist Epistemology (Mentor: 1979), p. 2.
  6. Ibid., pp. 15–16.
  7. Ibid., pp. 111–12.
  8. Ibid., pp. 22–23.
  9. Atlas Shrugged, pp. 943–44.
  10. Ibid., pp. 946–47.
  11. Republic, Bk. IV, 434–41.
  12. Atlas Shrugged, p. 962.
  13. Playboy’s Interview with Ayn Rand,” p. 6.
  14. The Virtue of Selfishness (Signet: 1966), p. 21.
  15. For the New Intellectual (Random House: 1961), p. 62.
  16. The Virtue of Selfishness, p. 21.
  17. Ibid., p. 13.

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