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Ensalzando el oro

Ensalzando el oro: No una «reliquia primitiva» sino un valor espiritual.

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Keynes lo ridiculizó. Predicadores lo maldicieron. Bitcoin sueña con trascenderlo. Pero los hombres libres inevitablemente lo escogen. El oro.

Siempre que los hombres han podido elegir libremente y sin coacción un instrumento de cambio, el oro ha ganado la batalla, junto con su elemento fraterno, la plata.

¿Por qué? Sólo en épocas recientes ha tenido el oro algún valor utilitario. Los antiguos egipcios no podían usarlo en electrónica, pero aún así lo apreciaban, igual que los lejanos aztecas y chinos. Gente en todo lugar y época ha valorado el oro.

¿Por qué? ¿De qué sirve el oro? No puedes comértelo…

Es cierto, y tampoco puedes comerte a un Rembrandt. Una Balada de Chopin no es algo que puedas comer, beber, o en lo que puedas montarte.

Tal vez les sorprenda a quienes condenan «la lujuria del oro» escuchar esto, pero el oro – como la música y la pintura – es un valor espiritual. La queja de que «no te lo puedes comer» traiciona una visión burdamente materialista de valor. El oro es un valor porque es radiantemente bello. Es el placer estético del oro lo que hace que los hombres lo aprecien.

El apreciar el valor estético se entiende de forma más profunda si entendemos qué hace que algo sea bello, qué es la belleza.

Belleza es inteligibilidad, pero a nivel sensorial. Lo que parece bello o suena bello es lo que tiene una estructura inteligible formada por elementos puros y simples.

El placer de reconocer estructuras es sensorial, pero su fuente es el hecho que la razón es la herramienta básica de supervivencia del hombre. Las vidas de los hombres dependen de que éstos adquieran un entendimiento conceptual de las cosas concretas con las que tienen que lidiar. El proceso esencial aquí es integración: es extraer el principio claro que hay detrás de los diferentes concretos, el tema que hay detrás de las variaciones. Pero unificar una desconcertante variedad en un único todo claramente entendido, a menudo requiere un duro esfuerzo que queda sujeto a las dudas. Así que se tiene una satisfacción especial al sentir una versión fácil, purificada y libre de dudas de ese proceso. Y ese equivalente sensorial a una integración conceptual es lo que obtenemos al ver una estructura bien construída y consistente.

Voy a generalizar aquí a partir de lo que Ayn Rand escribió acerca de por qué la música nos afecta:

«La música le ofrece al hombre la singular oportunidad de recrear, a nivel adulto, el proceso primario de su método de conocimiento: la integración automática de datos sensoriales en una entidad inteligible y significativa. Para una consciencia conceptual, es una forma sin par de descanso y recompensa.»

La belleza ha sido llamada «la unidad en la variedad». Lo bello es lo que cuenta con elementos claros convertidos en un todo claro y consistente.

Los elementos claros pueden ser tonos musicales puros, o pueden ser piezas de oro brillantes. La estructura resulta al fundir tonos musicales en una melodía, o piezas de oro en joyas, o en pan de oro para hacer que una cierta estructura resplandezca. Las pepitas y las barras de oro son sólo el medio; el fin es un objeto estético inteligible y brillante.

El otro aspecto del oro es su inigualable pureza, una pureza tanto en su color como en su incorruptibilidad. En un mundo que consiste en decadencia al lado de crecimiento, en degeneración al lado de mejoras demasiado poco frecuentes, el brillo imperecedero y radiante del oro ofrece una sensación de confiabilidad firme, una consistencia sin mancha.

Por lo tanto, el oro no es «una reliquia primitiva» (Keynes) ni un «vil metal» (los predicadores), sino un valor objetivo y estético cuyo significado tiene sus raíces en la naturaleza de cómo funciona nuestra mente y en la necesidad de una integridad moral incorruptible. El oro es el símbolo de permanecer puro y verdadero. Por eso los anillos de boda están hechos de oro.

Las joyas de oro son un valor tan plenamente objetivo como los bienes utilitarios, tales como el pan o los automóviles. Esos productos ofrecen un valor al ser consumidos (al ir agotándose). Te comes el pan y ya no queda más. Conduces tu coche y se va desgastando. El oro es prácticamente único al ser un consumible inconsumible. Así como el «motor inmovible» de Aristóteles, el oro proporciona valor sin él mismo verse afectado.

Ese comentario de desprecio que oímos a veces: «No puedes comerte el oro» expresa un cínico materialismo. Tanto la belleza artística como la belleza sensorial tienen su origen en la naturaleza del hombre como ser conceptual, un ser que debe usar conceptos y razonar para sobrevivir y prosperar. Los animales no pueden responder emocionalmente a obras de arte, a la belleza de brillante puesta de sol – ni a la pureza radiante y estructurada de las joyas de oro.

La objeción «No puedes comerte el oro» revela una dicotomía mente-cuerpo. De hecho, un valor material requiere un valor espiritual, y viceversa. Para el hombre, «valor» siempre implica un componente espiritual. Incluso para valorar el alimento, un hombre tiene que querer vivir – lo cual implica su compromiso interno a luchar por su propia felicidad.

El oro es la máxima expresión de la integración cuerpo-mente. Es el símbolo de un valor pura y «burdamente» material porque es bello, o sea, porque es un valor espiritual.

«No puedes comerte el oro» invierte el significado del oro: el oro es extra valioso porque no puedes gastarlo. El oro como un consumible inconsumible no necesita ser repuesto. Las joyas del antiguo Egipto conservan su valor, trayéndoles renovado placer diario a los visitantes del museo. Porque el oro es, como un Rembrandt, un objeto de contemplación, algo que se usa sin ser usado.

Todo esto explica por qué el oro tiene valor monetario. Al tener un valor imperecedero y objetivo, el oro puede servir como depósito de valor. Y partiendo de esa base (de la que carece bitcoin), las otras propiedades inherentes al oro hacen que sea especialmente adecuado para servir como un medio cambio. A diferencia de la sal, el oro tiene un alto valor unitario. A diferencia del hierro, el oro no se oxida. A diferencia de los diamantes, el oro puede ser fácilmente dividido en trozos muy pequeños sin perder su valor. A diferencia de un chip de ordenador, el oro es homogéneo. Y por ser dúctil y maleable, su forma puede ser fácilmente cambiada.

La sal y los cigarrillos han sido usados como dinero, pero su valor depende de que en última instancia sean consumidos. El oro puede ser usado como dinero sin nunca llegar a extinguirse, sin jamás tener que ser re-producido.

No tienes que comerte el oro para obtener un valor objetivo de él. Belleza, aún sin ser material, es un valor racional y objetivo.

El oro tiene un valor estético y – como las decisiones de los hombres libres demuestran – un valor monetario. Ese es el poder – y la gloria – del oro.

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Por Harry Binswanger, publicado en Forbes.com el 30 de noviembre de 2013.

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