La Biblia no habla de derechos civiles

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En un reciente episodio de su programa The 700 Club, el televangelista norteamericano Pat Robertson rechazó los derechos civiles, admitiendo que eran la base de las recientes sentencias del Tribunal Supremo sobre el matrimonio homosexual:

«… Por alguna razón, el Tribunal Supremo dice ahora que la homosexualidad es un derecho constitucional; el matrimonio homosexual, una decisión dictada recientemente por la mayoría, glorifica esa actividad y habla de derechos civiles y todo eso. Pues bien, la Biblia no habla de derechos civiles; dice que eso es una ofensa contra Dios y contra la naturaleza».

Robertson tiene razón. La Biblia no habla de derechos civiles, ni de ningún tipo de derechos.

En vez de eso, lo que la Biblia quiere es que los creyentes obedezcan miles de mandamientos de un supuesto Dios, incluyendo el de matar homosexuales (Levítico 20:13) y permitir la esclavitud (Levítico 25:45). Las veces que la Biblia ofrece consejos razonables, como el de no cometer un asesinato (Éxodo 20:13), no se preocupa de justificar lógicamente sus mandatos. La base de la religión es que la gente debe aceptar la validez de los mandamientos de un supuesto Dios por fe, lo cual significa: sin ninguna validación lógica.

Ni el cristianismo ni ninguna otra religión pueden defender el principio de los derechos individuales. El principio de los derechos no está basado en la fe, sino en los requerimientos reales, objetivos y lógicos de la vida humana. El principio de los derechos es el reconocimiento del hecho que, para poder vivir como seres humanos, debemos ser libres de poder actuar basándonos en nuestro propio juicio, y de poder mantener y usar el producto de nuestro esfuerzo, que son los requisitos fundamentales de la vida humana. Y «libre» en este contexto significa «libre de coerción por la fuerza física», lo cual incluye una fuerza gubernamental que les prohíba a los homosexuales disfrutar de sexo adulto consensual o realizar contratos matrimoniales, o de cualquier otra forma vivir como seres humanos. (Para una explicación detallada del origen y la naturaleza de los derechos, ver «Teoría de Ayn Rand de Derechos: La base moral de una sociedad libre»).

Por lo menos en este caso Robertson es increíblemente directo y como hemos dicho en parte tiene razón: «La Biblia no habla de derechos civiles». Desde luego que no. Lo único que falta es que él deje de hablar de la Biblia como si ella fuese el fundamento apropiado para cualquier gobierno.

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Publicado por Natalie Ogle en julio 2013 en The Objective Standard.

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Publicado por: julio 22, 2013 12:05 am

7 Comentarios

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7 respuesta a “La Biblia no habla de derechos civiles”

  • hugopencil says:

    ¿què importa lo que diga la biblia, o demás libros «sagrados»? ¿què importa lo que le moleste a dios: sea Jehovà, Apolo, Poseidon, Odin, Krishna etc.?, si lo que se intenta defender son los derechos del individuo, ¿tendrìan acaso por su orientación sexual, los homosexuales estar exentos de derechos, y deberían ser marginados?, yo creo que no, ademas todo lo que leo de los comentarios anteriores, no están analizando el problema de raíz, que equivale a las preguntas ¿en què me afecta que se casen y porquè me molesta tanto?, les molesta y les afecta el hecho de que son parejas del mismo sexo, pero se están violando los derechos de estos individuos, eso me parece mas importante, defenderlos y no atentar contra ellos, solo porque «a mi me parece, yo opino, yo pienso, yo tengo la revelación, dios me dijo»

  • Maikel says:

    La pregunta que me hago es, si la biblia (según el autor del artículo) no es «el fundamento apropiado para cualquier gobierno» para que enredarse con lo del Matrimonio entre homosexuales? si eso es puramente tradicional, y/o religioso, algo impuesto por la sociedad?? esa misma sociedad homofóbica que está en contra del matrimonio homosexual?? no es querer imitar a los heterosexuales?? porque qué es el matrimonio? acaso no es una ley establecida por Dios según la biblia? «Dejará el hombre a su Padre y a su Madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne» entonces para qué pelear por algo que impuso la sociedad ancestral basado en la fe de un supuesto Dios? si los homosexuales se aman no deberían necesitar la aprobación de esas leyes macabras (según el autor del artículo) que imponen los gobiernos ni de ningún hombre o mujer en la tierra. Pues entiendo que para ser felices ellos (los homosexuales) solo necesitan el amor de su pareja… Todavía no entiendo la pelea. Y aunque no crean lo que dice la biblia, deberían creer por lo que la anatomía de sus cuerpos les grita, porque aunque busquen filosofías tras filosofías hay algo que hasta un niño de ocho años sabe «hombre y mujer es la única forma de procrearse» la naturaleza nos habla, y no estoy hablando de la Biblia (aunque creo firmemente en ella).

  • AlphaColumbia says:

    Bueno, la relación privada entre dos personas solo les incumbe a ellas. Son libres de llamarlo como quieran, e incluso afiliarse a organizaciones que organizan dichas uniones bajo sus directrices, como lo es el «matrimonio» de la iglesia cristiana. Por lo demas, ese tipo de uniones no son mas que un «contrato espiritual», en la que dos (o mas) personas se prometen actuar de cierta forma, en interés de ambos.
    Todo ese tipo de uniones deberían de estar completamente desreguladas, y tendrían que figurar tan solo como un simple contrato en el que ambas partes podrían disponer de todas las clausulas.

  • DíaNegro. says:

    Creo que cometí un error con esa última linea. Está totalmente descontextualizada y no viene al caso del tema del post. Omitan ese fragmento en el comentario, por favor. En tal caso disculpen.

    Quería aclarar, además que algo cultural no implica que el 100% de la población la acepte, se adhiera a sus prácticas o profese algo.

  • DíaNegro. says:

    Yo ví la paradoja que en tanto el matrimonio sea una ceremonia realizada en una iglesia, por ejemplo; diría además que el matrimonio tiene un componente religioso, de hecho, por algo son los religiosos quienes se oponen al matrimonio entre parejas del mismo sexo. Lo de «tradicional» y/o «cultural» lo uso en un sentido más de algo «que lleva sus años en la sociedad» y si estoy en lo cierto (porque no estoy seguro) y si el matrimonio está vinculado a la religión, podría decir que la religión por antigüedad y supervivencia y por cantidad de fieles que han mantenido por el tiempo, y que muchas veces inculcan la creencia de forma generacional (no pretendo ser determinista. Obviamente hay excepciones), pues por un tiempo la religión sería algo como la «norma común» entre poblaciones específicas. Y desde aquí digo «tradicional» o «cultural».

    Si el matrimonio no es algo vinculado de la iglesia y la religión, entonces sí cometí un error y no habría paradoja.

    Pero sería extraño ver a un ateo en un altar.

  • John says:

    A mí no me parece curioso. Creo que la paradoja que encuentras es en identificar el matrimonio como algo esencialmente cultural o tradicional. En su misma concepción, es una unión formalizada entre dos personas que se profesan amor (o se supone que lo hacen). Eso no tiene nada cultural ni tradicional en su definición, y por eso no veo sorprendente que el colectivo LGBT quiera reconocimiento de tal unión entre sus miembros. Diferente sería si el matrimonio *fuera* de hecho inseparable de la cultura o el conservadurismo. Pero la gente heterosexual no se casa en general por cultura o tradición. Luchar contra el tradicionalismo no significa dejar de comer paella los domingos, sino rechazar el principio de que algo ha de ser de una determinada manera porque esa sea la tradición.

  • DíaNegro. says:

    Me parece algo curioso que los LGBT pidan el derecho al matrimonio porque, se supone, que según el «conservadurismo» y/o el «tradicionalismo religioso» o simplemente debido a la educación de la persona, lo que es natural es que sea un hombre y una mujer. Es decir, para quienes se oponen al matrimonio entre homosexuales, es algo ya de «cultura» o «normal» que sea el matrimonio entre hombre y mujeres.

    siendo así, entonces la comunidad LGBT hoy se mueve como algo «contra-cultural», contra algo que lleva tiempo en la mente de muchas personas o generaciones, van en contra -para algunos- de «la corriente», en contra del «radicalismo religioso». Y que un «movimiento contra-cultural» abogue por algo «cultural», «tradicional» o que es aceptado dentro de ese «radicalismo religioso» como lo es el matrimonio, es simplemente curioso.

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