El Papa contra el Hombre – Colectivismo en Misticismo

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Las ideas religiosas – misticismo, altruismo, colectivismo – han sido siempre, de forma más o menos encubierta, las ideas dominantes a través de los siglos. Esas ideas han influenciado la cultura y han sido la causa de los desastres de la humanidad.

La decisión de publicar Caritas in Veritate demuestra un alto grado de sagacidad por parte de Benedicto XVI. Ayn Rand, en su ensayo «Requiem para el Hombre» (escrito en 1967 y publicado en Capitalismo: el ideal desconocido), en el que analiza (y destruye paso a paso) las ideas de la encíclica Populorum Progressio, hace la siguiente observación:

«El Vaticano no es la sala de redacción de un tabloide marxista de tercera categoría. Es una institución orientada a una perspectiva de siglos, a la escolaridad y la deliberación filosófica atemporal. La ignorancia, por consiguiente, no puede ser la explicación…»

El Papa y el Vaticano saben muy bien lo que está en juego, tienen claro su objetivo, y parte de su plan es el hecho de publicar este tipo de encíclica en este momento histórico. No nos estamos refiriendo al hecho de haberla lanzado durante la cumbre de los países del G-8 en Italia, estamos hablando de un aspecto mucho más profundo, más serio – y más asustador.

El socialismo tradicional – el instituir de forma secular el control del estado sobre la propiedad (sea formalmente como en el comunismo o indirectamente como en el fascismo, el nazismo y en las economías mixtas de hoy) – no tiene absolutamente ninguna posibilidad de convertirse en una fuerza dominante y duradera en el mundo occidental. En este momento histórico no existe ningún argumento que pueda justificar un régimen totalitario; ni economía, ni biología, ni ninguna otra ciencia puede negar los fracasos de estos sistemas ni justificar los desastres, las calamidades y las muertes que causaron en el siglo XX.

Los religionistas de hoy entienden lo que sus antecesores en la Edad Media sabían muy bien: sólo es posible construir una sociedad totalitaria (que consiga durar más de unas décadas) si está respaldada por una validación moral, lo que significa para ellos: si tiene un componente místico. Los medievales lo consiguieron durante varios siglos, y los líderes de los místicos modernos quieren hacerlo de nuevo. Usando sus millones de seguidores, pretenden construir un sistema internacional totalitario de la única forma posible: proporcionándole una base moral.

Todo sistema social se basa en un sistema ético, y éste a su vez en una determinada epistemología. Así, el capitalismo (el sistema político de libertad individual) está basado en la ética del egoísmo (los derechos del individuo), que a su vez se apoya en la razón como única forma de conocimiento (epistemología). Lo mismo ocurre con sus opuestos: el colectivismo (el individuo subyugado por el Estado) recibe su apoyo moral del altruismo (la noción que el individuo ha de sacrificarse al bien común) que a su vez se apoya en el misticismo (la fe y la revelación como fuentes válidas de conocimiento). La encíclica aboga colectivismo (Caritas) justificado por altruismo, a su vez justificado por misticismo (Veritate). El título lo resume perfectamente: Caritas in Veritate, o sea: Colectivismo en Misticismo.

La marcada tendencia socialista de los gobiernos actuales es sólo la base en la que los religionistas se apoyan para conseguir su objetivo. Los gobiernos socialistas creen ingenuamente que la economía es el factor crucial, pero los religionistas saben muy bien que no es así: ellos saben que los elementos claves son la filosofía y la cultura. Los religionistas pretenden aprovecharse de la situación económica mundial – ¿por qué no decirlo? de la crisis actual – para reforzar e imponer su control sobre el mundo. Los socialistas quieren encadenar el cuerpo del hombre, los religionistas pretenden controlar también su mente.

En los siglos XVIII o XIX el intentar implantar un estado totalitario habría sido totalmente inaceptable, intolerable, y no habría tenido ninguna viabilidad política; la cultura era tal que se habría cuestionado a cualquier gobierno que se entrometiera en asuntos fuera de su incumbencia. Pero hoy en día la situación es diferente; la mentalidad paternalista generalizada en el mundo (la noción que el Estado debe cuidar de todo y de todos) es una oportunidad para los religionistas. Cuanto mayor el estatismo, cuanta más gente acepte y esté acostumbrada al control del estado sobre todos los aspectos de su vida, más fácil es para los religionistas asumir control simplemente sustituyendo el aspecto secular.

Las ideas religiosas – misticismo, altruismo, colectivismo – han sido siempre, de forma más o menos encubierta, las ideas dominantes a través de los siglos. Esas ideas – diametralmente opuestas a los principios de razón, egoísmo y capitalismo, los principios necesarios para la vida del hombre – han influenciado la cultura y han sido la causa de los desastres de la humanidad. Hoy ese disfraz ha desaparecido: la encíclica Caritas in Veritate revela claramente y sin tapujos sus objetivos: la vuelta a la Edad Media, la aniquilación de la mente, la destrucción del individuo.

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¿Qué tiene Objetivismo que decir sobre la caridad?

Esta es la respuesta de Ayn Rand durante una entrevista en la revista Playboy en 1964: «Mi punto de vista sobre la caridad es muy sencillo. No la considero una virtud principal y, sobre todo, no la considero un deber moral. No hay nada de malo en ayudar a otras personas, siempre y cuando se merezcan la ayuda y uno pueda permitirse el ayudarles. Veo la caridad como un asunto marginal. Estoy luchando contra la idea de que la caridad es un deber moral y una virtud cardinal».

¿Qué tiene Objetivismo que decir sobre la verdad?

El concepto de «verdad» identifica un tipo de relación entre una proposición y los hechos de la realidad. Existen hechos en la realidad independientes del hombre; existen afirmaciones conceptuales que el hombre hace sobre esos hechos. Cuando las afirmaciones se corresponden con los hechos estamos reconociendo la realidad, y podemos decir que algo es verdad; cuando hay una contradicción entre afirmación y hecho, cuando no se corresponden, decimos que esa afirmación no es verdad. (Para concretarlo con un simple ejemplo: en un momento determinado, la afirmación «hace sol» es verdad si se corresponde con el hecho observable de la realidad.)

En la identificación de si una afirmación es verdadera o falsa entran sólo los hechos; la opinión de otras personas, sea un individuo o millones de ellos, es irrelevante. La noción de una verdad «absoluta» (o «revelada» o «Verdad, con mayúscula») no tiene ningún sentido lógico y no es un concepto válido.

Publicado por: diciembre 3, 2010 6:32 am

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