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El nivel perceptual como lo dado — OPAR [2-4]

Capítulo 2 – Percepción sensorial y voluntad
El nivel perceptual como lo dado [2-4]

Objectivism: The Philosophy of Ayn Rand
(«OPAR») por Leonard Peikoff
Traducido por Domingo García
Presidente de Objetivismo Internacional

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Hasta ahora hemos estado considerando la consciencia sensorial como un fenómeno desde el punto de vista de un adulto. Cronológicamente, sin embargo, hay dos fases en su desarrollo que esa consciencia tiene en el hombre: sensación y percepción. Esa es una diferencia con importantes implicaciones filosóficas.

La primera fase de la consciencia es la fase de sensación. Una «sensación» es un estado irreducible de consciencia producido por la acción de un estímulo sobre un órgano sensorial. «Irreducible» aquí significa: incapaz de ser analizado dividiéndolo en unidades conscientes más simples. Por su naturaleza, una sensación dura sólo lo que dura el estímulo. Cuando ondas de luz inciden sobre la retina, por ejemplo, producen una sensación de color; cuando la luz es retirada, la sensación desaparece.

Los organismos conscientes más primitivos de todos parecen poseer solamente la capacidad de sensación. La vida consciente de tales organismos consiste en experimentar datos aislados y efímeros; efímeros, porque tales organismos están bombardeados por una infinidad de estímulos. Esas criaturas enfrentan una sucesión caleidoscópica de nuevos mundos, cada uno de ellos suplantado por el siguiente mientras los estímulos involucrados desaparecen o cambian. Puesto que tales consciencias no retienen sus contenidos mentales, apenas pueden establecer relaciones entre ellos. Para tales mentalidades, el universo es, como apropiadamente describe William James, “una confusión boyante y movediza».

Los bebés humanos inician sus vidas en ese estado, y permanecen en él tal vez durante unos meses; pero nadie que esté leyendo estas palabras sufre tal estado ahora. Cuando tú, lector, miras, digamos, a una mesa – no piensas en ella, sino que simplemente vuelves tus ojos hacia una y la miras – tú estás experimentando una forma de consciencia diferente de la que experimenta el bebé. Tú no tienes delante una mancha colorida aislada y efímera, o un conjunto de sensaciones fugaces, sino una cosa duradera, un objeto, una entidad. Eso es cierto aunque el estímulo que esté llegando a tus ojos sea el mismo que le llegue al bebé.

La razón por la que tú ves una entidad es que has experimentado muchas clases de sensaciones de objetos similares en el pasado, y tu cerebro las ha retenido y las ha integrado: las ha juntado para formar un todo indivisible. Como resultado, un complejo contenido mental anterior tuyo está implícito y operando en tu consciencia visual actual. En el acto de mirar una mesa ahora, tú eres consciente de que es sólida: del hecho que, a diferencia del agua turbia, obstruirá tu camino si intentas atravesarla; de su textura: a diferencia del papel de lija, tendrás una sensación de suavidad en las yemas de los dedos al tocarla; de muchos aspectos visuales fuera del alcance de tu vista, como por ejemplo la cara inferior de la mesa y la parte de atrás de las patas; del peso que sentirás al levantarla; del ruido sordo que oirás si la golpeas. Toda esta información sensorial (y mucho más) está ligada y vinculada a tu sensación visual actual. El resultado es tu capacidad de, al mirarla, poder ver no sólo una mancha marrón, sino una mesa.

Tal capacidad ejemplifica la segunda fase de la consciencia: el nivel perceptual. Una «percepción», según la definición de Ayn Rand, es «un grupo de sensaciones automáticamente retenidas e integradas por el cerebro de un organismo vivo, lo que le da la capacidad de ser consciente, no sólo de estímulos individuales, sino de entidades, de cosas». 7

El importante punto filosófico de esta cuestión puede ser enunciado simplemente así: «la experiencia directa», según Objetivismo, significa el nivel perceptual de consciencia». 8 Como adultos, como pensadores, e incluso como niños que ya han pasado la etapa de bebés, lo que nos es dado cuando utilizamos nuestros sentidos, sin contar ningún conocimiento conceptual, es consciencia de entidades; nada más, pero nada menos.

No experimentamos ni podemos experimentar el mundo de la forma como lo hacen los bebés. Ciertamente, hemos podido descubrir que existe ese tipo de experiencia infantil sólo porque hemos hecho una larga serie de descubrimientos científicos. Partiendo del hecho perceptivo, hemos formado un vocabulario conceptual. Luego, paso a paso, hemos adquirido un importante conocimiento físico y psicológico, el conocimiento de estímulos externos; de nuestros propios órganos sensoriales, nuestro cerebro y nuestra consciencia; y de las leyes que gobiernan el comportamiento de todas esas entidades. Finalmente, hemos sido capaces de proyectar imaginativamente nuestro estado inicial para llegar a la conclusión de que el mundo en algún momento debe habernos aparecido como un caos. Ese caos, sin embargo, no nos es dado como adultos o como filósofos. Es una inferencia sofisticada de lo que nos es dado: el nivel perceptual.

El orden correcto de la filosofía, por lo tanto, no es el orden cronológico de nuestro desarrollo real.

Cronológicamente, la fase de sensación viene primero, después la perceptual, y finalmente la conceptual. Epistemológicamente, sin embargo, la etapa perceptual viene primero. Si uno trata de demostrar cualquier elemento del conocimiento humano, sobre cualquier tema, tendrá que empezar con los hechos de la percepción. Esos hechos constituyen la base de la cognición. Son lo auto-evidente y lo incontestable, en referencia a lo cual validaremos cualquier conocimiento posterior, incluyendo el conocimiento de que, en décadas anteriores, cuando por primera vez salimos del vientre materno, experimentamos una breve fase de sensación.

Hay filósofos (David Hume siendo el más famoso) que niegan el nivel perceptual. Tales hombres le dan a la fase de sensaciones primacía epistemológica, y luego intentan determinar si el hecho de que haya entidades (y causalidad) puede ser establecido por inferencia a partir de ella. Eso es un callejón sin salida; a partir de sensaciones desintegradas no hay nada que pueda ser inferido. Una consciencia que experimentase sólo sensaciones sería como la mente de un bebé; no podría ni percibir objetos ni formar conceptos (que es una de las razones por las que Hume acabó siendo un escéptico paralizado). El callejón sin salida de Hume, sin embargo, es auto-impuesto. Las entidades no requieren validación deductiva. Lo dado es el nivel perceptual.

Esta última afirmación no significa necesariamente que las entidades que percibimos sean primarios metafísicos; como hemos visto, esa es una pregunta para la ciencia. Significa que el captar entidades es un primario epistemológico, lo que a su vez es un presupuesto para cualquier otro conocimiento, incluyendo el conocimiento de cualquier ingrediente fundamental de la materia que los científicos puedan descubrir algún día.

La integración de sensaciones en percepciones, como he señalado, la realiza el cerebro de forma automática. La filosofía, por lo tanto, no tiene nada que contribuir en este sentido. No puede haber nada que contribuir donde el hombre no tiene poder para elegir su curso de conducta.

Con respecto a un tipo más complejo de integración, el cual no realizamos de forma automática, la filosofía sí tiene algo que decir, y mucho. Me refiero a la integración de los perceptos en conceptos. Esto nos lleva al umbral del nivel conceptual de la consciencia, y al segundo tema en la antesala de la epistemología: la voluntad.

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Referencias

Obras de Ayn Rand en versión original: Ayn Rand Institute
Obras de Ayn Rand traducidas al castellano: https://objetivismo.org/ebooks/

Al referirnos a los libros más frecuentemente citados estamos usando las mismas abreviaturas que en la edición original en inglés: 

AS     (Atlas Shrugged) – La Rebelión de Atlas
CUI    (Capitalism: The Unknown Ideal) – Capitalismo: El Ideal Desconocido
ITOE (Introduction to Objectivist Epistemology) – Introducción a la Epistemología Objetivista
RM    (The Romantic Manifesto) – El Manifiesto Romántico
VOS   (The Virtue of Selfishness) – La Virtud del Egoísmo

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Notas de pie de página

Las notas de pie de página no han sido traducidas al castellano a propósito, pues apuntan a las versiones de los libros originales en inglés (tanto de Ayn Rand como de otros autores), algunos de los cuales ni siquiera han sido traducidos, y creemos que algunos lectores pueden querer consultar la fuente original. Los números de las páginas son de la edición del libro de bolsillo correspondiente en la versión original.

Capítulo 2 [2-4]

  1. The Virtue of Selfishness, p. 19.

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