Emociones como producto de las ideas — OPAR [5-1]

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Capítulo 5- La razón

Las emociones como producto de las ideas [5-1]

Objectivism: The Philosophy of Ayn Rand
(“OPAR”) por Leonard Peikoff
Traducido por Domingo García
Presidente de Objetivismo Internacional

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Empecemos definiendo la naturaleza de las emociones y la relación de éstas con las ideas. ¿Cuál es la conexión entre sentir y pensar? 2

Una emoción (o un sentimiento) es una respuesta a un objeto que uno percibe (o imagina), como por ejemplo un hombre, un animal o un evento. El objeto por sí mismo, sin embargo, no tiene poder para invocar una emoción en el observador. Puede hacerlo solamente si proporciona dos elementos intelectuales, los cuales son condiciones necesarias para cualquier emoción.

En primer lugar, la persona debe saber de alguna manera qué es el objeto. Debe tener alguna comprensión o identificación de ese objeto (sea verdadera o falsa, específica o generalizada, explícita o implícita). De lo contrario, para él, el objeto no es nada; es un mero vacío cognitivo, al cual nadie puede responder.

En segundo lugar, la persona debe evaluar el objeto. Debe concluir que es bueno o malo, deseable o indeseable, a favor de sus valores o en contra de ellos. Aquí también el contenido mental puede adoptar muchas formas; los criterios de valor que se aplican pueden ser explícitos o implícitos, racionales o contradictorios, nítidamente definidos o ambiguos, conscientemente conocidos por la persona o no identificados (incluso reprimidos). Cualquiera que sea la forma en la que el individuo retenga sus valores, sin embargo, él debe evaluar el objeto de acuerdo con ellos. De lo contrario, el objeto – aunque la persona sepa lo que es – un vacío evaluativo para él. Tal objeto no puede hacer disparar una respuesta emocional; al no ser considerado ni positivo ni negativo, es una cuestión de indiferencia.

Las emociones son estados de consciencia con acompañamientos corporales y con causas espirituales: intelectuales. Este último factor es la base para distinguir “emoción” de “sensación”. Una sensación es una experiencia transmitida por medios puramente físicos; es independiente de las ideas de una persona. Toca a un hombre con un hierro al rojo vivo, e inevitablemente sentirá ciertas sensaciones – calor, presión, dolor – independientemente de que sea un salvaje o un sofisticado, un Objetivista o un místico. En cambio, el amor, el deseo, el miedo, la ira, la alegría no son simplemente productos de estímulos físicos: dependen del contenido de la mente.

Para concretar el punto, digamos que seis hombres miran una pantalla en la que se está proyectando una serie de diapositivas médicas; las diapositivas contienen secciones transversales de distintos tejidos corporales. Un hombre es un salvaje recién llegado de la selva; para él, la procesión de sombras y colores misteriosos – que es lo único que él puede ver en ello – sugiere, digamos, algo inimaginable e inexplicable, alguna fuerza sobrenatural siniestra; lo que siente es una punzada de temor. Un segundo hombre es civilizado pero ignorante; sabe que las diapositivas son algo seguro y científico, pero no tiene ni idea de lo que significan; él bosteza en aburrimiento. Un tercer hombre es un pintor de la escuela descriptiva; él también carece de conocimientos médicos, pero, al centrarse en un cierto grupo de manchas, piensa: “Me recuerda a Kandinsky. ¡Qué horrible!”, y siente una pizca de repugnancia. Luego traemos a San Agustín para que mire la pantalla; lo único que entiende es que es un producto de esa ciencia blasfema de los paganos, y siente cólera, incluso indignación, en presencia de tal “lujuria de los ojos”. Después entra un médico y siente una punzada de aflicción; la pantalla revela tejido proveniente del cuerpo de un gran amigo suyo y él sabe que representa una enfermedad mortal. Finalmente, un investigador desde su torre de marfil mira la pantalla. Ha pasado años buscando un cierto tipo de crecimiento para demostrar una teoría anatómica compleja, la culminación del trabajo de toda su vida; ve ese crecimiento frente a él y siente una oleada de júbilo.

El mismo objeto ha sido percibido por miembros de la misma especie. Y sin embargo, dependiendo de su contexto conceptual – de su conocimiento de lo que es el objeto, y sobre todo de sus juicios de valor – sienten temor supersticioso, o indiferencia abismal, o asco estético, o condenación piadosa, o depresión dolorosa, o exultación jubilosa. ¿Qué causó esos estados emocionales? ¿Las diapositivas? ¿El objeto físico como tal? Obviamente no. La causa son las diapositivas al ser identificadas y evaluadas, las diapositivas al ser captadas y ponderadas por una mente. 3

Cuando yo, siendo profesor universitario, llegaba al tema de las emociones en clase, mi procedimiento típico era abrir el escritorio, sacar un montón de cuadernos de examen y, sin dar explicaciones, empezar a repartirlos. Invariablemente se desataba la consternación, con gritos de “¡Usted nunca dijo que tendríamos examen hoy!” y “¡No es justo!”. Después de lo cual yo retiraba los cuadernos y preguntaba: “¿Cuántos de vosotros pueden explicar la emoción que acaba de inundaros? ¿Es un primario inexplicable, una descarga de vuestras glándulas, un mensaje de Dios o del “id”?” La respuesta era obvia. Para la mayoría de ellos, los cuadernos significaban el fracaso en un examen, una calificación más baja en el curso, una mancha en su expediente académico. . . es decir, malas noticias. En este ejemplo concreto, hasta los estudiantes más lerdos captaban rápidamente el hecho que las emociones tienen causas y que sus causas son las cosas que los hombres piensan. (Los oyentes en el aula, que no rendían exámenes, permanecieron tranquilos durante el experimento. Para ellos, la sorpresa no implicaba ningún juicio de valor negativo).

Hay cuatro pasos en la generación de una emoción: percepción (o imaginación), identificación, evaluación, y respuesta. Normalmente, sólo el primero y el último de ellos son algo consciente. Los dos pasos intelectuales, identificación y evaluación, se producen por lo general sin necesidad de que uno sea consciente de ellos, y con a la velocidad del rayo.

Una vez que el hombre ha adquirido un vocabulario de conocimiento conceptual, lo automatiza, igual que uno automatiza el conocimiento de ortografía, mecanografía o cualquier otra habilidad compleja. A partir de ese momento uno no necesita un proceso de aprendizaje para entender que algo es un cuaderno de examen; la aplicación de los conceptos relevantes ocurre de forma inmediata y sin vacilaciones. De la misma forma, una vez que un hombre ha formado una serie de juicios de valor, los automatiza. No necesita un proceso de evaluación para poder decidir que él valora una calificación alta en un examen; la aplicación de los juicios relevantes es inmediata. Los juicios de valor de uno, igual que sus conocimientos anteriores, están presentes en el subconsciente . . . y lo que significa este término es un repositorio de los contenidos mentales que uno ha adquirido por medios conscientes, pero que no están en en la consciencia activa en un momento dado. Bajo las condiciones apropiadas, la mente aplica esos contenidos a un nuevo objeto de forma automática e instantánea, sin necesidad de mayor consideración consciente. A mucha gente, como resultado de esto, le parece que los hombres perciben y luego sienten, sin que ningún otro factor intervenga. La verdad es que interviene una cadena de ideas y de juicios de valor. 4

Digo “cadena” porque (después de los primeros años de un niño) las conclusiones que intervienen tienen una estructura específica: los juicios de valor no existen en el vacío. Los juicios de valor están formados, en última instancia, en base a una visión filosófica del hombre y de la vida: de uno mismo, de otros, del universo; esa visión, por lo tanto, condiciona todas las emociones de uno. Si, por ejemplo, el estado mental básico de un hombre equivale a la idea de que él es un incompetente indefenso atrapado en una selva desconocida, eso afectará a sus juicios de valor en todos los ámbitos de su vida. Afectará su carácter, su ambición, su trabajo (si lo tiene), sus preferencias en cuanto a amigos, arte, diversión. En cambio, si un hombre sostiene que su mente es eficaz y que el universo es inteligible, él formará valores radicalmente diferentes y, como resultado, sus deseos y las cosas que le gustan y le disgustan serán radicalmente diferentes.

La mayoría de las personas mantienen unos puntos de vista sobre el hombre y la vida sólo de forma implícita, no explícita. Pero esos puntos de vista, no obstante, son cruciales: constituyen la programación fundamental del subconsciente de un hombre. Como tal, le dan forma a toda su vida evaluativa y afectiva. (Para una discusión más amplia de este punto, ver el capítulo 12.)

Una emoción deriva de un percepto evaluado dentro de un contexto; el contexto es definido por un contenido conceptual tremendamente complejo. La mayor parte de ese contenido en cualquier momento específico no está presente en la consciencia de la que uno es consciente en un momento dado. Pero sigue siendo real y estando operativa.

Lo que hace que las emociones sean incomprensibles para mucha gente es el hecho de que sus ideas no sólo son en su mayoría subconscientes, sino también inconsistentes. Los hombres tienen la capacidad de aceptar contradicciones sin saberlo. Eso conduce a la apariencia de un conflicto entre pensamiento y emociones.

Un hombre puede tener ideas de las que él rara vez se da cuenta o nunca es consciente, y que colisionan con sus creencias profesadas. Las primeras pueden ser ideas que él se olvidó de haber formado, o que ha aceptado sólo por implicación, sin jamás identificar ese hecho o que activamente intenta no hacer. Si luego él responde a un objeto en base a tales contenidos mentales ocultos, le parecerá que sus emociones son independientes de su pensamiento e incluso que están en guerra con él. De hecho, sus emociones continúan siendo consecuencia de sus conclusiones, pero él nunca ha identificado esas conclusiones correctamente.

Un muchacho joven, por ejemplo, un jovencito llena su subconsciente a lo largo de muchos años con juicios de valor negativos en cuanto a su madre, que es cruel con él. Pero él no presta atención a sus procesos mentales, por lo que gran parte de ese contenido permanece implícito y sin identificar. A medida que crece, él olvida sus experiencias de la infancia y las evaluaciones que ellas provocaron. Además, ha aceptado la idea de que es malo criticar a los padres de uno; por lo que insiste en las virtudes de su madre y en apartar a un lado cualquier crítica (a reprimirla). Entonces un día, en una fiesta o en el consultorio de un psiquiatra, se queja: “Admiro a mi madre; mi mente me dice que hay muchas razones para amarla. Pero mi corazón no escucha. La odio. ¿Qué hay de malo en mí?” Lo que hay de malo es que él no conoce su mente, o sea, sus juicios de valor reales y operativos.

Las emociones no son demonios inexplicables, aunque pueden llegar a serlo si un hombre sostiene contradicciones y no identifica sus ideas explícitamente. Incluso en ese caso, la causa de las emociones sigue siendo la misma. Estrictamente hablando, un “choque entre pensamiento y sentimiento” es una forma de hablar equivocada; cada uno de estos choques es en su raíz una colisión ideológica.

La razón por la cual este punto ha eludido a los filósofos es la dicotomía cuerpo-mente, la cual ha dominado a Occidente desde los tiempos de Platón.

La razón, dicen tradicionalmente los defensores de esta dicotomía, trata con abstracciones y es por lo tanto “pura”, “no empírica”, “no materialista”, mientras que las emociones son corporales y terrenales. De ahí se deduce que las emociones son un factor independiente de la mente del hombre, que son un elemento no racional e incluso anti-racional que forma parte de la naturaleza humana. Se deduce además que el hombre no puede vivir exclusivamente guidado por la razón, puesto que debe también lidiar con su antítesis y expresarla.

Los conflictos en los hombres, decía Platón – los conflictos tantas veces observados entre las creencias que ellos dicen tener y sus sentimientos – no son el resultado de errores evitables, sino de leyes metafísicas. El universo es un reino de conflictos (la verdadera realidad versus el mundo de los concretos), y el hombre, el microcosmos, tiene que reflejar este conflicto. Él, también, debe estar dividido en partes en guerra, con un elemento (el intelecto) urgiéndole que se eleve hacia lo eterno, mientras que el otro (la pasión) tira de él hacia abajo, hacia el fango de la acción y de lo físico.

Platón es el defensor más influyente que ha tenido Occidente en cuanto a la dicotomía razón-emoción. La cuestión, sin embargo, es más vasta que el platonismo; como vimos en el último capítulo, la causa es básicamente epistemológica, no metafísica. Si, de alguna forma – intrinsicista o subjetivista – un pensador divorcia la mente de la realidad, o sea, separa conceptos de perceptos, entonces difícilmente podrá evitar un montón de conflictos artificiales, incluyendo un choque entre la facultad que funciona con conceptos (la razón) y la facultad que responde a perceptos (las emociones). Y luego se quejará de la “fragilidad” de su pensamiento al enfrentar a sus sentimientos inexplicables. Aquí, de nuevo, vemos el feo y deformado vástago de un error filosófico fundamental.

Ayn Rand barre a un lado este tradicional punto de vista. Ella sostiene que el hombre puede vivir exclusivamente por la razón. Él puede hacerlo porque las emociones son consecuencias generadas por sus conclusiones. Y las conclusiones del hombre tienen este tipo de poder generador, porque no son revelaciones o invenciones desgajadas del campo de acción física. Los conceptos (incluyendo las evaluaciones) son la forma que tiene el hombre de integrar perceptos.

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Referencias

Obras de Ayn Rand en versión original: Ayn Rand Institute
Obras de Ayn Rand traducidas al castellano: https://objetivismo.org/ebooks/

Al referirnos a los libros más frecuentemente citados estamos usando las mismas abreviaturas que en la edición original en inglés: 

AS     (Atlas Shrugged) – La Rebelión de Atlas
CUI    (Capitalism: The Unknown Ideal) – Capitalismo: El Ideal Desconocido
ITOE (Introduction to Objectivist Epistemology) – Introducción a la Epistemología Objetivista
RM    (The Romantic Manifesto) – El Manifiesto Romántico
VOS   (The Virtue of Selfishness) – La Virtud del Egoísmo

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Notas de pie de página

Las notas de pie de página no han sido traducidas al castellano a propósito, pues apuntan a las versiones de los libros originales en inglés (tanto de Ayn Rand como de otros autores), algunos de los cuales ni siquiera han sido traducidos, y creemos que algunos lectores pueden querer consultar la fuente original. Los números de las páginas son de la edición del libro de bolsillo correspondiente en la versión original.

Capítulo 5 [5-1]

2. See ibid., pp. 27-28; Philosophy: Who Needs It, title essay, pp. 5-6.
3.  Infants and animals experience certain emotions because they can evaluate objects on the sensory or perceptual level of consciousness. Philosophy, however, is concerned with man                              qua rational being, not with perceptual-level analogues of his attributes (which are studied by psychology or biology).
4. See Philosophy: Who Needs It, title essay, pp. 5-6; The New Left: The Anti-Industrial Revolution, “The Comprachicos,” p. 192.

 

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Publicado por: noviembre 22, 2018 8:00 am

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