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Haiti, Hambre y Libertad

La devastación causada por el terremoto de Haití en enero del 2010, expuesta al mundo por los medios de comunicación, avivó la sensibilidad occidental; gobiernos, empresas, instituciones y ciudadanos privados enviaron dinero para contribuir a los trabajos de rescate. Sin embargo, al actuar de esa forma, muchos de esos individuos que se consideran a sí mismos generosos están viviendo una contradicción: hoy ven escenas de sufrimiento en la televisión y reaccionan al dolor de otros seres humanos, pero mañana volverán a abogar ideas y políticas que esclavizan, empobrecen y asolan a toda la humanidad. Concretamos esta idea con dos artículos, uno publicado a raíz del terremoto de Haití, el otro escrito hace más de 35 años por Ayn Rand (ver abajo).
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[Basado en el artículo: Las Muertes Evitables en Haití, por Walter Williams, en www.JewishWorldReview.com:]

Algunos creen que la cifra de muertos del terremoto 7.0 en Haití alcanzará los 200.000. ¿Por qué ese número tan alto de muertes? El terremoto de Loma Prieta en el Norte de California en 1989 fue más violento – 7,1 en la escala de Richter, y resultó en 63 muertes y 3.757 heridos, y el terremoto de San Francisco en 1906 – de 7,8 en la escala de Richter, unas ocho veces más violento que el de Haití – costó 3.000 vidas.

Aún siendo tan trágica la catástrofe de Haití, ella es sólo un síntoma de una tragedia mucho más profunda que es totalmente ignorada: una pobreza auto-inducida. Los desastres naturales matan menos gente en países desarrollados porque ellos tienen una mayor riqueza – una riqueza que les permite construir casas y edificios más resistentes. Cuando se produce un desastre natural, esa riqueza proporciona el personal de emergencia, la maquinaria pesada y los servicios médicos que reducen el número de muertos y el sufrimiento. Los haitianos no pueden permitirse las herramientas de emergencia y de salvamento que los americanos, por ejemplo, dan por sentado. El presidente Barack Obama llamó al terremoto «especialmente cruel e incomprensible», pero habría estado más cerca de la verdad si hubiera dicho que el clima político y económico de Haití – que es lo que deja a los haitianos indefensos ante los desastres naturales – es «especialmente cruel e incomprensible.

La principal razón por la que Haití es uno de los países más pobres del mundo es su gran nivel de restricciones a la libertad económica. Veamos algunas de ellas: Según el Índice de Libertad Económica de 2009, es necesaria una autorización para las inversiones extranjeras en electricidad, agua, salud pública y telecomunicaciones, una autorización que requiere sobornar a funcionarios públicos. Como es de esperar, los servicios de telefonía Haití son un monopolio que podemos calificar de «primitivo» – lo que inmediatamente explica la dificultad de los haitiano-americanos para conseguir información sobre sus seres queridos.

La corrupción es rampante. Haití ocupa el puesto 177 de un total de 179 países en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional (2007). Su reputación como uno de los países más corruptos del mundo es un gran obstáculo para hacer negocios. Los funcionarios de aduanas habitualmente exigen sobornos para dejar entrar cualquier mercancía. El Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation indica que, debido a las reglamentaciones onerosas y al soborno, crear un negocio en Haití lleva un promedio de 195 días, comparado con el promedio mundial de 38 días, y conseguir una licencia comercial lleva unas cinco veces más de tiempo que el promedio mundial de 234 días – o sea, más de tres años.

La delincuencia y el desorden imperan en el país. El Departamento de Estado de EE.UU. (travel.state.gov), mucho antes del terremoto, advertía: “No hay zonas seguras en Haití. … Secuestros, amenazas de muerte, asesinatos, tiroteos relacionados con drogas, robos a mano armada, asaltos a casas y secuestros de automóviles son comunes en Haití”. El Departamento Australiano de Asuntos Exteriores y Comercio advierte a sus ciudadanos que “El nivel de delincuencia en Haití es muy alto y la policía tiene poco poder para hacer cumplir las leyes. Las autoridades locales a menudo tienen poca o ninguna posibilidad de prestar asistencia, incluso si has sido víctima de un delito grave”. El delito generalizado es el resultado de un impuesto prohibitivo sobre el desarrollo económico, y las personas más pobres son las primeras víctimas.

Los derechos a la propiedad privada son vitales para el crecimiento económico. El Índice de Libertad Económica informa que «la protección en Haití a los inversores y a la propiedad está seriamente comprometida por la pobre ejecución, la escasez de leyes actualizadas para tratar con las prácticas comerciales modernas, y un sistema legal incompetente y sin recursos». Eso significa que cualquier disputa comercial se resuelve fuera de los tribunales, normalmente mediante el soborno de funcionarios públicos.

Cómo Haití puede salir de su extrema pobreza no es un tema de ciencia espacial. Si clasificáramos a los países de acuerdo a (1) el grado de libertad de sus mercados; (2) sus ingresos per cápita, y (3) su nivel en el índice de protección a los derechos del individuo (por ejemplo de Amnistía Internacional), veríamos que existe una correlación muy estrecha entre esos tres criterios. El presidente haitiano René Preval no es un entusiasta de los mercados libres, y sus héroes son los dos brutales tiranos comunistas del hemisferio: Hugo Chávez de Venezuela, y Fidel Castro de Cuba.

El desastre de Haití requiere la inmediata asistencia occidental, pero sólo el pueblo haitiano puede librarse de su tragedia más profunda: la pobreza auto-inducida.

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Hay muchos desastres posibles que el hombre puede tener que enfrentar: hambres, inundaciones, incendios, terremotos – pero la solución, la forma última de lidiar con ellos, es la misma, como nos dice Ayn Rand en su ensayo Hambre y Libertad. Esta es una cita parcial de ese ensayo publicado en The Ayn Rand Letter, Vol. III, N º 22, el 29 de julio de 1974:

Es un simple hecho metafísico que el hombre, por naturaleza, no está equipado para sobrevivir «en la naturaleza». Su mente es su herramienta básica de supervivencia, y su mente crea tres logros esenciales para la vida: ciencia, tecnología, y producción industrial. Sin ellas, él no puede arrancarle suficiente sustento a la naturaleza para cubrir sus necesidades físicas inmediatas. En la era pre-industrial, el control de la población se conseguía a través del hambre: una hambruna periódica, cada veinte años, eliminaba el exceso de población que los arados y telares manuales de Europa eran incapaces de alimentar. Las hambrunas eran ayudadas por guerras periódicas, guerras que los gobernantes tribales iniciaban para robar unos de otros su precario sustento. Las hambrunas (y las guerras mundiales) pararon cuando llegó la Revolución Industrial – y en el siglo XIX la población de Europa aumentó en más del 300%.

Hoy en día, mientras la libertad desaparece en un área cada vez mayor del mundo – el hambre vuelve, la hambruna en masa matando a millones de seres humanos a los que las economías controladas son incapaces de alimentar.

Ante un espectáculo de este tipo, ¿qué hemos de pensar de los presuntos “humanitarios” que nos piden ayuda y compasión, gritando que el horror de la hambruna masiva es más importante que cualquier preocupación política y egoísta? ¿Lo es…?

Si un empresario americano con auto-estima declarara que no puede y no quiere ayudar a los hambrientos porque su capacidad productiva no es ilimitada y no tiene ganas de descender al nivel de vida haitiano – es fácil imaginar los gritos de indignación que oiríamos por parte de los intelectuales de hoy. ¿Por qué están practicando un doble criterio? ¿Por qué gritan que las necesidades de los hambrientos son más importantes que nuestra vida, nuestra libertad, nuestro futuro, y todos los valores – excepto su odio hacia el capitalismo? ¿Por qué nos piden que lo sacrifiquemos todo – mientras ellos se niegan a sacrificar su ansia de poder y su letargo mental el  tiempo suficiente para descubrir la cura, la única cura, para el hambre mundial?

Al considerar estas cuestiones, considera también los siguientes hechos: la historia contemporánea ha demostrado que la vida de las personas, de las grandes masas, no ha mejorado en ningún sistema colectivista, sino que se han convertido en una miseria perenne. Pero siempre ha habido los que se aprovechan de tal sistema: la burocracia gobernante – los parásitos del parasitismo – un puñado miserable de mediocridades fingidoras que, incapaces de competir en un mercado libre, extorsionan un inmerecido «prestigio» y una vida de lujo de «la llagas de los pobres y la sangre de los ricos».

Éstos son los hombres capaces de dejar a la humanidad morirse de hambre, pero no de renunciar a su poder – éstos son los hombres a quienes el mundo está siendo sacrificado – éstos, no los pobres desgraciados de Rusia, China o India que están pereciendo porque sus últimos y escasos ingresos han sido saqueados para soportar los armamentos nucleares de sus gobernantes.

Es a estos gobernantes a los que ahora se nos pide que sacrifiquemos la última y la mejor esperanza que queda en la tierra: los Estados Unidos de América.

Tal es la naturaleza del altruismo.

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Joaquin Nuñez

Muchas gracias por Publicarlo arreglado!, 😀

Ayn Rand

Observad cómo, en política, el término «extremismo» se ha convertido en sinónimo de «malvado», independientemente del contenido del asunto (lo malvado no es aquello sobre lo que uno es extremo, sino el mero hecho de ser «extremo», o sea, consistente).

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