Misticismo y escepticismo como negaciones de la razón — OPAR [5-5]

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Capítulo 5- La razón

Misticismo y escepticismo como negaciones de la razón [5-5]

Objectivism: The Philosophy of Ayn Rand
(“OPAR”) por Leonard Peikoff
Traducido por Domingo García
Presidente de Objetivismo Internacional

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Ayn Rand define “conocimiento” como “una comprensión mental de un hecho (o hechos) de la realidad, a la que se llega por observación perceptual o por un proceso de razón basado en observación perceptual”. 11 Esta definición, validada por nuestra discusión hasta ahora, puede servir como resumen de la epistemología Objetivista. También indica nuestro rechazo de dos puntos de vista muy generalizados. Al contrario que hace el escepticismo, la definición afirma que el hombre puede “comprender la realidad”. Al contrario que hace el misticismo, afirma que tal comprensión sólo puede ser lograda por la observación y/o la razón.

El misticismo es la teoría de que el hombre tiene medios de conocimiento distintos a la percepción sensorial o la razón, medios tales como la revelación, la fe, la intuición y similares. Como hemos visto, esta teoría se reduce al emocionalismo. Equivale al punto de vista que para orientación cognitiva, los hombres deben confiar, no en la facultad volitiva del pensamiento, sino en una función mental automática, las emociones. 12

Filosóficamente, el misticismo es una expresión del intrinsicismo; es la única forma de aplicar este último. El intrinsicismo no define ningún método para adquirir conocimiento conceptual. Tal conocimiento, afirma, se obtiene automáticamente, exponiéndose pasivamente a revelaciones de algún tipo, un proceso que resulta en que uno “simplemente sepa”. Esto último es la idea mística de la cognición. De hecho, sin embargo, como no hay revelaciones que absorber, el defensor de la pasividad acaba dependiendo de las funciones no volitivas que su consciencia brinda. Es decir, se convierte en un emocionalista, dejándose llevar por sus conclusiones anteriores y las reacciones automáticas que ellas generan, mientras describe a estas últimas como la voz de Dios.

En la práctica, la prescripción del místico a la humanidad equivale a lo siguiente: “No es necesario cuestionar o validar tus ideas. En vez de eso, toma el contenido de tu consciencia – sin importar cómo haya sido adquirido – como un hecho, que constituye cognición simplemente porque está ahí”. Esta es una política adecuada e ineludible para los animales inferiores, porque su forma de conocimiento es perceptual. Pero ignora totalmente la naturaleza y los requisitos de un animal racional. El místico típicamente ensalza lo espiritual y menosprecia lo físico. Pero sostiene, como modelo cognitivo para que el hombre emule, el automatismo insensato de un bruto sin mente.

La razón es la dotación espiritual del hombre. Cuando uno la rechaza, la animalidad – o menos que eso – es lo único que queda.

El escepticismo es un ejemplo de ese “menos”. Escepticismo es la teoría de que el conocimiento de la realidad es imposible para el hombre, por cualquier medio. Esto equivale a prescindir de la razón por ser impotente; es más: es un rechazo del axioma de la consciencia. El escéptico propone como modelo para el hombre el imitar, ni siquiera a un animal, sino (como Aristóteles fue el primero en observar), a un vegetal.

Así como el misticismo está aliado con el intrinsicismo, de la misma forma el escepticismo está aliado con el subjetivismo. Si uno mantiene que la actividad mental consiste en crear, no en captar (comprender) un objeto, entonces tendrá que concluir que la realidad independiente (suponiendo que acepte el concepto siquiera) es incognoscible.

Si el misticismo aboga la aceptación promiscua de ideas, el escepticismo aboga la duda promiscua de las mismas. El místico “simplemente sabe” cualquier cosa que quiera creer; el escéptico “simplemente no sabe” cualquier cosa que no quiera creer. Aquí, el término operativo y la fuerza guía es “quiere”, o sea, una emoción. Ambos puntos de vista se reducen a emocionalismo; ambos representan una dependencia en emociones como guía cognitiva. Ambos representan una negación de la necesidad del hombre por la lógica, y una consagración de la arbitrariedad.

Tanto el místico como el escéptico son defensores de la fe en el sentido técnico del término. “Fe” significa aceptación en base a emociones en vez de en base a evidencia. El místico tiene fe en que hay una certeza que escapa a la mente; el escéptico tiene fe en que las certezas de la mente no son certezas en absoluto. Y cada uno se aferra a su fe con la tenacidad de un fanático religioso. Tampoco tienen otra alternativa a este respecto. Ambas doctrinas, para poder ser adoptadas, deben ser cuestiones de fe; una demostración de cualquiera de ellas sería fatal para la misma.

Un proceso de demostración compromete a un hombre con sus premisas e implicaciones. Le obliga por lo tanto a un enfoque filosófico completo: a la validez de la percepción sensorial, la validez de la razón, la necesidad de objetividad, el método de la lógica, los procesos de conocimiento conceptual, la ley de identidad, el absolutismo de la realidad. Este enfoque es incompatible con las ideas tanto de los místicos como de los escépticos.

Un Dios susceptible a prueba se desintegraría y abatiría el espíritu del misticismo. Tal entidad sería finita y limitada; sería una más de las muchas cosas en el universo, una cosa sujeta a la identidad y la causalidad, capaz de ser integrada sin contradicción en el contexto cognitivo del hombre, incompatible con milagros, revelaciones y todo el resto de elementos de la sinrazón. Tal entidad no sería un misterio inefable que trasciende a la ciencia y a la naturaleza. Sería parte de la naturaleza a ser estudiada por la ciencia, y no le sería útil en absoluto a un místico. Cuando Pascal gritó: “¡No el Dios de los filósofos, sino el Dios de Abraham, Isaac y Jacob!” sabía de qué estaba hablando.

Lo mismo se aplica a la duda del escéptico. Una duda susceptible de validación objetiva también tendría que ser finita, contextual y sujeta a las reglas de la evidencia. Tal duda sería una evaluación entre otras muchas dentro del universo de conocimiento racional, no un anatema sobrenatural que trasciende ese universo y lo aniquila desde fuera. Una duda “científica” no le sirve más a un escéptico que un Dios “científico” le sirve a un místico. En ambos casos, la “ciencia” contradice la esencia y el propósito de la teoría.

Esa esencia y ese propósito es escapar de la razón: o, más exactamente, escapar del absolutismo de la razón.

Nadie busca rechazar la razón completamente. Lo que muchos hombres buscan, sin embargo, es no estar constreñidos (usando sus palabras) por la razón constantemente, en cada asunto, veinticuatro horas al día. Es a estos hombres a quienes tanto los místicos como los escépticos les conceden una aprobación y una escapatoria. “Todos tenemos derecho”, dicen, en efecto, “a nuestro propio enfoque, a nuestras propias creencias o dudas subjetivas, como un suplemento ocasional a la razón, o un descanso de ella. El resto del tiempo seremos perfectamente racionales”. Eso significa: “Queremos un trato, un término medio. Queremos usar algunas emociones como herramientas de conocimiento. Queremos concesiones entre razón y emocionalismo”.

En la razón no puede existir tal concesión.

Si uno intenta combinar razón con emocionalismo, el principio de la razón no puede ser su guía – el elemento que define los términos del trato – porque la razón no permite que el sentimiento subjetivo tenga nada que decir en cuestiones cognitivas. El sentimiento subjetivo, por lo tanto, que le permite a cualquiera cualquier cosa que desee, es el que debe establecer las condiciones; él debe ser el elemento que decide el papel y los límites de la razón. Así que el principio rector del epistemólogo del término medio es: “Consultaré los hechos y obedeceré las reglas de la evidencia a veces . . . cuando me venga en gana”.

Esta política va mucho más allá de ser una afirmación ocasional de lo arbitrario. Convierte el propio uso de la lógica en una cuestión de capricho, elevando así lo arbitrario a la posición de rector de la cognición. Tal política no es una “concesión”; no puede ser descrita como un emocionalismo “parcial”; es su versión íntegra y sin adulterar. Ningún emocionalista, por muy extremo que sea, rechaza todas las conexiones lógicas; ninguno se salto datos que son aceptables para sus sentimientos. Lo que hace que un hombre sea un emocionalista es el criterio por el cual él acepta una idea; para él, no es el soporte lógico de la idea lo que cuenta, sino cómo encaja con sus emociones. Éste es precisamente el criterio que gobierna el hombre que llamamos “del término medio”. Tal hombre puede tranquilamente invocar el recital de evidencia; pero cuando lo hace, eso no es una expresión del principio de objetividad. Es una farsa, un ritual social sin significado cognitivo.

En lo que respecta a tal mentalidad, las afirmaciones del escéptico son verdaderas: el emocionalista es cognitivamente impotente y no puede confiar totalmente ni siquiera en sus mejores ideas. No tiene cómo saber qué conclusiones son mejores o peores, porque ha desechado los medios humanos de conocimiento.

Negar el absolutismo de la razón no es una condescendencia inofensiva, como comer chocolates en una dieta. Es más como tomar arsénico tres veces al día como la esencia de la nutrición de uno.

Los místicos a menudo dicen que, al permitir que los hombres escapen del “prosaico” mundo de la naturaleza, hacen que la vida sea fascinante. Los escépticos a menudo dicen que, al socavar todas las convicciones fuertes, hacen que la vida sea segura. Los hechos desmienten esas promesas. En realidad, dado que ambos grupos se afanan en socavar la mente del hombre, ambos conducen a un único tipo de resultado y siempre lo han hecho. Conducen a la impotencia, el terror, la dictadura y el hambre.

Cuando un hombre promete llevarte a un valor, recuérdate a ti mismo del hecho que permanecer en contacto con la realidad es un requisito para alcanzar valores. Eso te ayudará a defenderte de los estafadores filosóficos. Te dirá que la precondición de los valores es el uso y el absolutismo de la razón.

Hay muchos temas epistemológicos que por falta de espacio no he cubierto en las discusiones anteriores. Entre los más importantes está la validación de la inducción científica. En el lado polémico, apenas he tocado la dicotomía entre racionalismo y empiricismo, con las muchas falsas alternativas que esparcen, como “lógica contra experiencia”, “deducción contra inducción”, “verdad analítica contra verdad sintética”, “conceptos contra perceptos”, y muchas más. 13 Tengo intención de tratar todo este material en una obra más avanzada sobre epistemología Objetivista.

Felizmente, no necesitamos saberlo todo para poder saber lo que sí sabemos. Y ahora sabemos, en términos esenciales, cuál es la naturaleza de la realidad y de nuestros medios de conocimiento. O sea, sabemos lo que es necesario para poder pasar de metafísica y epistemología como tal al siguiente tema dentro de la jerarquía filosófica.

Hemos estudiado en detalle un solo atributo, la facultad de la cognición. Ahora debemos estudiar a la entidad que la posee: el hombre.

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Referencias

Obras de Ayn Rand en versión original: Ayn Rand Institute
Obras de Ayn Rand traducidas al castellano: https://objetivismo.org/ebooks/

Al referirnos a los libros más frecuentemente citados estamos usando las mismas abreviaturas que en la edición original en inglés: 

AS     (Atlas Shrugged) – La Rebelión de Atlas
CUI    (Capitalism: The Unknown Ideal) – Capitalismo: El Ideal Desconocido
ITOE (Introduction to Objectivist Epistemology) – Introducción a la Epistemología Objetivista
RM    (The Romantic Manifesto) – El Manifiesto Romántico
VOS   (The Virtue of Selfishness) – La Virtud del Egoísmo

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Notas de pie de página

Las notas de pie de página no han sido traducidas al castellano a propósito, pues apuntan a las versiones de los libros originales en inglés (tanto de Ayn Rand como de otros autores), algunos de los cuales ni siquiera han sido traducidos, y creemos que algunos lectores pueden querer consultar la fuente original. Los números de las páginas son de la edición del libro de bolsillo correspondiente en la versión original.

Capítulo 5 [5-5]

11. Introduction to Objectivist Epistemology, p. 35.
12. See For The New Intellectual, tittle essay, pp. 17-18; Introduction to the Objectivist Epistemology, p.79
13.  For a criticism of some of these false alternatives, see my essay “The Analytic-Synthetic Dichotomy,” in Introduction to Objectivist

 

 

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Publicado por: enero 24, 2019 8:00 am

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