La Policía Pacifista

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por Harry Binswanger

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Tan sólo un par de semanas antes de los disturbios en Londres yo acababa de publicar esto:

El pacifismo es la forma más consistente de anarquismo, dentro de lo que cabe. Pocos anarquistas, sin embargo, se dan cuenta de eso. Asumen implícitamente que existe tal cosa como fuerza física que le permite a los que no están de acuerdo seguir su propio camino. Pero fuerza es fuerza: es el sometimiento “monopolista” de la voluntad de otro a la de uno. Así que siempre que haya un uso legítimo de la fuerza, esa fuerza ha de ser fuerza usada para imponer la moralidad que hace que sea legítima. La única alternativa es exigir que nadie use la fuerza, o sea: el pacifismo.

Concretemos esto. Si alguien me dispara y yo respondo disparándole a él, estoy usando la fuerza para imponerle mi moralidad – la moralidad de la no iniciación de la fuerza – a la persona que me está disparando. Si yo dejara de hacerlo, para evitar imponer mi moralidad por la fuerza tendría que tratar de persuadirlo de que no me matara, al no poder usar la fuerza contra él.

Yo pensaba que la idea de contrarrestar la fuerza a través de la persuasión era una reducción al absurdo del pensamiento anarquista. Pero, por lo visto, nada es demasiado absurdo para una época que considera moderno ser “post-moderno”. Mirad esta respuesta del Ministro del Interior británico a la demanda de que la policía use la fuerza (cañones de agua, por ejemplo) contra los manifestantes:

«La policía en Gran Bretaña no funciona con cañones de agua. Funciona con el consentimiento de las comunidades.»

¿Policía “sin la fuerza”…? Y con el consentimiento ¿de quién…? (¡¿de las comunidades?!) Y ¿para qué? No creo que el Ministro del Interior tuviera nada en mente al usar la frase «el consentimiento de las comunidades”. Fue una forma sociológica de hablar. Pero el conjunto de lo que decía sí tenía sentido: era puro anarquismo. Para evitar el «monopolio del gobierno» y «hacer cumplir la moralidad», el Estado debe permanecer al margen mientras los matones rompen escaparates, saquean televisores, golpean a sus oponentes, y en general adoptan sus propias ideas de lo que ellos entienden por «justicia social». Anarquismo implica pacifismo, y pacifismo implica anarquía.

El blanco, tanto del anarquismo como del pacifismo, es la policía. La policía es atacada, vilipendiada y mantenida a raya, mientras que sus antagonistas civiles son libres de hacer lo que les venga en gana, con ladrillos y «turbas repentinas». ¿Por qué? ¿Por qué se supone que está mal que la policía responda con la fuerza a la fuerza iniciada por estas turbas?

La causa es el agnosticismo moral.

Para una persona normal, policía contra manifestantes es un enfrentamiento del bien contra el mal. Para la mentalidad «post-moderna», este enfrentamiento no tiene una dimensión moral: ambos lados son moralmente iguales, o más bien, la situación es “amoral”. La moralidad en sí es una «construcción social», ellos creen. Es algo que viene del «consentimiento de las comunidades».

El fundamento de esa visión de un mundo que no es «ni blanco ni negro» es el cruce de dos doctrinas filosóficas: el determinismo y el subjetivismo. Según el determinismo no existe la moralidad porque las personas no tienen libre albedrío; las personas son lo que son por sus genes, el medio ambiente o algún otro factor determinante fuera de ellos. Los manifestantes causan disturbios por las condiciones sociales, creen los deterministas. «Allá voy yo, por la gracia de Dios». Los saqueadores y la policía son ambos considerados como equivalentes e intercambiables: ambos son «productos» de sus familias, de sus profesores y de la cultura (o de la falta de cultura). Ese es el determinismo que justifica la «moderación policial».

El subjetivismo es la idea de que lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal, existen sólo en la mente de las personas, como preferencias arbitrarias. El subjetivismo está basado en una doctrina filosófica profundamente arraigada: la idea de que la moralidad no puede ser demostrada, que «debería» no puede derivarse lógicamente de «es», que (en palabras de Von Mises) no existe una ciencia de los valores. Desde ese punto de vista, también, la moralidad se reduce a una serie de tabúes, y los únicos que piensan en términos de «los buenos» y «los malos» son los tipos anticuados, los no-progresivos.

Pero, obviamente, las contradicciones no pueden ser puestas en práctica de forma consistente. Los defensores del determinismo y el subjetivismo siempre se excluyen a sí mismos y a la élite «iluminada» de estas doctrinas. En consecuencia, quienes hacen política, como el Ministro del Interior, por lo visto, no son peones indefensos por causa de su educación, enfrentando una opción de algo que es blanco o negro, el “bueno” contra el “malo”: *deben optar* por restringir a la policía. El imperativo categórico es: está mal actuar como si existieran el bien y el mal.

Esto encaja perfectamente con el énfasis cristiano de poner la otra mejilla y de amar a tu enemigo. De Jesús a Freud a los defensores contemporáneos de la «tolerancia», todos están de acuerdo: No juzgues y no serás juzgado. Quien no haya pecado que tire la primera piedra – a quienes te están tirando piedras.

(Es increíble y deprimente a la vez el que un porcentaje tan alto de la población crea tan fanáticamente en esta idea de no juzgar. Algunas personas morirían defendiendo la idea de que ellos no tienen culpa de nada, y no les preocupa la implicación corolaria: que nunca serán alabados por nada. Con relación a su actitud, el único factor que les exculpa a medias es el conjunto de normas de moralidad establecidas por el altruismo: vivir es no conseguir alcanzar los niveles de moralidad exigidos por el sacrificio. Hasta cierto punto, el miedo a ser juzgado es el miedo a enfrentar la ineludible culpa que el altruismo impone sobre quienes aceptan sus normas. Pero seguro que hay mucha culpa inmerecida detrás de la intensidad histérica en el antagonismo de algunas personas a emitir juicios morales).

La policía londinense está físicamente desarmada porque, después de siglos de haber sido machacada por Hume, Kant y compañía, la cultura occidental está moralmente desarmada.

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Publicado en HBL el 19 de agosto de 2011

Publicado por: agosto 20, 2011 11:43 pm

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