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Tres cosas que haría si yo fuera rey

La primera cosa sería felicitar a mi padre por su brillante intervención en un congreso de jefes de estado. Le habría dicho:

“Enhorabuena, papá, por esa frase que le dio la vuelta al mundo: “¿Por qué no te callas?”, poniendo en su sitio con la mayor naturalidad a uno de los peores dictadores modernos. Qué pena que unos meses después perdieses puntos al reunirte oficialmente con él y aceptar una camiseta con esa frase, riéndoos y dándoos palmaditas en la espalda como viejos amigos, ignorando el contexto tan diferente de cada uno. Pero bueno, por lo menos durante un tiempo te portaste como un rey”.

La segunda cosa sería darle una lección de urbanidad básica a un político. Le habría dicho:

“Mire usted: cuando alguien viene a hablar conmigo para tratar de asuntos oficiales en este palacio debe mantener un cierto nivel de formalidad y de decoro. No me importa que usted vaya sin afeitar o lleve coleta, pero por lo menos debe ir vestido como requiere el protocolo. Si estuviéramos en la playa podríamos saludarnos en traje de baño y camiseta, pero aquí hay que presentarse, como mínimo, con traje y corbata. Tampoco voy a aceptar su regalo, y no es porque se llame algo así como “Juego de tronos”, con la insinuación correspondiente, sino porque yo soy el rey y no acepto regalos de nadie, y menos de forma inesperada como esta. Así que, amigo mío, salga usted por esa puerta, vístase como Dios manda, y vuelva a hacer la solicitud necesaria para que yo le reciba oficialmente, lo cual haré encantado cuando llegue el momento”.

La tercera cosa sería acatar la decisión de mi padre de renunciar a la corona y querer pasármela a mí, pero dirigiéndome antes al pueblo español, al cual le habría dicho:

“Españoles: Mi padre ha decidido jubilarse y pasarme el título de rey a mí, su sucesor legítimo. Pero estamos en el siglo XXI, y el concepto de realeza es un concepto medieval. Hoy los líderes no deben sucederse por sangre, sino ganándose el cargo por sus propios méritos. Así que os propongo lo siguiente. No voy a aceptar ser rey. Creo que mi preparación personal es la mejor para dirigir este país, pero no voy a acomodarme en esa posición por mi bonita cara, voy a convenceros de que soy el mejor gobernante. Me candidataré a jefe de estado, como puede hacer cualquier otro individuo cualificado, y haré todo lo posible para que me elijáis. Si lo hacéis, serviré mi término legal con orgullo y dedicación; si no, seré un ciudadano más, con los mismos derechos – ni más ni menos – que cualquier otro. Pero la decisión de quién es vuestro líder será vuestra, del pueblo español”.

Esas son tres cosas que haría si yo fuera rey – o mejor dicho, cosas que habría hecho, porque su momento ya pasó – y además, después de la tercera mantendría mi autoestima pero ya no sería rey. Y como no cuesta nada imaginar, hay una cuarta cosa importante que aún estaría a tiempo de hacer. Reuniría a todos los políticos en uno de los grandes salones de uno de mis palacios, me aseguraría de que todos fueran vestidos apropiadamente para la ocasión, y me dirigiría a ellos de esta forma:

“Queridos colegas: llevamos prácticamente un año sin gobernar, es decir, sin crear leyes que regulen la producción, el comercio y las vidas privadas de nuestros ciudadanos, y todo el mundo se ha dado cuenta de que la economía funciona mejor sin políticos, o sea, cuando dejáis de funcionar vosotros. La gente ha seguido pagando impuestos porque no tiene otra opción, pero por lo menos no habéis estado ahí manipulando las cosas, y las cosas han ido mejor sin vuestra manipulación. Habéis vuelto a demostrar lo que está claro tanto en teoría como en la práctica: que cuanto mayor es la libertad en un país, mayor es su progreso. Por lo tanto, vamos a desmantelar el gobierno; no sólo este gobierno concreto (mañana seréis todos oficialmente informados de vuestros ceses, para que podáis buscaros trabajos productivos a partir de ahora), sino el gobierno como tal. Voy a reducir el gobierno a sus tres funciones básicas: la policía, el ejército y los tribunales de justicia, las únicas funciones válidas necesarias para proteger los derechos individuales; y poco a poco voy a separar totalmente el gobierno de la economía, como requiere un sistema social justo y racional. En poquísimo tiempo nos convertiremos en un país increíblemente próspero y en un líder económico mundial”.

Esa sería la cuarta cosa. Pero volvamos a la realidad. No soy rey, ni sueño con serlo. Y no tengo estómago para ver las noticias, así que voy a relajarme viendo un buen partido de tenis en la tele.

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Por José Luis Navarro Schmidt, colaborador de Objetivismo Internacional.

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Óscar ÁlvarezOmingodJUAN ANTONIO SANCHEZErick Autores de comentarios recientes
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Óscar Álvarez
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Error: Al gobierno no se le puede dejar nada y menos las fuerzas del orden, el ejército y la justicia. De ser así, en pocos años volveríamos a tener al gran Leviatán en todo su esplendor.

JUAN ANTONIO SANCHEZ
JUAN ANTONIO SANCHEZ

Qué bonito sería si pudiera ser realidad. Pero por desgracia vivimos en un país fuertemente estatalizado (como casi toda Europa), y con una población acostumbrada a vivir subsidiada y con baja productividad. Son las consecuencias de nuestras economías mixtas, de… Leer más »

Erick
Erick

En el segundo punto, a que evento hace referencia? Quien se vistió inapropiadamente? y a que regalo hace referencia?

Ayn Rand

El estado actual del mundo no es una prueba de la impotencia de la filosofía, sino una prueba del *poder* de la filosofía. Es la filosofía lo que ha llevado a los hombres a este estado – y sólo la filosofía conseguirá sacarlos de él.

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