Estatismo

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estatismoLa expresión política del altruismo es el colectivismo o estatismo, el cual afirma que la vida y el trabajo del hombre pertenecen al Estado – a la sociedad, al grupo, a la pandilla, a la raza, a la nación – y que el Estado puede disponer de él de cualquier forma que le parezca, en aras de lo que considere su propio bien colectivo y tribal.

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Un sistema estatista – sea del tipo comunista, fascista, nazi, socialista o “del bienestar” – está basado en el poder ilimitado del gobierno, lo que significa: en el imperio de la fuerza bruta. Las diferencias entre los sistemas estatistas son sólo cuestión de tiempo y de grado; el principio es el mismo. Bajo el estatismo, el gobierno no es un policía, sino un criminal legalizado que tiene el poder de usar la fuerza física como le parezca y para cualquier fin que se le ocurra, contra víctimas indefensas y legalmente desarmadas.

Nada puede justificar una teoría tan monstruosa. Nada puede justificar el horror, la brutalidad, el saqueo, la destrucción, el hambre, los campos de trabajos forzados, las cámaras de tortura, y la masacre al por mayor, de las dictaduras estatistas.

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El control gubernamental de la economía de un país – cualquier tipo o nivel de tal control, por cualquier grupo, para cualquier propósito, el que sea – está basado en el principio básico del estatismo, el principio de que la vida del hombre le pertenece al Estado.

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Un estatista es alguien que cree que algunos hombres tienen derecho a forzar, coaccionar, esclavizar, robar y asesinar a otros. Para ponerla en práctica, esta creencia tiene que ser implementada a través de la doctrina política que el gobierno – el Estado – tiene derecho a iniciar el uso de la fuerza física contra sus ciudadanos. Con qué frecuencia la fuerza se va a ser usada, contra quién, hasta qué punto, con qué objetivo, y en beneficio de quién, todas esas preguntas son irrelevantes. El principio básico y el resultado final de todas las doctrinas estatistas son los mismos: dictadura y destrucción. El resto es sólo cuestión de tiempo.

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Si el término “estatismo” designa la concentración de poder en el Estado a expensas de la libertad individual, entonces el nazismo en política es una forma de estatismo. En principio, no representa un nuevo enfoque al gobierno; es una continuación del absolutismo político – de las monarquías absolutas, las oligarquías, las teocracias, las tiranías al azar – que han caracterizado la mayor parte de la historia humana.

En grado, sin embargo, el estado total difiere de sus predecesores: representa el estatismo llevado al límite, en teoría y en la práctica, devorando los últimos despojos del individuo.

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La raíz ideológica del estatismo (o del colectivismo) es la premisa tribal de salvajes primordiales que, incapaz de concebir lo que son derechos individuales, creían que la tribu es un gobernante omnipotente y supremo, que es dueña de la vida de sus miembros y puede sacrificarlos cuando le venga en gana para lo que considere ser su propio “bien”. Incapaz de concebir algún principio social excepto el del imperio de la fuerza bruta, ellos creían que los deseos de la tribu están limitados sólo por su poder físico, y que otras tribus son sus presas naturales, a ser conquistadas, saqueadas, esclavizadas o aniquiladas. La historia de todos los pueblos primitivos es una sucesión de guerras tribales y de masacres entre tribus. Que esta ideología salvaje ahora gobierne a naciones que disponen de armas nucleares debería hacer reflexionar a cualquiera que se preocupe con la supervivencia de la humanidad.

El estatismo es un sistema de violencia institucionalizada y de guerra civil perpetua. No les deja a los hombres ninguna opción más que la de luchar para hacerse con el poder político: robar o ser robados, matar o que les maten. Cuando la fuerza bruta es el único criterio de conducta social, y rendirse sin resistencia a ser destruido es la única alternativa, hasta el más bajo de los hombres, hasta un animal – hasta una rata acorralada – luchará. No puede haber paz dentro de una nación esclavizada.

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El grado de estatismo en el sistema político de un país es el grado en que descompone al país en bandas rivales y enfrenta a unos hombres contra otros. Cuando los derechos individuales son derogados, no hay manera de determinar quién tiene derecho a qué; no hay manera de determinar la justicia de las demandas, los deseos o los intereses de nadie. El criterio, por lo tanto, vuelve al concepto tribal de: los deseos de uno están limitados sólo por el poder de la pandilla de uno.

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El estatismo – de hecho y por principio – no es más que el dominio de las pandillas. Una dictadura es una pandilla dedicada a saquear el esfuerzo de los ciudadanos productivos de su propio país. Cuando un gobernante estatista agota la economía de su propio país, ataca a sus vecinos. Es su único medio de posponer un colapso interno y la prolongar su mandato. Un país que viola los derechos de sus propios ciudadanos, no va a respetar los derechos de sus vecinos. Quienes no reconocen los derechos individuales no van a reconocer los derechos de las naciones: una nación es sólo un grupo de individuos.

El estatismo necesita guerra; un país libre no. El estatismo sobrevive saqueando; un país libre sobrevive produciendo.

Observa que las grandes guerras de la historia fueron iniciadas por las economías más controladas en su época, contra las más libres. Por ejemplo, la Primera Guerra Mundial fue iniciada por la Alemania monárquica y la Rusia zarista, y ellas arrastraron a sus aliados más libres. La Segunda Guerra Mundial fue iniciada por la alianza de la Alemania nazi con la Rusia soviética y su ataque conjunto contra Polonia.

Observa que en la Segunda Guerra Mundial, tanto Alemania como Rusia confiscaron y desmantelaron fábricas enteras en los países conquistados, para llevárselas a su tierra; todo esto mientras la más libre de las economías mixtas, la semi-capitalista Estados Unidos, enviaba miles de millones de dólares de equipos en préstamo y arriendo, incluyendo fábricas enteras, a sus aliados.

Alemania y Rusia necesitaban la guerra; los Estados Unidos no, y no ganó nada con ella. (De hecho, los Estados Unidos perdieron económicamente, a pesar de haber ganado la guerra: se quedaron con una enorme deuda nacional, aumentada por la política grotescamente inútil de apoyar a los ex-aliados y los antiguos enemigos, hasta el día de hoy.) Y sin embargo, es el capitalismo a lo que los amantes de la paz se oponen hoy día, y el estatismo por lo que abogan… todo en nombre de la paz.

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La característica humana que el estatismo requiere es la docilidad, la cual es el producto de la desesperación y de un estancamiento intelectual. Los hombres que piensan no pueden ser gobernados; los hombres ambiciosos no se estancan.

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La primera decisión – y la única que importa – es: libertad o dictadura, capitalismo o estatismo.

Esa es la decisión que los líderes políticos actuales se empeñan en evadir. Los “liberales” están tratando de infiltrar el estatismo a hurtadillas – un estatismo del tipo semi-fascista y semi-socialista – sin dejar que el país se dé cuenta del camino que está tomando y adónde lo va a llevar. Y aunque una política así es reprensible, hay algo más reprensible aún: la política de los “conservadores”, que están tratando de defender la libertad a hurtadillas.

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El método epistemológico de los estatistas consiste en mantener debates interminables sobre temas individuales, concretos, de corto plazo y fuera de contexto, nunca permitiendo que esos temas sean integrados en una totalidad, nunca refiriéndose a sus principios básicos o a sus últimas consecuencias, de esa forma induciendo un estado de desintegración intelectual en sus seguidores. El objetivo de esa niebla verbal es ocultar la evasión de dos aspectos fundamentales: (a) que la producción y la prosperidad son el producto de la inteligencia de los hombres, y (b) que el poder del gobierno es el poder de coaccionar a través de la fuerza física.

Una vez que se reconocen esos dos hechos, la conclusión a la que llegar es inevitable: que la inteligencia no funciona bajo coerción, que la mente de ese hombre no funcionará a punta de pistola.

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Fuentes:

“Introducing Objectivism”, The Objectivist Newsletter

“War and Peace”, The Objectivist Newsletter

“Conservadurismo: Un obituario”, Capitalismo: El Ideal Desconocido

“La minoría perseguida de Estados Unidos: las grandes empresas”, Capitalismo: El Ideal Desconocido

Leonard Peikoff, The Ominous Parallels

“Las raíces de la guerra”, Capitalismo: El Ideal Desconocido

“Tax-Credits for Education”, The Ayn Rand Letter, I

“¡Dejadnos tranquilos!”, Capitalismo: El Ideal Desconocido

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Publicado por: Marzo 28, 2016 12:04 am

4 Comentarios

4 Comentarios

  • Andalegrameldia says:

    http://vozpopuli.com/analisis/78655-el-chavismo-legislativo-en-espana
    La Ley Vasca de Vivienda, ejemplo acabado de estatismo chavista. La podría suscribir perfectamente Podemos. La ha promulgado el gobierno de PNV, la derecha mas católicos y rancia de España. La vivienda es ya un derecho subjetivo en el País Vasco. Por haber nacido. Por respirar. Nos hemos vuelto locos.

  • Andalegrameldia says:

    Como ejemplo de estatismo véase la Ley Vasca de Vivienda. La podría suscribir perfectamente Podemos, pero la ha hecho el PNV, la derecha mas rancia y catolicona de España. La vivienda es un derecho subjetivo en el País Vasco. Solo por haber nacido. Solo por respirar.

  • JUAN ANTONIO says:

    Lo que estamos viendo en los últimos meses,empezando por los EE.UU, con un aumento de movimientos y partidos populistas a derecha e izquierda, es altamente preocupante. Lo que me faltaba por ver ya lo he visto últimamente, contemplando al Sr. Obama sentado frente al gran carnicero-asesino de Raúl Castro, negando encima la existencia de presos políticos en Cuba. Espectáculo absolutamente asqueroso e inmoral. Si todo lo que tienen para ofrecer en las próximas elecciones presidenciales, es elegir entre un populista-socialista de derecha y otros socialistas más a la izquierda, como decimos en España, apaga la luz y vámonos. Ya no hablemos de España, donde mucha gente ha descubierto, a estas alturas, que el leninismo más repugnante (representado por una coalición de fanáticos de extrema izquierda llamada Podemos)es la solución a nuestros problemas. Sin duda unas pequeñas muestras de lo que el estatismo, a derecha e izquierda, ha producido y está produciendo a estas alturas del siglo XXI.

  • JUAN ANTONIO says:

    Estamos asistiendo al resurgimiento de movimientos populistas y ultra-estatistas en muchas partes, incluso en EE.UU, lo cual me lleva a pensar que una gran mayoría de la población sigue sin entender lo que verdaderamente significa la libertad. Es tan grande el control que los gobiernos ejercen sobre los medios de comunicación (aunque se hable mucho de libertad de expresión), que se hace casi imposible salir de ese círculo vicioso de propaganda y desinformación. Aprendemos desde que nacemos que lo que menos importa es la libertad individual (siempre criminalizada), y que lo único digno para el hombre es sacrificarse por los demás. El Estado siempre por encima, el individuo, por debajo. Y hasta que las grandes mayorías no consigan limpiar sus cerebros y mentes de tanta bazofia, de tanta mentira, de tanta desinformación, no habrá nada que hacer. Es un tema de reflexión individual, de pensamiento individual, de mentes individuales. Al hilo de todo esto, me parece patético, por no decir terrorífico, el espectáculo que están dando hoy en día los candidatos a Presidente en EE.UU. El elegir entre un populista de derecha y unos socialistas recalcitrantes, sin ninguna otra oferta de relevancia (a no ser el Partido Libertario), da una imagen de lo que le espera al mundo en las próximas décadas. Ya sólo falta que la gente acabe creyendo que Corea del Norte es un paraíso de libertades y prosperidad.

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