Lo que está mal en la filosofía de Ayn Rand

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Lo que está mal en la filosofía de Ayn Rand
— por Craig Biddle

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Muchos artículos se han escrito sobre lo que está mal en la filosofía de Ayn Rand. Pero, que yo sepa, ninguno de ellos presenta las ideas de Rand con precisión, así que pensé en escribir uno que lo haga.

Esto es lo que está mal en las ideas de Ayn Rand:

Rand afirma que “la existencia existe”, que la realidad es real, que hay un mundo allá afuera, y que somos conscientes de él. Afirma que todo lo que existe es algo específico; todo tiene una naturaleza; una cosa es lo que es. (Una serpiente es una serpiente. Una mujer es una mujer. Una estatua de sal es una estatua de sal.) Ella afirma que una cosa puede actuar sólo de acuerdo con su naturaleza. (Una serpiente puede serpentear, no puede hablar. Una mujer puede hablar, no puede transformarse en una estatua de sal.) Y Rand afirma que hay sólo una realidad: la que percibimos, la que experimentamos, en la que vivimos. (1)

¿Por dónde empezamos con toda esa multitud de problemas en sólo ese párrafo?

De entrada, la idea de que “la existencia existe” excluye la idea de que la existencia no existe. Niega la visión subjetivista, pragmatista y posmodernista de que la realidad es una ilusión, un montaje mental, una convención social. Obviamente, la gente que insiste en que la realidad no es real no va a aceptar una filosofía que afirma que sí es real.

Así que ahí tenemos ya un enorme problema con la filosofía de Ayn Rand.

Ahora consideremos su visión de que sólo una realidad existe. Eso excluye la noción de que una segunda realidad existe; excluye la idea de un reino “sobrenatural”, el reino de “Dios”. Igualmente, su visión de que todo tiene una naturaleza específica, que una cosa es lo que es, excluye la posibilidad de que algunas cosas no sean lo que son. Por ejemplo, excluye la posibilidad de que una persona muerta pueda estar viva (vida después de la muerte), la posibilidad de que el vino pueda ser sangre, o de que el pan pueda ser carne (transubstanciación), y la posibilidad de que la Tierra empezase a existir cientos de miles de años después de que el primer Homo Sapiens deambulara por ella. De la misma forma, la idea de que las cosas pueden actuar sólo de acuerdo con su naturaleza excluye la posibilidad de milagros; así que podemos olvidarnos de la Inmaculada Concepción, de un nacimiento virginal (de Jesús), de vivir dentro de una ballena durante tres días, de caminar sobre el agua, de curaciones por fe, etc.

Está claro que la gente que insiste en creer en la existencia de Dios, en la vida después de la muerte, en el creacionismo, y en los milagros, no va a aceptar una filosofía en la que no caben esas cosas.

Los problemas con la filosofía de Rand están aumentando rápidamente, y no hemos hecho más que empezar.

Otro gran problema es la visión de Rand de que el hombre adquiere conocimiento por medio de la razón, la facultad que identifica e integra el material provisto por sus sentidos. Según Rand, sólo en la medida en que una persona observa la realidad por medio de sus sentidos — integra sus observaciones para formar conceptos, generalizaciones y principios; verifica sus ideas para que no tengan contradicciones; y verifica sus conclusiones para que sean consistentes con su siempre creciente red de integraciones basadas en observaciones — puede adquirir conocimiento. De hecho, según Rand, los seres humanos han adquirido cantidades masivas de conocimiento, y esa es la razón por la cual la ciencia ha avanzado hasta ahora y el hombre ha logrado tanto. (2)

Pero bueno, esa visión no les caerá bien a los escépticos, a los pragmáticos, y a los postmodernistas, que sostienen que el hombre no puede adquirir conocimiento. . . por lo menos no un conocimiento de la realidad. Como los aparatos sensoriales del hombre procesan todos los datos entrantes antes de que lleguen a su consciencia — argumentan esos escépticos — el hombre es consciente, no de una realidad externa o de un mundo allá afuera, sino más bien de modificaciones o distorsiones internas.

“Ningún ser humano ha experimentado jamás un mundo objetivo, ni siquiera un mundo de cualquier tipo”, escribe Sam Harris. “Lo que ves, lo que oyes, y los latidos que sientes” son consecuencias de datos procesados: de datos que han sido “estructurados, editados o amplificados por el sistema nervioso”. Por lo tanto, “El mundo que tú ves y oyes no es nada más que una modificación de tu consciencia”. (3)

Ese punto de vista tan popular tiene sus raíces en las ideas de Immanuel Kant, que escribió: “Lo que los objetos puedan ser en sí mismos, y aparte de toda esa receptividad de nuestra sensibilidad [o sea, percepción], sigue siendo algo totalmente desconocido para nosotros”. Una vez que entendemos eso, dice Kant, “nos damos cuenta de que no sólo son las gotas de lluvia meras apariencias, sino que incluso su forma redonda, incluso el espacio por el que caen, no son nada en sí mismos, sino meramente modificaciones” dentro de la consciencia. En principio, dice Kant, el verdadero objeto — el objeto como realmente es — sigue siendo desconocido para nosotros. (4)

Ciertamente, dice Kant, es un error incluso considerar a “los objetos externos” como “cosas en sí mismas que existen independientemente de nosotros y de nuestra sensibilidad, y que están por lo tanto fuera de nosotros”. La verdad, dice, es que “los objetos externos” son “meras apariencias” o “especies de representaciones [internas]”, y las cosas que percibimos “son algo sólo a través de esas representaciones. Aparte de ellas, no son nada”. (5)

Cuando los filósofos o los intelectuales afirman que no podemos conocer la realidad porque nuestros aparatos sensoriales distorsionan los datos antes de que lleguen a la consciencia, ellos pueden parecer profundos o impresionantes (por lo menos lo parecen entre ellos). Pero aquí viene Ayn Rand señalando que tales afirmaciones equivalen a la visión de que “el hombre es ciego porque tiene ojos; sordo, porque tiene oídos; iluso, porque tiene una mente; y las cosas que percibe no existen, porque él las percibe”. (6)

Como podéis imaginar, ese tipo de clarísimas explicaciones, que abundan en las obras de Rand, pueden hacer que los escépticos se sientan tan ignorantes como dicen ser. Así que ese es otro problema con la filosofía de Rand.

Además, Rand afirma que la razón es él único medio que tiene el hombre de conseguir conocimiento. (7) Eso excluye la posibilidad de que revelación, fe, emociones, o percepción extrasensorial (ESP) sean medios de conocimiento. Según ella, aceptar ideas que no estén respaldadas por la evidencia es errar. Así que Rand ve todas las formas de misticismo — todas las alegaciones de tener medios de conocimiento no-sensoriales, no-racionales — como infundadas, arbitrarias e ilegítimas.

Eso, por supuesto, no será muy bienvenido por religiosos, subjetivistas, espiritistas, o por otros que aleguen poder adquirir conocimiento por medios no-sensoriales y no-racionales.

Y ahora vienen un montón de problemas generados por la idea de Rand del libre albedrío.

Rand afirma que las personas ciertamente tienen libre albedrío, y que esa voluntad radica en una elección fundamental: pensar o no pensar, enfocar la mente de uno o no hacerlo, guiarse por los hechos o guiarse por los sentimientos. (8) Los problemas con esa idea se manifiestan en varios niveles.

Para empezar, si las personas tienen libre albedrío, entonces no sólo sus decisiones son su propia responsabilidad, sino que también lo son las consecuencias de sus decisiones. Si una persona normalmente decide pensar, y si ese pensar le guía para montar una empresa y ganar mucho dinero, entonces la empresa y el dinero son sus logros. Asimismo, si una persona normalmente decide no pensar, y si ese no-pensar hace que sea pobre y miserable, entonces su pobreza y su miseria son su propia culpa.

Pues ya sabemos que igualitaristas, socialistas, comunistas y similares no van a aceptar eso ni de lejos. La gente que quiere organizar la sociedad de una forma que ignore o niegue toda responsabilidad personal no aceptará una filosofía que defiende el principio mismo que da lugar a la responsabilidad personal y la hace necesaria.

Tampoco la idea de Rand del libre albedrío le caerá bien a los judíos, a los cristianos, o a los musulmanes que se toman en serio su religión. Si la gente realmente decide pensar o no pensar, entonces la noción de un “Dios” omnipotente y omnisciente se cae por la borda. Pensad en eso: si las personas son libres de pensar o no pensar, entonces sean cuales sean los poderes que ese supuesto Dios tenga, él no puede saber de antemano qué alternativas van a decidir las personas. Si Dios existiese y supiera por adelantado cómo las personas irían a decidir, entonces esas “decisiones” estarían predeterminadas: por lo tanto, no serían auténticas decisiones. De la misma forma, si las personas son libres de pensar o no pensar, entonces Dios no puede obligarlas a decidir pensar. Ni tampoco puede obligarlas a decidir no pensar. Ya ves el problema.

En resumen, la visión de Rand del libre albedrío no deja espacio para la existencia de un Dios todopoderoso y omnisciente. Eso no le sentará bien a cualquiera que insista en que un Dios así sí existe.

Y eso no es más que la punta del iceberg del libre albedrío de Rand. La forma que tiene de ver la voluntad lleva a todo un conjunto de problemas adicionales. Veamos unos cuantos de ellos.

Si las personas deciden pensar o no pensar, entonces deciden también todas las acciones que están gobernadas por esa decisión fundamental. Por ejemplo, en la visión de Rand, una persona puede decidir ser honesta o deshonesta. Puede negarse a fingir que los hechos son distintos a lo que son, o puede decidir embarcarse en esa ficción. (9) Y es importante observar que lo que piensa Rand sobre honestidad y deshonestidad no se limita a decir la verdad en vez de mentir. Rand afirma que si una persona sabe que algo es verdad pero finge no saberlo, incluso aunque no esté mintiendo a terceros sobre ello — aunque mantenga esa ficción sólo en su mente — está siendo deshonesta. Por ejemplo, según Rand, si una persona sabe que un amigo ha actuado injustamente pero finge no saberlo, está siendo deshonesta. Y si una persona sabe que le debe una disculpa a alguien pero no la ofrece, está siendo deshonesta. En tales casos, aunque la persona no haya mentido, de todas formas está fingiendo que los hechos son diferentes a lo que son.

Pero claro, las personas que deciden de vez en cuando fingir que no saben lo que saben — y quieren seguir haciéndolo — no van a aceptar una filosofía que diga que ellas son capaces de parar de autoengañarse, y que son moralmente corruptas si no lo hacen. (Por supuesto, ellas podrían fingir aceptarla, pero eso es otra cuestión).

Igualmente, en la visión de Rand, una persona puede decidir pensar por sí misma, o puede acudir a otros y esperar que sean ellos quienes piensen por ella. En otras palabras, una persona puede tener un pensamiento independiente, o hacer lo que Rand llamó “vivir de segunda mano”. (10) (Un ejemplo de pensamiento independiente sería alguien que lee las obras de un filósofo y decide por sí mismo si tienen sentido o no. Un ejemplo de vivir de segunda mano sería  un tipo acudiendo a otros para ver lo que ellos dicen que él debería pensar sobre las ideas de ese filósofo.) La insistencia de Rand en que las personas deban enfrentar la realidad y pensar por sí mismas por cuestión de un principio inquebrantable es un problema. . . porque muchas personas tienen miedo de pensar por sí mismas. Muchas personas prefieren evitar ese esfuerzo, eludir esa responsabilidad, y aceptar pasivamente las ideas de su grupo, de su líder, de su tribu. Esas personas no van a aceptar una filosofía que promueve el pensamiento independiente como una virtud fundamental.

Lo cual nos lleva al meollo de todos los problemas con la filosofía de Ayn Rand, y al objeto de todo este asunto.

Los principios de Rand mencionados arriba pidiendo que las personas defiendan la razón, sean honestas y piensen por sí mismas son una parte integrante del código moral que ella llamó “egoísmo racional” o “interés propio racional”. Ese código moral afirma que el estándar objetivo de valor moral es la vida del hombre, y con ello Rand se refiere a los requerimientos de la vida humana dado el tipo de seres que somos los humanos. En su visión, al ser los seres humanos racionales — seres cuyo medio básico de supervivencia es el uso de la razón — lo que sustenta y fomenta la vida de un ser racional es bueno (o moral), y lo que daña o destruye la vida de un ser racional es malo (o malvado). (11)

Además, puesto que Rand ve a los seres humanos como individuos — cada uno con su propio cuerpo, su propia mente, su propia vida — ella sostiene que la vida de cada individuo es apropiadamente su máximo valor. Ella sostiene que cada individuo debe decidir ir en busca de los valores que sirven a su propia vida, y que nunca debe renunciar a un valor mayor en aras de uno menor, nunca debe cometer un sacrificio. Ella lo expresa así:

“El hombre (cada hombre) es un fin en sí mismo, no un medio para los fines de otros. Debe existir por su propio esfuerzo, sin sacrificarse a otros ni sacrificar a otros a él. La búsqueda de su propio interés racional y de su propia felicidad es el mayor objetivo moral de su vida”. (12)

Bueno, está claro que ese código moral no satisfará a quienes quieran mantener la noción tradicional de que las personas tienen el deber moral de sacrificarse a sí mismas o a sus valores en beneficio de otros (o sea, altruismo). Ni satisfará a quienes sientan tener el derecho moral de sacrificar a otras personas cuando les plazca y como les plazca (depredación).

Rand considera no sólo que tanto el autosacrificio como el sacrificio de otros son inmorales; ella considera también que el inicio de cualquier forma o tipo de fuerza física contra otros seres humanos es apropiadamente ilegal. En sus palabras, la característica esencial de una sociedad civilizada es que “los hombres tratan entre sí, no como víctimas y verdugos, no como amos y esclavos, sino como comerciantes, mediante intercambios libres y voluntarios para beneficio mutuo”; y que “ningún hombre puede obtener valores de otros recurriendo a la fuerza física, y ningún hombre puede iniciar el uso de la fuerza física contra otros”. (13)

No es necesario decir que la defensa a ultranza que hace Rand de los intercambios voluntarios para beneficio mutuo, y su oposición moral al uso de la fuerza como medio de obtener valores de las personas, no les caerá bien a las personas o a los gobiernos que quieren usar la fuerza para obtener valores de la gente. Los criminales que quieren robar los bienes de las personas, cometer fraudes, violar a personas, o violar los derechos de cualquier otra forma, no aceptarán un código moral que les prohibe hacerlo. Asimismo, los gobiernos que quieren forzar a la gente a servir “al bien común”, o “a la comunidad”, o “a la raza superior”, o a algún otro “amo”, no reconocerán ni defenderán una moralidad que les prohiba iniciar la fuerza física contra las personas. Y los empresarios traficantes de influencias que quieren que el gobierno controle, regule o paralice a sus competidores  por la fuerza tampoco reconocerán ni defenderán un código moral que prohiba tal forma de coerción.

Ese problema — la oposición moral de Rand al uso de la fuerza física contra seres humanos — está en la base misma de su teoría política, donde sirve de puente entre su código moral y su visión política. Aquí es donde la teoría de los derechos de Rand entra en escena. Como ella lo expresa:

“`Derechos´ son un concepto moral, el concepto que proporciona una transición lógica desde los principios que guían las acciones de un individuo a los principios que guían su relación con otros — el concepto que preserva y protege la moralidad individual en un contexto social — el vínculo entre el código moral de un hombre y el código legal de una sociedad, entre ética y política. Los derechos individuales son el medio de subordinar la sociedad a la ley moral. (14)

Rand ve los derechos individuales como el principio rector de una sociedad civilizada porque ella ve los derechos como derivados de la naturaleza del hombre y como requerimientos de su vida en un contexto social. Ella elabora:

“Un `derecho´ es un principio moral que define y sanciona la libertad de acción de un hombre en un contexto social. Sólo existe un derecho fundamental (todos los demás son sus consecuencias o corolarios): el derecho del hombre a su propia vida. La vida es un proceso de acción auto-sustentada y auto-generada; el derecho a la vida significa el derecho a efectuar acciones de auto-sustentación y auto-generación, o sea: la libertad para tomar todas las medidas requeridas por la naturaleza de un ser racional para mantener, mejorar, realizar y disfrutar de su propia vida. (Ese es el significado del derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.)” (15)

Según Rand, “la única función válida del Gobierno es proteger los derechos individuales, eliminando la fuerza física de las relaciones sociales, y usando la fuerza sólo como represalia y sólo contra quienes iniciaron su uso”. (16)

Claramente, nadie que quiera que el Gobierno haga más que eso aceptará la filosofía de Rand. Nadie que quiera que el Gobierno redistribuya la riqueza por la fuerza — o que prohiba determinados tipos de libertad expresión, o que prohiba determinados tipos de sexo adulto consentido, o que limite la libertad de cualquier otra forma — aceptará una filosofía que exija por principio el reconocimiento y la protección absoluta de los derechos individuales.

Un último problema que vale la pena mencionar sobre Rand y su filosofía es que ella escribió en un inglés claro e inteligible, definiendo sus términos claramente y por principio, así que cualquiera interesado en entender sus ideas puede hacerlo con relativa facilidad. Con ese objetivo, además de presentar sus ideas en varias obras de no ficción, Rand las dramatizó en una ficción fascinante — en novelas como El Manantial y La Rebelión de Atlas — permitiendo así que las personas viesen sus ideas en la práctica. Pero vaya, eso no encaja bien con los filósofos o los académicos modernos que insisten en que la filosofía debe escribirse como una jerga academicista, técnica, o como una niebla impenetrable. Y tampoco será aprobada por cualquiera que sienta que dramatizar o concretar ideas en forma de ficción de alguna forma las descalifica.

Podríamos seguir. La filosofía de Rand conlleva muchos problemas adicionales. Pero lo anterior es una indicación concisa de los problemas que causa.

Así que la próxima vez que surja el tema de qué está mal con las ideas de Ayn Rand, asegúrate de compartir este breve bosquejo sobre los tipos de problemas relevantes. Es mejor que la gente sepa qué es lo que está mal con las verdaderas ideas de Rand, que perder el tiempo viendo cómo alguien derrumba a hombres de paja.

Notas

1 Ayn Rand, “This is John Galt Speaking,” in Ayn Rand, For the New Intellectual (New York: Signet, 1961), esp. 124–52.

2 “For the New Intellectual”; Ayn Rand, “This is John Galt Speaking,” in For the New Intellectual; and Rand, Introduction to Objectivist Epistemology, 2nd ed., edited by Harry Binswanger and Leonard Peikoff (New York: Penguin, 1990).

3 Sam Harris, The End of Faith: Religion, Terror, and the Future of Reason (New York: W. W. Norton, 2004), 41.

4 Immanuel Kant, Critique of Pure Reason, translated by Norman Kemp Smith (New York: St. Martin’s, 1965), 82–85.

5 Kant, Critique of Pure Reason, 346.

6 Ayn Rand, “For the New Intellectual,” 32.

7 Ayn Rand, “What Is Capitalism?” in Capitalism: The Unknown Ideal (New York: Signet, 1967), 16.

8 Ayn Rand, “This is John Galt Speaking,” 120–27.

9 Ayn Rand, “This is John Galt Speaking,” 129; Leonard Peikoff, Objectivism: The Philosophy of Ayn Rand (New York: Meridian, 1993), 267.

10 Ayn Rand, “The Nature of the Second-Hander,” in For the New Intellectual, 68–71; see also Ayn Rand, Journals of Ayn Rand, edited by David Harriman (New York: Dutton, 1997), esp. 90–91, 293–294, 416.

11 Ayn Rand, “The Objectivist Ethics,” in The Virtue of Selfishness (New York: Signet, 1964), esp. 21–28.

12 Ayn Rand, “Introducing Objectivism,” in The Voice of Reason (New York: Meridian, 1989), 4.

13 Rand, “Introducing Objectivism,” 4.

14 Ayn Rand, “Man’s Rights,” in Virtue of Selfishness, 108–10.

15 Ayn Rand, “Man’s Rights,” 110.

16 Ayn Rand, “What Is Capitalism?,” in Capitalism: The Unknown Ideal (New York: Signet, 1967), 19.

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por Craig Biddle, presidente de The Objective Standard

Artículo traducido, editado y publicado por << Objetivismo.org >> con la colaboración de Miguel Roldán, y con permiso explícito del autor. Derechos reservados. Ver original aquí.

Craig Biddle es un autor y conferenciante que se centra en los principios filosóficos que apoyan y promueven el florecimiento humano y la libertad política. Craig es editor de The Objective Standard, y el autor de Loving Life: The Morality of Self-Interest and the Facts that Support It, así como de su próximo libro: La fruta prohibida para adolescentes: las verdades morales que tus padres, tus predicadores y tus maestros no quieren que sepas. Otro libro en progreso es “Pensando en principios”.

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Publicado por: abril 11, 2018 4:36 pm

2 Comentarios

2 Comentarios

2 respuesta a “Lo que está mal en la filosofía de Ayn Rand”

  • Hedonista says:

    Si la redistribución forzosa de la riqueza es inmoral, lo es en todo sentido. Entonces las recetas del Fondo Monetario Internacional que usando el poder coercitivo del estado arrebatan riqueza a una parte de la población para enriquecer a otra serían tan inmorales como el comunismo. Apreciar o depreciar el valor de un bien o un servicio debería depender solo de la dinámica del mercado.

  • SWS says:

    “Gobierno” es una mala traducción de “Government”. Se lo considera un “falso amigo”. La correcta traducción es “Estado”.

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