«Los paralelismos ominosos» (reseña del libro)

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Cuando se escriba la historia del siglo XX, una cosa destacará sobre todas las demás: el crecimiento del poder del Estado sobre las vidas de toda la humanidad. El Estado nos trajo guerras, campos de concentración y asesinatos en masa. Millones de sepulturas están llenas con los resultados.

¿Qué lo causó, y cómo podemos luchar contra ello? Esa es la pregunta a la que el filósofo Leonard Peikoff ha tratado de responder en su brillante libro, Los paralelismos ominosos: el fin de la libertad en USA.

Peikoff escribe sobre los paralelismos que hay entre el nazismo y la USA de hoy, unos Estados Unidos de América que él ve amenazados por un creciente irracionalismo y colectivismo. Según Peikoff, el nazismo fue causado por ideas sobre la naturaleza del hombre, sobre el conocimiento, la moralidad y la política. Y esas mismas ideas son las que hoy se están extendiendo en Norteamérica.

¿Cómo ocurrió el nazismo? A fin de cuentas, como Peikoff observa, «Los nazis no eran una tribu de salvajes prehistóricos. Sus crímenes fueron los actos y las políticas oficiales y legales de la Alemania moderna – una nación de la Europa Occidental educada, industrializada, civilizada, una nación reconocida en el mundo entero por la brillantez de sus logros intelectuales y culturales». Y sin embargo esa civilizada nación abrazó atrocidades brutales que condujeron a campos de concentración, cámaras de gas, y guerra.

Peikoff identifica que las ideas detrás de este monstruoso sistema fueron originadas por la influencia predominante de los filósofos alemanes del siglo XVIII y XIX, especialmente de Kant y Hegel. En el alba de la era científica y tecnológica, los intelectuales socavaron la razón; mientras la libertad individual emergía del feudalismo de la Edad Media, ellos socavaron el individualismo; y mientras la libertad nacía a la sombra de un Estado maniatado, ellos socavaron la libertad y consagraron a un Estado omnipotente.

El colectivismo – la noción de que el grupo, el colectivo, tiene primacía sobre el individuo, que el individuo, en el fondo, debe servirle al Estado – rápidamente llegó a dominar el pensamiento europeo.

Hacia finales del siglo XIX, muchos jóvenes intelectuales norteamericanos estaban afanosamente estudiando en Europa, sobre todo en Inglaterra y en la Alemania de Bismark.

Los capítulos más impresionantes del libro Los paralelismos ominosos son los siete que tratan con Alemania. En el capítulo llamado “La República Emocionalista”, Peikoff analiza las ideas irracionales, anticapitalistas y socialistas que impregnaron todos los segmentos de la cultura alemana. “La Cultura del Odio” se centra en cómo hicieron chivos expiatorios de capitalistas y judíos. Y, en un brillante tour de force en tres fascinantes capítulos – “Los Asesinos Toman el Mando”, “Hitler en el Poder” y “Los Campos de Concentración” – Peikoff nos muestra cómo principios filosóficos pueden convertirse en una realidad brutal. En ningún lugar fue el individuo menos valorado que en Dachau y Auschwitz.

Si esos capítulos son asustadores, los tres siguientes – sobre la Norteamérica contemporánea – son verdaderamente espeluznantes. Peikoff identifica exactamente las mismas tendencias intelectuales que eran comúnmente aceptadas en la Alemania de los años 1920, en los Estados Unidos de hoy. Él explica en detalle el crecimiento de movimientos irracionales, de cultos con sus respectivos gurús místicos, del uso de los empresarios como chivos expiatorios, y la aceptación cada vez mayor de la supremacía del Estado. En el último capítulo, Peikoff ofrece como antídoto la filosofía de la razón, del individualismo y del capitalismo creada por Ayn Rand.

Los paralelismos ominosos es un libro profundamente perturbador. Su tesis es que las ideas tienen consecuencias, y que las ideas  dominantes de hoy nos están llevando al camino de la esclavitud. Separadamente, el analista Kevin Phillips, en La América Post-Conservadora, predice el surgimiento de una “marca típicamente americana de autoritarismo”, y otros han señalado la misma posibilidad. Donde Peikoff difiere es en su método de análisis: no en rebuscar respuestas en encuestas de opinión y datos demográficos, sino en el frío análisis de las ideas que son tan habituales en esta cultura.

Como Ayn Rand escribe en su introducción a este libro, “Si no quieres ser víctima de la quiebra filosófica de hoy, te recomiendo Los paralelismos ominosos como protección y munición. Te protegerá para que no apoyes, sin darte cuenta, las ideas que te están destruyendo a ti y al mundo. Le pondrá orden al caos de los acontecimientos actuales, y te mostrará tanto la inmensidad de la batalla como la insignificante pequeñez del enemigo”. Al recordarnos el mensaje fundamental que, de hecho, fue el significado de la vida de Ayn Rand, Los paralelismos ominosos hace exactamente eso.

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Los paralelismos ominosos: El Fin de la Libertad en USA, Por Leonard Peikoff, con una Introducción de Ayn Rand. Esta es una reseña escrita por Roy A. Childs, Jr., con motivo de la publicación del libro en Agosto 1982.

Hasta este momento (marzo del 2013) este libro no ha sido traducido al castellano, y por el momento no hay planes de que sea traducido. El libro en inglés puede conseguirse en librerías, en Amazon.com, o en el Ayn Rand Institute.

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Publicado por: febrero 28, 2013 12:42 pm

3 Comentarios

3 Comentarios

3 respuesta a “«Los paralelismos ominosos» (reseña del libro)”

  • Erick says:

    Estoy en proceso de terminar mi curso de ingles. Y este libro esta en mi lista de los primeros que voy a adquirir

  • JUAN ANTONIO says:

    A veces se olvida que mucho antes (1917) los bolcheviques instauraron un régimen de terror absolutamente implacable, que a medida que pasaba el tiempo iba a peor. Lenin fué brutal (se fusiló en los primeros años a mas gente que durante los zares), y de Stalin se puede decir que perfeccionó al máximo la máquina exterminadora comunista. En general los campos de trabajo forzoso y exterminio fueron introducidos y perfeccionados por Lenin, después multiplicados por centenares con Stalin, muchísimo tiempo antes que Hitler. Sin descontar que los nazis fueron unos hijos de perra, en todos los aspectos, aparte de unos asesinos de la peor calaña, los comunistas fueron y son, desde su misma plasmación práctica (año 1917) los peores asesinos y arruinadores de muchas naciones, a las que les ha costado y aún les cuesta, salir del mas absoluto subdesarrollo y miseria que ha habido en siglos. Y no exagero para nada.

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