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Llora por mí, Argentina

Quien ignora el pasado está condenado a repetirlo: de potencia mundial a paria en unas pocas décadas.

(republicado con motivo de las elecciones presidenciales preliminares en Argentina, agosto del 2019).

Quizás hace cien años algún idealista mal informado pudiese ser disculpado por imaginar que el socialismo podría llegar a ser el sistema ideal. Después de los desastres económicos, la destrucción y la muerte de millones de personas que esa ideología nos trajo durante el siglo XX, ya nadie tiene más excusa. Los políticos de hoy son culpables de mucho más que una estupidez arrogante, son culpables de esclavizar a generaciones futuras y condenarlos a la pobreza y la miseria. Los políticos habrán desaparecido de la faz de la tierra cuando todo estalle, estarán tan muertos y fríos como Juan Perón cuando a nuestros hijos y nietos les toque pagar por su ciega arrogancia.

Hace 100 años Argentina era uno de los países más ricos del mundo. Mientras que el poderío marítimo y su extenso imperio habían llevado a Gran Bretaña a una posición dominante entre las naciones industrializadas, sólo Estados Unidos y Argentina pugnaban por ser la segunda economía más poderosa del mundo.

Argentina había sido bendecida con abundante agricultura, vastas extensiones de tierra fértil cruzada por ríos navegables, y un sistema de puertos de mar muy accesibles. Su nivel de industrialización era más alto que el de muchos países europeos en esa época: ferrocarriles, automóviles y teléfonos eran la norma.

El inicio del desastre

Justamente hace cien años, en 1916, fue elegido un nuevo presidente, Hipólito Irigoyen, que había formado un partido llamado Los Radicales bajo un lema de «cambio fundamental», con un llamamiento a la clase media.

Entre los cambios propuestos por Irigoyen: seguros de pensiones obligatorios, seguro de salud obligatorio, y subsidios para la construcción de viviendas para personas de bajos ingresos con el fin de estimular la economía. En suma, el Estado comenzó a asumir control económico de gran parte de las operaciones del país y a recaudar nuevos impuestos sobre los salarios del pueblo para financiar sus planes.

Con el creciente flujo de fondos hacia estos programas de subsidios, las dádivas del gobierno pronto se hicieron excesivamente generosas; en poco tiempo sus gastos superaron el valor de los impuestos de los contribuyentes. De esa forma, rápidamente empezaron a faltar fondos – nada diferente de lo que ocurre con programas gubernamentales de Seguridad Social o Asistencia Médica en todo el mundo.

Intervencionismo institucionalizado

La sentencia de muerte para la economía argentina, sin embargo, llegó con la elección de Juan Domingo Perón. Perón había sido educado como fascista, y él y su carismática esposa dirigieron su retórica populista contra los ricos de la nación. Pero rápidamente este grupo inicial de “los ricos” se fue extendiendo hasta abarcar a la mayoría de la clase media que tenía alguna propiedad, y así fue definido el enemigo a ser derrotado y humillado.

Bajo Perón el tamaño de las burocracias gubernamentales explotó con programas masivos de gasto social y el fomento del crecimiento de los sindicatos. Los altos impuestos y la mala gestión económica dejaron su inevitable huella incluso después de que Perón fuera destituido de su cargo, pero la retórica populista y el «desprecio por la realidad económica» continuó. El gobierno federal de la Argentina siguió gastando mucho más allá de sus medios.

La hiperinflación estalló en 1989, la etapa final de un proceso caracterizado por «el proteccionismo industrial, la redistribución de la renta basada en aumentos de salarios, y la creciente intervención estatal en la economía …».

La práctica del gobierno argentino de imprimir dinero para pagar sus deudas públicas destruyó la economía. La inflación alcanzó un 3000%, con reminiscencias de la República de Weimar en Alemania varias décadas antes. Los disturbios por conseguir alimentos se hicieron frecuentes; tiendas fueron saqueadas; el país se sumió en el caos.

Controles generan más controles

En 1994, las pensiones públicas de Argentina – su sistema de Seguridad Social – se auto-destruyó. El impuesto sobre la nómina había aumentado del 5 al 26%, pero eso no había sido suficiente; además, el gobierno había instituido un impuesto al valor agregado (IVA), nuevos impuestos sobre la renta, un impuesto personal sobre la riqueza y los ingresos adicionales basados en la venta de empresas públicas. Todo esto aniquiló al sector privado, dañando aún más la economía.

Hubo una tentativa «privatización» controlada por el gobierno para rescatar las pensiones de los ancianos, pero en 2001 el gobierno también se había embolsado esos fondos, sustituyendo el dinero por bonos del gobierno Argentino – bonos sin fondos respaldados por un gobierno en bancarrota. En 2002 la irresponsabilidad fiscal del gobierno provocó una crisis económica nacional tan grave como la Gran Depresión en los Estados Unidos. Y lo peor es que son «incapaces» de aprender: el gobierno actual de Kirchner sigue por el mismo camino y no tiene problema con el saqueo a la vista de todos.

Pues sí. Hemos visto esta película antes. Los planes populistas de los políticos NUNCA funcionan – no sólo porque el poder corrompe y lleva a la quiebra todo lo que el gobierno toca, sino porque el uso de la fuerza paraliza las mentes productivas y con ello la creatividad, la producción, el desarrollo, el empleo. Para quienes quieran escuchar, la historia nos está diciendo a gritos y una y otra vez que no podemos aguantar las intervenciones del gobierno en la economía y un gasto público irresponsable. Los controles gubernamentales del gobierno en la banca, la salud, los negocios, en cualquier asunto económico, en cualquier época y en cualquier país, conducen al desastre. Eso es un principio.

Quizás hace cien años algún idealista mal informado pudiese ser disculpado por imaginar que el socialismo podría ser el sistema ideal. Después de los desastres económicos, la destrucción y la muerte de millones de personas que esa ideología nos trajo durante el siglo XX, nadie tiene más excusa. Los políticos de hoy son culpables de mucho más que una estupidez arrogante, son culpables de esclavizar a generaciones futuras y condenarlos a la pobreza y la miseria. Los políticos habrán desaparecido de la faz de la tierra cuando todo estalle, estarán tan muertos y fríos como Juan Perón cuando a nuestros hijos y nietos les toque pagar por su ciega arrogancia.

«Cuando las barbas de tu  vecino veas pelar. . . «

. . . pon las tuyas a remojar». Hay pocas cuestiones tan serias como esta, por las que vale la pena luchar. No es sólo un asunto político, es ante todo un asunto moral. Como dijo Ayn Rand: “El problema básico en el mundo hoy es la elección entre dos principios: Individualismo y Colectivismo”. Sí, los políticos son culpables, pero si les permitimos repetir los fracasos de la historia nosotros también lo somos.

Llora por mí, Argentina. Llora por mí, Brasil. Llora por mí, España. Llora por mí, Estados Unidos. Llora por mí, México. Llora por mí, Venezuela. Llorad por cada uno de nosotros, todos los países con economías mixtas que están aboliendo gradualmente las libertades individuales y encaminándonos al desastre.

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Por Domingo García — presidente de Objetivismo Internacional

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en cuanto al comentario de guido que le dice falso a «que había muchísimos pobres antes de irigoyen» sin dar razón valida para desmentirlo solo afirmando que en esa época mucha gente venia a argentina y no a otros países… Leer más »

Ayn Rand

El amor es ciego, dicen; el sexo es impenetrable a la razón y se burla del poder de todos los filósofos. Pero, de hecho, la elección sexual de un hombre es el resultado y la suma de sus convicciones fundamentales.

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