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Contradicciones del «Anarco-Capitalismo»

Esto es en respuesta a varios argumentos adicionales (aunque secundarios) a favor del anarquismo.

El primero podríamos llamarlo el argumento de la libertad moral. Este argumento sostiene que es incorrecto imponer cualquier moralidad por la fuerza, y que el gobierno, al ser un monopolio, necesariamente lo tiene que hacer. La alternativa a imponer la moralidad por la fuerza, dicen, es permitir que mil flores florezcan, las “agencias de defensa”, que no sean monopolios, y que cada una de ellas atraiga, de manera voluntaria, a los «clientes» que acepten la perspectiva moral de cada agencia específica.

Al igual que con cualquier otro argumento de «gobiernos en competencia», esto conduce al pacifismo. El pacifismo es la forma más consistente de anarquismo, dentro de lo que cabe. Pocos anarquistas, sin embargo, se dan cuenta de eso. Asumen implícitamente que existe tal cosa como fuerza física que le permite a los que no están de acuerdo seguir su propio camino. Pero fuerza es fuerza: es el sometimiento «monopolista» de la voluntad de otro a la de uno. Así que siempre que haya un uso legítimo de la fuerza, esa fuerza ha de ser fuerza usada para imponer la moralidad que hace que sea legítima. La única alternativa es exigir que nadie use la fuerza, o sea: el pacifismo.

Concretemos esto. Si alguien me dispara y yo respondo disparándole a él, estoy usando la fuerza para imponerle mi moralidad – la moralidad de la no iniciación de la fuerza – a la persona que me está disparando. Si no lo hiciera, para evitar imponer mi moralidad por la fuerza tendría que tratar de persuadirlo de que no me matara, ya que no puedo usar la fuerza contra él.

Tened en cuenta dos cosas:

1. Es verdad que en un cierto sentido está mal que el gobierno «imponga la moralidad», lo cual es válido pero no tiene nada que ver con las ideas anarquistas. Está mal que el gobierno intente hacer que los hombres sean virtuosos; pero está bien que el gobierno establezca las condiciones sociales básicas – la libertad – necesarias que hagan posible que los hombres puedan actuar de forma virtuosa. La idea más amplia es esta:

«Un gobierno apropiado está basado en una filosofía específica, pero no puede tener ningún papel en promover esa filosofía. Tal responsabilidad le corresponde a los ciudadanos privados…» [Objetivismo: La Filosofía de Ayn Rand, por Leonard Peikoff]

Está mal que el gobierno les obligue a los hombres a ir a la iglesia, o a que dejen de ir a la iglesia; está bien que el gobierno use la fuerza como represalia para asegurar la libertad de los ciudadanos [que incluye ir o no a la iglesia]. La fuerza usada para mantener la libertad es fuerza usada para «imponer una moralidad», en ese sentido. Eso es así, independientemente de que la fuerza sea ejercida por el gobierno, por un grupo privado, o por un individuo. De nuevo, la única alternativa no es simplemente la ausencia de gobierno, sino la ausencia de fuerza como represalia, es decir, el pacifismo. Los «anarco-capitalistas» no consiguen entender esto, lo que nos lleva al segundo punto.

2. El anarquismo es un producto y una expresión del colectivismo.

¿Por qué no consiguen los «anarco-capitalistas» entender la cuestión anterior? Porque piensan en términos de grupos, en vez de individuos. Piensan en términos de «agencias de defensa», y se imaginan muchas agencias “compitiendo” entre sí (o sea, en conflicto entre ellas). Estos anarquistas no podrían evitar las implicaciones pacifistas de sus puntos de vista, si reconocieran que una «agencia de defensa» es simplemente un grupo de individuos. Cuando lo reducimos al nivel de interacción entre individuos, queda claro que el «no imponer la moralidad por la fuerza» significa que ningún individuo puede usar la fuerza para defenderse – exactamente igual que ocurre con el ejemplo anterior de no dispararle a quien te disparó primero.

Si dejamos de un lado la mentalidad colectivizada, vemos que anarquismo significaría que cualquier individuo puede «tomarse la justicia por su mano». Pero al usar la fuerza que él considera fuerza en retaliación (y que, por lo tanto, sería moral), está haciendo exactamente lo mismo que los anarquistas repudian cuando es el gobierno el que lo hace: intentar, por la fuerza, quitarle el uso “competitivo” de la fuerza al que la ha iniciado (digamos, un atracador). Si es moralmente correcto que un individuo se defienda por la fuerza, también es moralmente correcto que ese individuo se una a otros para hacerlo; o sea: que forme un gobierno.

Los mismos hechos que hacen que la legítima defensa individual sea moral – es decir, el derecho a la defensa propia – hace que la fuerza gubernamental sea moral, siempre que sea usada en defensa de los derechos de los individuos.

Toda fuerza, sea iniciada o en represalia, tiene como objetivo excluir a otros «competidores», quienes impondrían su propia voluntad por la fuerza. La fuerza es inherentemente «monopolística». Y la fuerza como represalia tampoco admite ninguna oposición o «competencia». Toda fuerza está basada en las ideas de quien la usa, y precisamente lo que intenta no es convencer, sino obligar a que otros actúen de acuerdo con esas ideas. Si uno piensa que nunca se debe usar la fuerza para imponer ninguna idea en otro, entonces tendrá que pensar que la fuerza como represalia también es mala.

El gobierno no es un super-organismo colectivo. Es el agente de aquellos individuos que lo han establecido y que lo soportan, al delegar en él su derecho a la defensa propia. Si esos individuos tienen derecho a defenderse a sí mismos, entonces el gobierno – como su agente – tiene derecho a ejercer la fuerza en represalia en nombre de ellos. Sólo alguien con una mentalidad colectivizada puede seguir pensando que la policía, actuando en nombre de otra persona, no puede por la fuerza excluir a su «competencia», pero que «una agencia de defensa» sí podría hacerlo.

Digámoslo de esta forma: un gobierno adecuado es una agencia de defensa, y para ejecutar su misión no puede permitir que «competidores» (otras pandillas) usen la fuerza sin supervisión. La importante diferencia entre un gobierno apropiado y una agencia de defensa privada es que el gobierno apropiado está puesto bajo un control objetivo. Así pues, los anarquistas que no son pacifistas se oponen, no a la fuerza como represalia, sino a que esta fuerza sea puesta bajo un control objetivo. Objetan a que haya objetividad.

El segundo argumento de los «anarco-capitalistas» es el argumento histórico: los gobiernos siempre han crecido más allá de sus límites válidos, así que debemos suponer que, inevitablemente, seguirán haciéndolo.

Este argumento ignora por qué el gobierno ha crecido. La causa es: una mala filosofía, específicamente el altruismo. La historia de los Estados Unidos muestra exactamente eso. Nuestro gobierno ha crecido mucho más allá de sus límites válidos porque los americanos han pensado que debería hacerlo así.

Son las ideas de los hombres las que gobiernan sus acciones y su política. No es la ambición de poder de los políticos, sino las ideas filosóficas de la ciudadanía lo que ha provocado la expansión del poder del estado desde que se fundaron los EE.UU. La ambición de poder de los políticos sería impotente en una sociedad cuya ciudadanía – y cuyos intelectuales – hubieran entendido todo lo que Ayn Rand nos ha enseñado.

¿Alguien piensa que si una persona con ambición de poder entrara en el Valle de Galt tendría alguna posibilidad de éxito? No se hable más.

Y si uno afirma que la mayoría de los hombres siempre serán demasiado irracionales para comprender que su propio interés requiere una sociedad libre, entonces uno simplemente tiene que abandonar y retirarse a una isla desierta. Uno no puede consistentemente defender ninguna idea – incluyendo el anarquismo – si la gran mayoría no atiende a razones.

Este último argumento anarquista es una variante de la contradicción, en la doctrina de Platón, sobre el filósofo-rey. Platón mantenía que «las masas» son inherentemente incapaces de distinguir las ideas filosóficas verdaderas de las ideas falsas que han sido astutamente presentadas (como los sofistas hacían en esa época). Sin embargo, de forma incongruente, Platón mantenía que la sociedad ideal sería aquella en la que los militares le impusieran la filosofía correcta (o sea, la de Platón) al populacho. Pero, ¿cómo podrían saber los militares quién es el filósofo correcto al que hay que seguir? ¿Cómo podrían saber a qué filósofo obedecer? ¿Y qué haría que la población se sometiese a las reglas de esos militares? A partir de la visión pesimista que tiene Platón del hombre normal, ningún filósofo-rey podría jamás llegar al poder o mantenerse en el poder.

De la misma manera, si «las masas» son demasiado irracionales para conseguir que el gobierno se mantenga dentro de sus límites correctos, entonces también son demasiado irracionales para conseguir que unas «agencias de defensa» se limiten a hacer su tarea, a defender de hecho a la gente.

Para atar un último cabo [argumento del mercado]: los «anarco-capitalistas» creen que «el mercado» mantendría a las agencias de defensa bajo control (esta es una visión colectivista del mercado). Pero recordad: lo que está en juego aquí es si llegará a haber mercado o no. Cuando la sociedad está en manos de pandillas en guerra constante, quien gana es el más sanguinario, no el más productivo.

Y este es un aspecto más en el que los «anarco-capitalistas» muestran que son realmente estatistas: equiparan el dólar con un arma, la producción con la fuerza. La Izquierda afirma que «las concentraciones de riqueza» en el mercado son coercitivas; los «anarco-capitalistas» afirman que la coerción es simplemente un servicio más en el mercado. Pero ambos están errados: los intercambios voluntarios no tienen nada que ver con las interacciones coercitivas.

La producción ha de estar estrictamente separada de la destrucción. El objetivo de una empresa es la creación de bienes y servicios para ofrecerlos en un mercado libre; el objetivo de quien usa la fuerza es la destrucción: destruir a los que destruyen, pero a fin de cuentas destrucción, no producción. No existe tal cosa como «un mercado del uso de la fuerza». Para que pueda existir un mercado, los que simplemente se apoderen de los bienes de otros deben ser tratados por la fuerza. Los beneficios de un libre mercado presuponen que la libertad ha sido establecida; los mecanismos del mercado no pueden establecer ni proteger las condiciones previas y necesarias para que exista ese mercado.

«Anarco-capitalismo» es una contradicción en términos. El capitalismo puede existir sólo cuando los derechos hayan sido protegidos. Para proteger los derechos, los delincuentes que inician la fuerza deben ser tratados por la fuerza. Pero el uso de la fuerza como represalia también debe ser puesto bajo un control objetivo, a través de un gobierno constitucionalmente limitado por leyes objetivas. Si no es así, el resultado no será «agencias de defensa compitiendo entre sí», sino una guerra civil. Esa guerra la ganará el bando que tenga el ejército más cruel y más poderoso. Y la fuerza, no el derecho, será lo que determine qué leyes serán implementadas.

En el mundo actual, anarquismo significa Líbano o Somalia. Vincular tales horrores con la benevolencia y la prosperidad del capitalismo es una obscenidad.

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(Complemento al artículo Anarquismo contra Objetivismo). Por Harry Binswanger, publicado en HBL https://hbletter.com el 20 de julio de 2011. Traducido y editado por Objetivismo.org con permiso del autor.

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El anarcocapitalismo no es una utopía, va a haber empresas de defensa que traten de tomar el poder o de implementar la sharia o cosas así. Cuando lo hagan la mayoría de otras compañías o incluso asociaciónes civiles se apuntaran… Leer más »

Rodrigo Muñoz Castro
Rodrigo Muñoz Castro

Su idea de anarquismo colectivista o anarquismo de izquierda es incoherente, violenta, una tiranía. Es incoherente por ofrecer una alternativa de sociedad basada en la libertad, y tener que someter, eliminar o expulsar a todo aquel que no quisiese adherir… Leer más »

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