Los pobres, los discapacitados y los desvalidos bajo el capitalismo

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[Nota del autor: Este escrito es una sección del capítulo 6, “Una sociedad civilizada: las condiciones necesarias”, de mi libro Loving Life: The Morality of Self-Interest and the Facts that Support It. (“La moralidad del interés propio y los hechos que la validan”). Esta sección viene después de haber mostrado cómo el principio de los derechos individuales se deriva de la observación y de la lógica, cómo el capitalismo puro (laissez-faire) protege los derechos al vedar la fuerza física de las relaciones sociales, y cómo un sistema jurídico capitalista juzga las disputas haciendo referencia a leyes de objetivas que protegen los derechos – Craig Biddle]

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Puesto que el capitalismo es el único sistema social en el que los tribunales defienden los principios de la ley objetiva – puesto que es el único sistema social en el que el gobierno protege los derechos individuales (incluidos los derechos de propiedad) – puesto que es el único sistema social en el que las personas pueden actuar plenamente de acuerdo con su propio juicio, y de esa forma vivir plenamente como seres humanos – el capitalismo es el único sistema social moral.

Pero, uno puede preguntar, ¿qué pasa con los pobres, los discapacitados y los desvalidos? ¿Cómo les va a ellos en el laissez-faire?

Para responder a esta pregunta, tengamos en cuenta que muy pocas personas están realmente indefensas o son incapaces de sustentarse a sí mismas; la gran mayoría de la gente es capaz de actuar como su vida requiere. Y si una persona decide vivir y es capaz de sustentarse a sí misma, tiene la responsabilidad moral de hacerlo; si se niega a sustentarse, y en vez hacerlo, pide limosna, o busca subsidios, está actuando de forma parasitaria e inmoral.

Con eso en mente, consideremos la situación de los pobres, los discapacitados y los desvalidos en un sistema verdaderamente capitalista. Pero veámoslos de uno en uno, porque no son necesariamente lo mismo.

En cuanto a los pobres: el capitalismo deja a cada individuo libre para pensar, trabajar y ganar tanto dinero como él esté dispuesto a ganar y sea capaz de ganar. Ningún otro sistema social en la Tierra hace eso. En una sociedad capitalista, si una persona pobre quiere salir de la pobreza – como han innumerables personas pobres – es totalmente libre de hacerlo. Aunque, por supuesto, si no quiere, no tiene que hacerlo; la decisión es suya, y nadie puede forzarlo de una forma u otra.

Algunas personas no están interesadas en ser ricas, pero esto no las hace inmorales. Mientras que un artista o un jardinero puede ser financieramente pobre, por ese hecho él no es menos moral que un CEO o un atleta que es financieramente rico. La riqueza monetaria de una persona no determina su estatus moral. Sus decisiones y sus acciones sí lo hacen: ¿Son racionales, irracionales? ¿Promueven la vida, o la malogran? ¿Son egoístas, o desinteresados? ¿Honestos, o deshonestos? Moralmente hablando, eso es lo que importa. Si tener más dinero es honestamente importante para una persona, debe actuar en consecuencia, por ejemplo, buscando un trabajo mejor remunerado, invirtiendo su dinero más sabiamente, o empezando un negocio propio. Y el capitalismo no sólo deja a todo el mundo – incluso a los pobres – completamente libre de hacerlo, sino que además proporciona un flujo cada vez mayor de posibilidades educativas y de oportunidades de hacer dinero.

En cuanto a los discapacitados: el capitalismo les deja libres para que compensen sus discapacidades a través de cualquier capacidad restante que puedan tener. De nuevo, ningún otro sistema social en la Tierra hace esto. En una sociedad capitalista, si una persona carece de capacidad en algún aspecto pero tiene capacidades en otros, esa persona es totalmente libre de usar sus capacidades existentes para apoyar y promover su vida, como hacen muchas personas discapacitadas. Por ejemplo: Una persona sorda puede optar por seguir una carrera en genética, en arquitectura, o en contabilidad. Una persona ciega puede optar por seguir una carrera en música, en la radio, o en psicología. Un parapléjico podría optar por seguir una carrera en derecho, en educación, o como escritor. Y hoy, con la tecnología que hacen posible los mercados más libres, incluso un tetrapléjico puede aprender a mantenerse a sí mismo; podría perseguir una carrera en finanzas, en economía, o en programación de ordenadores.

Cuando las personas con discapacidad son totalmente libres de actuar en base a su criterio, normalmente siempre hay algo que pueden hacer para compensar sus deficiencias. Y el capitalismo no sólo les deja completamente libres para hacerlo, sino que también pone a su disposición un flujo cada vez mayor de tecnología habilitadora.

Y en cuanto a los desvalidos: Aquí es crucial reconocer que realmente muy pocas personas caen en esta categoría extremadamente desafortunada. A esta altura, estamos hablando solamente de personas que están severamente retrasadas, tienen una enfermedad totalmente debilitante, o están perjudicados en la medida en que son incapaces de valerse por sí mismos de alguna forma. ¿Qué pasa con esas personas en una sociedad laissez-faire? El capitalismo deja a cada individuo libre para ofrecerles a esas personas tanta caridad como esté dispuesto a ofrecer y pueda ofrecer. Una vez más, ningún otro sistema social en la Tierra hace esto. En una sociedad capitalista, si una persona tiene los medios y el deseo de ayudar a los desvalidos – como mucha gente hace – tiene total libertad de hacerlo. Por supuesto, si no tiene los medios no puede ofrecerles ayuda. Y si aún teniendo los medios, no quiere hacerlo, no tiene por qué hacerlo; la decisión depende exclusivamente de él, y nadie puede forzarle a actuar de una manera u otra.

Pero, puede uno preguntarse, ¿qué pasa si los derechos individuales son respetados, pero nadie quiere ayudarles a los desvalidos?.

Como siempre, para abordar esta preocupación debemos observar los hechos relevantes. Lo que los desvalidos necesitan y son incapaces de producir son ciertos valores que sirven a la vida; eso es lo que les hace ser desvalidos. Tales valores sólo pueden ser producidos por personas capaces; de ahí el término “capaz”. Pero las personas capaces pueden producir valores solamente si son libres para poder actuar basados precisamente en lo que les hace capaces: en su juicio. La condición social básica que hace posible la vida humana es la libertad: la libertad de que nadie inicie la fuerza física contra uno, la libertad de cada individuo para poder actuar basado en el juicio de su propia mente.

Por lo tanto, respetar los derechos individuales les interesa a los desvalidos tanto como a los capaces, si no más. Piénsalo: Si los capaces no son libres, no pueden vivir (como seres humanos); y si los capaces no pueden vivir, ¿qué va a pasar con los desvalidos? Claramente, si los desvalidos han de ser ayudados, ellos (y todos aquel que se preocupe por ellos) deben respetar los derechos individuales, incluyendo los derechos de los capaces.

Observa además que aunque en realidad hay muy pocas personas realmente desvalidas, cuando se respetan los derechos individuales hay muchas personas que están dispuestas y son capaces de ayudarles. Mira a tu alrededor: ¿Ves a gente trabajando con retrasados ​​mentales? Pregunta a tus amigos: ¿Darían dinero para ayudarle a un niño pobre con leucemia? Pregúntate a ti mismo: ¿Alguna vez ofrecerías tu ayuda a la víctima de un accidente devastador? Considera lo siguiente: Incluso en una economía semi-libre y mixta como la de los Estados Unidos hoy, en la que los productores son enorme e inmoralmente gravados, la cantidad de dinero voluntariamente donada a la caridad es enorme; sólo en 1999, los estadounidenses, a pesar de ser oprimidos con impuestos, donaron más de 190 mil millones de dólares a organizaciones benéficas.

Pero, uno puede pensar, ¿no es eso porque la gente es en parte altruista, y no totalmente egoísta? ¿Por qué querría un verdadero egoísta ayudarles a los desvalidos?

A decir verdad, un verdadero egoísta no les ofrecería “ayuda” a vagabundos que de hecho no son “desvalidos”, sino que han decidido ser parásitos; sólo un tonto o un altruista lo haría. Pero para responder a la pregunta de por qué un egoísta siempre querría ayudarles a las personas que realmente no pueden mantenerse a sí mismas, sólo necesitamos considerar las alternativas, que son dos: una persona puede o ayudarles a los desvalidos o no ayudarles. Esa es la pregunta a la que todo egoísta tiene que responder por sí mismo. ¿Qué entorno creo yo que es más de mi interés: uno en el que personas verdaderamente indefensas sufren y mueren en las calles, o uno en el que yo voluntariamente contribuyo una pequeña parte de mi tiempo, de mi esfuerzo o de mi dinero para echarles una mano?

Ciertamente, yo sé qué entorno me interesa más a mí, e imagino que tú sabes cuál te interesa a ti. Pero eso es algo que cada individuo tiene que decidir por sí mismo; y nadie tiene el derecho moral de forzarle a otro a hacer una cosa u otra. Afortunadamente, la decisión no requiere matemáticas avanzadas; sólo requiere un auténtico interés propio, reverencia por la vida humana, y una lógica básica.

El egoísmo racional, el verdadero egoísmo, no dice: “Sé indiferente a los demás seres humanos” o “No les ayudes a otras personas”. Dice: “Si uno quiere vivir como un ser humano y alcanzar la verdadera felicidad, uno debe observar la realidad; uno debe pensar; uno no debe aceptar contradicciones; uno debe perseguir los valores que sirven para su vida; uno no debe renunciar a valores mayores cambiándolos por otros menores; uno debe ser honesto; uno debe tener integridad”; etcétera. Si una persona piensa que ayudar a otras personas es en su mejor interés, debe actuar en consecuencia. Y el capitalismo no sólo deja que todos sean libres de hacerlo; también hace posible que la gente cree enormes cantidades de excedentes de riqueza con la cual hacerlo.

Cuando la gente es libre de producir tanta riqueza como es capaz y está dispuesta a producir – y es libre de hacer con su riqueza lo que quiera – muchas personas se hacen ricas. Si añades a eso el hecho de que las personas verdaderamente interesadas se preocupan por la vida humana – y que son ellas, a fin de cuentas, las que reconocen que la vida es el estándar de valor moral y, por lo tanto, no quieren que otros seres humanos sufran y mueran innecesariamente – entonces tenemos una respuesta clara a la pregunta: “¿Y si nadie quiere ayudarles a los desvalidos?” La preocupación es simplemente injustificada. El hecho es que muchas personas – incluyendo supuestamente las personas que hacen la pregunta – quieren ayudarles a los desvalidos. Y, en una sociedad verdaderamente capitalista, a nadie se le impediría hacerlo.

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Por Craig Biddle, editor de The Objective Standard, y autor de Loving Life: The Morality of Self-Interest and the Facts that Support It. Craig está trabajando en un libro sobre el arte y la ciencia de pensar en principios.

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Publicado por: mayo 6, 2017 11:27 am

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