Objetivismo.org

Nueva traducción de «La rebelión de Atlas» (2019)

Lo que siempre quisiste saber sobre
la nueva traducción de Atlas Shrugged
(y no sabías a quién preguntar)

Entrevista de Ediciones Deusto
a Domingo García, traductor

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(see interview in English here)

A partir de mayo del 2019 está disponible la nueva traducción al español de la obra maestra de Ayn Rand, con el título “«La rebelión de Atlas» (Atlas Shrugged)”. Es un proyecto de Ediciones Deusto, parte del Grupo Planeta, que adquirió los derechos a ese y a otros 11 títulos de Ayn Rand en el 2018.

Domingo García responde en esta entrevista a una variedad de preguntas sobre la nueva traducción y sobre la relevancia del libro.

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ED : Estamos entrevistando a Domingo García, presidente de Objetivismo Internacional, una asociación sin ánimo de lucro que desde hace 10 años se dedica a promover Objetivismo – la filosofía de Ayn Rand – en el mundo hispano. Para empezar, ¿por qué estamos haciendo esta entrevista?, y ¿por qué ahora?

DG : Estamos viviendo un momento muy importante. Es unos días estará disponible la traducción al español de uno de los libros más importantes de la historia: “La rebelión de Atlas (Atlas Shrugged)”. Y eso es una noticia para los 500 millones de hispanoparlantes que hay en el mundo, porque es la primera vez que una buena traducción de ese libro estará disponible en el mercado.

ED : ¿Por qué es importante para ellos?

DG : Porque ese libro es una pieza básica para toda la filosofía de Ayn Rand.

Y hay mucha gente que tiene curiosidad por saber qué razón hay para hacer una nueva traducción, qué diferencia hay entre esta y las anteriores, y por qué soy yo el traductor.

Ayn Rand tiene muchos simpatizantes, y estoy seguro de que a muchos les interesará leer cosas sobre Atlas que nunca han sido publicadas antes.

ED : Muy bien. Pues, para empezar, ¿qué supone para ti haber realizado la traducción de esta importante obra?

DG : Ha sido un desafío enorme, y un proyecto muy importante. En cierta forma, es la culminación de los 10 años que llevo promoviendo Objetivismo en el mundo hispano.

ED : ¿Cuál es la popularidad de “La rebelión de Atlas” en el mundo?

DG : Atlas Shrugged es el título de la novela original, que fue publicada inicialmente en 1957, y a partir de ese momento estuvo 22 semanas seguidas en la lista de best-sellers del New York Times. Hasta la fecha, el libro ha vendido 9 millones de copias, y eso sólo en inglés, sin contar los cientos de miles de libros vendidos en los otros 30 idiomas a los que ha sido traducido. Y es un libro con un impacto enorme. En una encuesta que hizo la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en 1991, concluyeron que era el segundo libro que más había influenciado a los norteamericanos, sólo después de la Biblia.

Hay muchos famosos que han declarado abiertamente estar encantados con las novelas y las ideas de Ayn Rand, entre ellos Brad Pitt, Sharon Stone, Angelina Jolie, Jim Carrey, Jerry Lewis, Raquel Welch. Los asesores de Ronald Reagan y de Margaret Thatcher les influenciaron para que adoptaran medidas económicas más liberales. Steve Jobs fue influenciado por Atlas. Y hoy muchos CEOs de empresas en Silicon Valley dicen ser admiradores a Ayn Rand, incluyendo a los fundadores de Uber, Tesla, Amazon, Twitter, Wikipedia y otras.  Así que si eres fan de Ayn Rand estás en buena compañía.

Luego hay mucha gente “normal” que es seguidora de Ayn Rand y de sus novelas. Todos los días hay mucha gente, joven y no tan joven, que descubre Objetivismo, o leyendo algo de Ayn Rand, o en un canal de YouTube, o hablando con alguien. La popularidad de Ayn Rand sigue aumentando en todo el mundo, y también en los países de habla hispana.

ED : ¿Por qué es Atlas Shrugged un libro tan importante?

DG : Porque es original. Porque es diferente, diferente en un sentido muy esencial, porque combina filosofía y literatura, porque es una obra de arte que integra perfectamente un tema nuevo con una trama nueva. Porque Ayn Rand es una pensadora revolucionaria que presenta una nueva visión del hombre y del mundo, y la presenta en forma de ficción.

El tema del libro es uno que nadie había tratado antes, es un tema inédito: el papel de la mente en la existencia del hombre, es el tema de cómo la mente es la raíz de todo conocimiento y de todo valor humano; y cómo su ausencia, la ausencia de la razón, es la raíz de toda maldad. Y la trama está resumida en su título: Atlas — Shrugged. “Atlas” es el titán mítico condenado a mantener eternamente al mundo sobre sus hombros; y to shrug significa “encogerse de hombros”; o sea, que a Atlas dejó de importarle el mundo, le dio igual, lo dejó caer, lo largó. La trama es la historia de cómo los hombres de la mente van desapareciendo, van abandonando el mundo poco a poco y dejándolo a su suerte, o sea, dejando que se vaya a pique. Antes de decidir ponerle ese título (Atlas se encogió de hombros), Ayn Rand lo llamó The Strike (La huelga), porque es la huelga de los hombres de la mente. 1200 páginas resumidas en dos palabras.

ED : ¿Y cómo consigue Ayn Rand integrar esas dos cosas, el tema (el papel de la mente en la existencia del hombre) con la trama (los hombres de la mente se declaran en huelga)? O sea, ¿cómo consigue plasmar, transmitir, expresar una filosofía completa a través de una novela?

DG : Lo hace fundamentalmente de dos formas: una es a través de sus descripciones; cada palabra, cada línea y cada párrafo de Atlas está ahí por una razón, tiene un sentido, no hay nada superfluo o descartable en esa novela. Y esas descripciones muestran a los personajes – tanto a los héroes como a los malos – actuando, viviendo de acuerdo con las ideas que mantienen; los ves pensando, sintiendo, produciendo (o saqueando), amando (y odiando), etc. En el libro ves de forma dramática cómo la filosofía determina la vida de las personas, ves cómo se forma el carácter de cada personaje según sus ideas, ves la mente en acción.

La otra forma es a través de discursos, un recurso muy original y muy propio de Ayn Rand que consiste en presentar ideas abstractas intercaladas en el libro, o bien en conversaciones entre personajes, o en declaraciones ante un tribunal, o en discursos en la radio. Esos discursos están perfectamente integrados en la trama, son como mini-ensayos sobre temas tan variados como dinero, sexo, epistemología, marxismo, la moralidad del empresario, y muchos otros.

Ayn Rand decía que ella era primero escritora y después filósofa; que su objetivo era presentar al hombre ideal, pero que para poder hacerlo tuvo que desarrollar una filosofía totalmente nueva, porque las que había no servían para su objetivo. Quiso crear en una novela de ficción el mundo en el que ella querría vivir; y desde luego, lo consiguió.

ED : ¿Cómo fue tu primer contacto con Atlas?

DG : Atlas fue el primer libro de Ayn Rand que leí, hace más de cuatro décadas, en 1977. Hacía un par de años que yo vivía en California, y alguien me dijo que tenía que leerlo, y me acuerdo concretamente del comentario: porque en él había “personajes que a uno le gustaría conocer en la vida real”.

Mi respuesta inicial fue decir que yo no leía novelas, que leía sólo ensayos de Nietzsche, de Bertrand Russell, de John Stuart Mill, etc. Pero cuando finalmente empecé a leerlo no pude parar. Yo había empezado a trabajar para IBM en San Francisco, y obviamente no hablaba inglés como hablo ahora, pero recuerdo que esa primera lectura fue un terremoto intelectual y emocional para mí; me quedaba leyendo en la oficina a la hora del almuerzo, porque no podía dejar la novela, sentí que estaba descubriendo cosas totalmente impresionantes, encontrando respuestas a montones de preguntas que ni siquiera me había planteado.

La primera vez que la leí lo hice por el suspense, simplemente para saber qué iba a pasar, porque es una novela de misterio. Desde entonces la he leído de principio a fin más de 30 veces, por puro placer, por el placer de leer buena literatura.

ED : ¿Qué es exactamente lo que te impresionó tanto del libro? ¿Y qué ganaste con leer Atlas todas esas veces sucesivas?

DG : Me impresionó todo. La claridad de las ideas, la forma de narrar, los descubrimientos que yo mismo iba haciendo al leerlo. Por ejemplo, leer que la honestidad es la virtud más egoísta que existe… ese tipo de cosas fue algo revolucionario para mí. Y conforme iba leyendo pensaba que ya no era posible que el libro dijera nada nuevo, y en la página siguiente me sorprendía con alguna idea aún más profunda y más chocante.

Hay múltiples tramas dentro de la trama principal, todas perfectamente integradas, brillantemente entrelazadas, lógicas. Yo nunca había leído antes ningún libro con la belleza literaria y la profundidad psicológica y filosófica de Atlas.

Cada vez que lees ese libro lo disfrutas de una forma diferente. Descubres cosas nuevas, haces conexiones que no habías hecho antes, lees algo y dices: “vaya, no me había fijado en eso antes, no me había dado cuenta, qué interesante”. Hay muchas sutilezas que se te escapan la primera vez que lo lees, y disfrutas cada lectura igual o más que las anteriores. Eso es lo que tienen las buenas obras de arte.

ED : Dicen que Atlas le cambia la vida a la gente. ¿Es verdad?

DG : Sí. Es verdad. Cambió mi vida, y conozco a gente que dice lo mismo. A mí personalmente me hizo replantearme todo lo que me habían enseñado desde pequeño, y quiero decir: absolutamente todo.

Y aprendí mucho más sobre economía leyendo Atlas que en cinco años de facultad; aprendí cómo se crea la riqueza (cómo la mente crea la riqueza), cómo funciona la libre competencia y cómo beneficia a todo el mundo, cómo se produce la inflación, por qué no tiene que haber conflicto entre empleadores y empleados, y mil cosas más, por qué la democracia no funciona, cuál es el papel legítimo del gobierno y cómo sus regulaciones y controles afectan negativamente a la actividad económica. Una cosa es entender esas cosas teóricamente, y otra ver cómo funcionan en la práctica (dentro de una novela). Estudié en la Universidad de Deusto, que en su día era la más prestigiosa de España. Pero cuando entiendes Objetivismo te das cuenta de que lo que te enseñan en la facultad no sirve de mucho, y me di cuenta de que la mayoría de las cosas que enseñaban estaban erradas, como por ejemplo todo lo relacionado con las teorías keynesianas.

Pero no fue sólo economía. Aprendí más psicología leyendo Atlas que en tres años intensos de facultad. Y más filosofía. Y más lógica. Y la importancia que tiene el arte para el ser humano. Y adquieres una perspectiva histórica sobre el hombre. Atlas te enseña a pensar.

ED : Entonces, ¿cómo llegamos desde esa primera lectura hace más de cuatro décadas a ser tú el traductor de Atlas hoy?

DG : Pues mira. Durante casi 20 años (la década de los 80 y la de los 90) viajé por todo el mundo como ejecutivo de ventas para empresas de alta tecnología, sobre todo por América Latina, y aproveché para buscar, en todos los países donde iba, alguna traducción al español, porque quería compartir Atlas con familiares y amigos.

Finalmente encontré la primera traducción al español, que había sido publicada por la Editorial Luis de Caralt, de Barcelona, en 1960. Unos años más tarde conocí en Brasil a unos argentinos que me dijeron que estaban acabando la traducción y que iban a republicar Atlas. Eran de la editorial Grito Sagrado, de Buenos Aires.

Me alegré muchísimo porque yo quería que Atlas fuese conocido en el mundo hispano. Cuando salió a la venta, empecé a comprar libros y a regalárselos a mis hermanos, a mis amigos, incluso a un profesor del bachiller que me caía muy bien, y con quien retomé contacto después de muchos años.

Yo esperaba que el libro les impactara como me había impactado a mí, que fuera una revolución intelectual y emocional para ellos como lo había sido para mí. Pero no pasó nada de eso. Me decían que les había gustado, sí; pero no era de la forma como me había gustado a mí, ni de lejos. Durante varios años, pensé que los pobres estaban tan inmersos en la cultura que no eran capaces de entender el mensaje de Atlas. Pero poco a poco descubrí por qué “La rebelión de Atlas” no generaba en ellos la pasión que había generado en mí: era porque la traducción dejaba mucho que desear.

Los traductores de Grito Sagrado consiguieron una copia de la traducción original de Luis de Caralt y en gran parte se limitaron a copiarla, con frecuencia incluyendo los mismos errores. Un ejemplo gracioso: la expresión “grease monkey”, que es una forma coloquial de referirse a un mecánico de mantenimiento, Luis de Caralt la tradujo como “orangután grasiento”, y Grito Sagrado se limitó a “mejorarla” cambiándola a “grasiento orangután”. Lo sorprendente es que a nadie se le ocurriera que esa traducción es ridícula. Y hay miles de ejemplos de ese tipo, así que descubrir las limitaciones de la traducción fue una gran decepción para mí.

ED : Supongo que habrá poca gente que se haya tomado la molestia de verificar la calidad de esa traducción, puede que seas tú el único. Pero nos interesa hablar de eso en algún detalle; no es que queramos ser negativos, pero tenemos que entender por qué era necesaria una nueva traducción, cómo se justifica. ¿Puedes hablarnos de otros errores que puedas haber visto en la traducción de Grito Sagrado?

DG : Yo tampoco quiero ser negativo, aunque a veces tengo que hacer un esfuerzo para no serlo, porque cuando uno conoce Atlas y Objetivismo como yo lo conozco y ve lo que han hecho con la traducción, eso le parece un sacrilegio, como diría Ayn Rand.

Hay errores de varios tipos. Uno es simplemente una falta de conocimiento del inglés. Grapefruit significa “pomelo”, no “uva”. Corn cure es un “remedio para curar los callos de los pies”, no un “producto basado en maíz adulterado”. Wet Nurse es “Nodriza”, no “Niñera”. Una sob sister, según el diccionario, es una periodista que escribe columnas emotivas, no una “hermana que no paraba de llorar”. Joe Blow es lo equivalente en español a “Perico de los palotes”, no el nombre real de alguien. Cada uno de esos errores puede parecer irrelevante, pero realmente no lo es, pues cambia el sentido de la acción, y crea situaciones ininteligibles o absurdas. No puedo extenderme aquí, pero por ejemplo, no tiene sentido recomendarle al jefe del estado que tome zumo de uva para protegerse contra una epidemia de resfriados; y prácticamente cada una de esas traducciones tiene un impacto parecido.

Otro tipo de errores son los errores de estilo, el quitarle fuerza a la novela. Es una falta de sensibilidad para captar y transmitir la belleza literaria de la novela. Voy a mencionar un par de ejemplos breves.

Después de describir en detalle una fábrica de acero, con sus grúas, sus cables, sus edificios, el metal líquido fluyendo, etc., se habla de una llamarada roja que sale disparada hacia el cielo desde detrás de una larga estructura, y la descripción culmina con un párrafo de una sola frase que es concisa, clara y poderosa: Era la primera colada del primer pedido de Metal Rearden. Pero la traducción le quita toda la fuerza a la frase al ser gramaticalmente más compleja, más enrevesada, y usar el doble de palabras: Sin embargo, aquel destello representaba el inicio del primer pedido de metal Rearden que la empresa iba a atender.

A veces Ayn Rand usa un recurso literario muy conocido (la “anáfora”), que consiste en repetir una palabra o una frase para darle mayor sonoridad y ritmo al párrafo. Frente a un tribunal, uno de los héroes se defiende moralmente, diciendo: Me niego a pedir perdón por mi capacidad, me niego a pedir perdón por mi éxito, me niego a pedir perdón por mi dinero. Pero a los traductores debe haberles parecido superfluo repetir la frase inicial, y lo tradujeron como: Me niego a pedir perdón por mi idoneidad, por mi éxito, o por el dinero que gano. Y con esos cambios lo único que consiguen es transformar una obra de arte en una novela mediocre.

En la novela hay un libro que ha sido escrito por uno de “los malos”, y que se titula, en inglés: “Why do you think you think?”. Lo lógico sería traducirlo como “¿Por qué piensas que piensas?”, mostrando la obvia contradicción del título, y del libro entero. Pero lo traducen como: “¿Por qué crees que piensas?”, con eso quitándole la fuerza (y la gracia, si quieres) al título.

ED : Pensándolo bien, entiendo que esos errores que citas son imposibles de detectar para un lector normal, pues él no tiene ninguna referencia, nada con lo que comparar lo que está leyendo. Los errores que citas, tanto los de inglés como los de estilo, no son obvios hasta que alguien se toma la molestia de profundizar en ellos.

DG : Sí, exactamente. El problema es que todos los que han leído esas traducciones creen que han leído Atlas, cuando en realidad no lo han hecho, han leído sólo una versión “aguada” del original.

Pero hay algo mucho más serio. Además de los que he mencionado están los errores de fondo, los errores filosóficos. Está claro que los traductores no conocen Objetivismo, porque confunden conceptos que son totalmente diferentes, como “existencia” y “vida”, “axiomas” y “principios”, “moral” y “moralidad”, “conciencia” y “consciencia”, y ellos los intercambian tranquilamente cuando les parece.

La filosofía es una ciencia, y como tal no puede estar basada en conceptos indefinidos, vagos o aproximados; los conceptos son sus pilares, y esos conceptos tienen que ser claros, nítidos, específicos. Una filosofía que es tan precisa como Objetivismo tiene que estar sustentada por conceptos perfectamente definidos. Por ejemplo, hablemos de la diferencia entre “conciencia” y “consciencia”: “conciencia (“conscience”, en inglés) es un concepto más bien místico (hablamos de “examen de conciencia”, del “gusanillo de la conciencia”, de “tener cargo de conciencia”, etc.). En cambio, el concepto “consciencia” es absolutamente esencial para entender toda la filosofía de Objetivismo, porque es uno de los axiomas de la filosofía, es la capacidad de ser consciente de algo, de darse cuenta del universo que nos rodea. Inicialmente los traductores usaron exclusivamente “conciencia”; cuando les hice ver el error, me hicieron caso y lo corrigieron en ediciones posteriores, pero lo que hicieron fue simplemente “copiar y pegar”, y como resultado cambiaron también las ocasiones en las que deberían haber dejado la palabra “conciencia” (creo que unas tres veces); por ejemplo, dicen: “lo hizo a consciencia”.

Y no son sólo conceptos aislados, sino también ideas completas. No es lo mismo decir: “las contradicciones no pueden existir” (que es lo que dice Ayn Rand), que: “las contradicciones no existen”.

En algunos casos la traducción llega incluso a decir exactamente lo opuesto al original. La frase: la existencia de la vida depende de un curso específico de acción, la traducen como la existencia de la vida no depende de un curso de acción específico.

Por eso digo que es prácticamente imposible que alguien pueda haber entendido a fondo la filosofía que hay detrás de Atlas si sólo ha leído esas traducciones.

ED : Lo increíble es que, a pesar de todo, a mucha gente que la ha leído les ha gustado la novela y las ideas que transmite. ¿Cómo explicas eso?

DG : Es porque las ideas filosóficas del libro son tan poderosas, y su trama es tan interesante, que entre ellas consiguen transmitir el original, son la espina dorsal que mantiene esas traducciones, por muy deficientes que sean.

Una de las cosas que observé es que los traductores no se limitan a traducir, sino que reescriben el original. O sea, cambian arbitrariamente palabras o incluso párrafos enteros, omitiendo o añadiendo lo que se le ocurre al traductor de turno. Supongo que es porque en el fondo es más fácil reescribir que traducir, porque uno puede escribir lo que quiera sin preocuparse por ser fiel al original. Y eso es algo que hemos evitado a toda costa en la nueva traducción: hemos respetado totalmente el sentido del original, incluso (dentro de lo posible) la sintaxis, la puntuación, etc.

En el original uno de los héroes dice: “es el único hombre al que he querido jamás” (the only man I ever loved); pero los traductores deben haber pensado que hablar de amor entre hombres puede dar lugar a malentendidos, así que lo tradujeron como “el único por el que siento afecto”. Pero sentir afecto no es lo mismo que amar. Ayn Rand lo dijo exactamente de la forma como lo quería decir, usando la palabra “love”. En la nueva traducción siempre nos hemos planteado esto: si la autora pudo haber escrito otra cosa (“the only man that I felt affection for”, por ejemplo) y no lo hizo, entonces lo correcto es mantener su significado original, y es lo que hemos hecho.

Unas páginas más adelante, una mujer le dice a un hombre: I want you, y lo que eso significa en el contexto de esa situación es: “Te deseo” (sexualmente). Aquí el error es reescribir el original y traducir  I want you como: “Te quiero”. Pero Ayn Rand no dijo “I love you”. Son dos ejemplos para mostrar la necesidad de traducir exactamente el original, para no perder el sentido de la acción, y en última instancia el sentido de la novela. O sea, que “love” y “want” no son intercambiables, según le parezca al traductor. En la nueva traducción hemos sido implacablemente fieles al original.

ED : Hablemos del título del libro. ¿Por qué lo titularon originalmente “La rebelión de Atlas”, cuando el significado de Atlas Shrugged es “Atlas se encogió de hombros”?

DG : Eso es imposible saberlo ahora, porque creo que quienes tomaron esa decisión inicial no lo explicaron, y ya no están ahí para responder. El traductor de Luis de Caralt debió pensar que “La rebelión de Atlas” sería un título más comercial, aunque fuera menos preciso. (Estoy seguro de que sabía lo que significa “to shrug”).

En las traducciones anteriores el significado de Atlas Shrugged nunca se explica. En una sección muy conocida hacia la mitad del libro, un héroe está tratando de convencer a un empresario para que deje su negocio y abandone, y le dice: “…si usted viera a Atlas, el gigante que sostiene el mundo sobre sus hombros, si lo viera en pie, la sangre chorreando por su pecho, sus rodillas arqueándose, sus brazos temblando, pero, aun así, intentando mantener el mundo a salvo con sus últimas fuerzas, y cuanto mayor su esfuerzo, mayor el peso del mundo presionando sobre sus hombros, ¿qué le diría que hiciera?”. Y cuando su interlocutor le dice que no sabría qué decirle, la respuesta del héroe es: “to shrug”. O sea, habría que decirle a Atlas “que se encogiera de hombros”, que se fuera, que dejara de sostener el mundo, que lo largara. La traducción de Luis de Caralt es “que cediera”, y la de Grito Sagrado es “que se rebelara”; pero ninguna de las dos transmite la esencia de la novela. Porque de hecho, como su título indica, Atlas no se rebeló, ni cedió, sino que simplemente se encogió de hombros. (Tenemos un post en Objetivismo.org en el que la propia Ayn Rand comenta ese punto ).

ED :  ¿Pero no es cierto que, de hecho, un título como “La rebelión de Atlas” tiene más garra y es más intrigante que “Atlas se encogió de hombros”?

DG : No, en absoluto. La gente está acostumbrada a oír hablar de “La rebelión de Atlas” y por eso les parece normal, pero si hubieran oído “Atlas se encogió de hombros” desde el principio, ahora oír hablar de “rebelión” también les sonaría raro. Piensa que hay libros y películas muy populares con títulos bastante largos (y bastante raros) como “Los hombres que no amaban a las mujeres”, o “Aquellos chalados en sus locos cacharros”. Una traducción debe ser una traducción, no una re-interpretación arbitraria para que algo supuestamente “suene mejor” o tenga “más garra”. Como hemos dicho, esas dos palabras, Atlas Shrugged, forman una oración, con sujeto y predicado, que brillantemente resume toda la trama de la novela.

ED :  Y, sin embargo, el título de la nueva traducción sigue siendo “La rebelión de Atlas”.

DG : Sí, porque cambiar ahora el nombre habría dado a entender que es un libro diferente, no sólo una traducción más del mismo libro original. Podrían haberlo hecho; en portugués se publicó el mismo libro con dos títulos diferentes, el primero fue “Quem é John Galt?” y el segundo fue “A revolta de Atlas”. En nuestro caso, los editores decidieron seguir usando el título anterior pero aceptaron mi sugerencia de añadir debajo el título en inglés. Así que el título de la nueva traducción es: “La rebelión de Atlas (Atlas Shrugged)”, entre paréntesis, como puedes ver en la tapa.

ED : Pasemos a hablar de la nueva traducción. ¿En qué consiste? ¿En qué sentido es diferente a las anteriores? ¿Cómo corrige sus errores?

DG : Técnicamente, no podemos decir que la nueva traducción “corrija” los errores anteriores, porque la traducción ha sido hecha totalmente desde cero; o sea, obviamente los errores han sido corregidos, pero sólo indirectamente.

Si no hubiera habido traducciones defectuosas, ni siquiera estaríamos hablando del tema; la nuestra sería “la traducción”, y punto. Lo único que puedo decir es que conocemos bien el inglés, tenemos la sensibilidad necesaria para mantener la fuerza literaria del original, y conocemos a fondo la filosofía. Esos han sido los puntos de partida para hacer el trabajo. Ah, y hemos puesto toda nuestra energía (yo diría, incluso, todo nuestro cariño) en hacer la mejor traducción posible, a veces dándole muchas vueltas a algunas expresiones hasta llegar a una que fuera satisfactoria.

El título de un capítulo, por ejemplo, es “White blackmail”, en el que Ayn Rand usa el juego de palabras aprovechando que blackmail, o sea, “chantaje”, está formado por la palabra “black”. Pero no nos conformamos con traducirlo por “chantaje blanco”, como hicieron los dos traductores anteriores, porque en ese contexto, “blanco” no significa absolutamente nada. Fuimos más a fondo, y le dimos bastantes vueltas a la frase. Al final, como es un chantaje que hace el gobierno, acabamos titulando el capítulo “Chantaje con todas las de la ley”, que responde mucho más al significado real del título. Y hay muchos otros ejemplos como ese, que hacen que nuestra traducción sea mucho más fiel al original.

Hay un discurso muy importante que ocupa unas 60 páginas del libro (quien haya leído cualquiera de las versiones sabe a qué me refiero), en el que la persona que se dirige al mundo usa, como es de esperar, el pronombre “you”, el cual, como todo el mundo sabe, se usa tanto para el singular como para el plural. Pues bien, por alguna razón los traductores se plantearon a-priori cuál de esas formas (singular o plural) iban a usar en español, lo cual no es necesario porque ambas formas son válidas, dependiendo del contexto. Si el orador dice: “Quienquiera que seas, tú que me estás oyendo, le hablo a lo que aún quede sin corromper en tu interior, a lo que quede de humano, a tu mente, obviamente se refiere al singular (tú). Si, por el contrario, está diciendo: “Hay una diferencia entre nuestra huelga y todas las que habéis practicado durante siglos”, entonces obviamente se refiere al plural (vosotros). Pues Luis de Caralt usó exclusivamente el plural, y Grito Sagrado usó exclusivamente el singular, lo cual les lleva a situaciones forzadas y absurdas, pues ambos tienen que hacer malabarismos para poder traducir de forma que sea medio inteligible. Para nosotros ha sido relativamente fácil, sólo había que entender algo tan básico como que “you” en inglés es tanto singular como plural.

ED : ¿Quiénes han sido los traductores del equipo? Y ¿cuánto tiempo os llevó acabar la traducción?

DG : El traductor principal he sido yo, y asumo cualquier error que pueda aparecer en la traducción. Varios individuos han tenido aportaciones valiosas, corrigiendo mi traducción inicial, a veces señalando “gazapos” y diciendo que cambie algo porque “suena atroz” en español.  Ha sido un proyecto enorme, porque es un libro muy largo y con expresiones literarias muy precisas y muy brillantes.

Nuestro método fue abordar el trabajo en dos etapas: la primera fue traducir el original de la forma más literal posible, y la segunda fue modificar esa traducción inicial, mejorarla para que fuese clara y sonase bien en español. Pero siempre manteniendo el sentido del original, manteniendo el sentido de vida que Ayn Rand transmitió.

El proyecto llevó unos seis meses intensos, y no duró más porque conseguí aprovechar varias secciones del libro que yo ya había traducido en años anteriores (como por ejemplo varios discursos, entre ellos el de 60 páginas que mencioné antes).

ED : ¿Y estás satisfecho con el resultado?

DG : Sí, satisfecho y orgulloso. Ha sido una experiencia personal muy profunda. He conocido aún más de cerca a Atlas Shrugged, y es una sensación increíble sentirse dentro de la mente de Ayn Rand, analizando cada palabra que escribe, cada idea que presenta. Ha sido un proyecto fascinante.

ED : Otra cosa, ¿la traducción usa un español “universal”? Porque hay gente que pregunta eso.

DG : No, porque no existe tal cosa como un español “universal”. Cada país de habla hispana y cada región tiene su idiosincrasia, su vocabulario local y su forma de expresarse. Es imposible escribir de forma que el texto le suene a cada lector como si hubiera sido escrito con todos los matices de su lengua materna. Pero, respondiendo más concretamente a tu pregunta, hemos usado el castellano, y hemos intentado limitar el uso de giros idiomáticos locales; el texto es lo más genérico posible y debe estar perfectamente claro para todo el mundo.

ED : ¿Puedes decir que esta es la traducción “perfecta”?

DG : No, ciertamente no. No lo es, porque desde luego siempre se puede mejorar. Pero sobre todo porque la traducción “perfecta” no existe; cuando uno conoce Objetivismo, sabe que no existe una traducción en un mundo platónico, en un mundo ideal, una traducción perfecta que hay que descubrir y a la que tenemos que llegar. Eso es un concepto inválido.

Una traducción nunca será como el original, pero dentro de las limitaciones inherentes a cualquier traducción, nuestra traducción es buena porque transmite fielmente el significado del original y mantiene su fuerza literaria. En ese sentido, es la primera traducción que le hace justicia a esa gran obra maestra de Ayn Rand que es Atlas Shrugged.

Alguien dejó un comentario años atrás en Objetivismo.org, comparando una traducción que había leído antes con una mía, y dijo que era como ver una película en un televisor antiguo, en blanco y negro, con interferencias, etc., y luego ver la misma película en una sala de cine moderna, en technicolor y panavisión y con sonido cuadrafónico. Fue un cumplido que sinceramente me halagó, y me halagará que quienes lean la nueva versión española de Atlas piensen y sientan algo parecido. Aunque debo añadir que entre mi traducción y las anteriores no sólo hay diferencias de calidad y de color y de sonido, sino también hay diferencias de fondo, o sea que sería como ver la versión del director, la buena, la verdadera.

ED : Cambiando un poco de tema, ¿cómo ha sido tu experiencia con Ediciones Deusto?

DG : Muy positiva. Creo que es la mejor editorial que existe hoy día para publicar las obras de Ayn Rand en español. Ha sido estupendo ver que entendieron la necesidad de salir al mercado con una buena traducción. Y estoy seguro de que añadirán los otros dos ingredientes necesarios para que Atlas tenga el reconocimiento y la penetración que merece: una buena distribución y un buen marketing. Han hecho un trabajo estupendo con la edición, han producido un libro de tapa dura, de calidad, y, todo sea dicho, le han puesto un precio muy asequible, que es fundamental.

Quiero mencionar que, además de Atlas, hay otro libro que yo traduje: Objetivismo: La filosofía de Ayn Rand, de Leonard Peikoff, un libro que presenta de forma sistematizada, lógica y estructurada, toda la filosofía de Objetivismo. Se lo recomiendo a quien quiera seriamente entender esa filosofía desde un punto de vista más académico, porque es uno de los pocos libros de Objetivismo traducidos con precisión, y está disponible en Amazon en formato eBook.

ED : ¿Cómo esperas que sea recibida esta nueva traducción de Atlas?

DG : Espero que sea un enorme éxito, espero que venda cientos de miles de copias. La gente necesita ideas nuevas, ideas racionales para lidiar con los problemas del mundo, y eso es precisamente lo que Atlas proporciona. Las ventas de Atlas subieron muchísimo durante la crisis económica del 2008-2009, precisamente porque el libro en cierta forma predecía esa crisis y las razones que nos llevaron a ella.

Además, Atlas tiene su éxito asegurado porque es un libro que cambia la vida de las personas de la forma más íntima, más personal; es un libro que le da a quien lo lee una nueva visión del mundo, una visión del hombre como un ser heroico. Es un libro que no sólo te permite entender mucho mejor la política y la cultura que te rodea, sino que también te ayuda a conocerte mejor a ti mismo, a pensar mejor, a aclararte las ideas, a ser más feliz. Personalmente, no consigo imaginar mi vida sin haber descubierto Objetivismo, empezando por aquella lectura de Atlas hace más de 40 años. Y mucha gente piensa lo mismo que yo; el sentido de vida que transmite Atlas es incomparable.

ED : Y sin embargo, sigue habiendo gente que critica a Ayn Rand, y concretamente a su obra maestra. ¿Por qué?

DG :  Porque Ayn Rand es una pensadora revolucionaria, y las ideas revolucionarias siempre han sido y serán criticadas a lo largo de la historia. Las críticas más duras aparecieron justo después de la publicación de Atlas, en 1957. Llamaron a Ayn Rand de todo, hasta “nazi”. En comparación, las críticas actuales son ridículas, parecen un chiste de mal gusto, y no pasan de ser una expresión de odio.

Muchos de los que actualmente critican Objetivismo lo hacen en parte porque otros lo critican, porque siguen ciegamente lo que dicen otros. La mayoría de ellos no han profundizado en esa filosofía, porque si lo hicieran, si la conocieran a fondo, se darían cuenta de que está basada en la realidad y en la razón, y que contra esas cosas no hay discusión, ni crítica posible. La gente está inmersa en una cultura de más de dos mil años, y les cuesta salir de esa inercia cultural mística, altruista y colectivista.

Y hay otra razón: Objetivismo exige que cada individuo acepte pensar por sí mismo, exige que cada uno asuma responsabilidad por forjar su propio carácter, por sus acciones, por su vida, y eso es algo que a mucha gente le cuesta hacer; muchos prefieren dejarse llevar, prefieren que alguien les diga cómo vivir, en qué creer, cómo actuar.

ED : Entonces, no crees que Atlas sea para todo el mundo…

DG : Debería ser, pero no todo el mundo va a leerlo ni va a entenderlo igual, ni va a aceptarlo. Hay que tener un mínimo de inteligencia para entender su trama y sus sutilezas, hay que tener un mínimo de sensibilidad para apreciar y disfrutar de su belleza literaria, y no todo el mundo tiene esa sensibilidad, o no se permite tenerla.

Y hay que tener una cierta honestidad para reconocer que lo que dice Ayn Rand es verdad, lo cual sólo se consigue mirando a la realidad, pensando por uno mismo, no aceptando nada por autoridad. Objetivismo no es una filosofía racionalista para ser discutida de forma abstracta en aulas académicas. Es una filosofía práctica que te dice cómo conocer la realidad y cómo actuar, cómo lograr tus objetivos, cómo ser feliz. Es una filosofía para vivir en la Tierra, como decía Ayn Rand; leer Atlas puede ser el primer paso (lo fue para mí), pero luego cada individuo tiene que tener el valor suficiente para profundizar en esa filosofía y para aplicarla a su vida diaria, y eso exige esfuerzo, sin duda. Vale la pena en todos los sentidos, desde luego, pero exige un esfuerzo personal, individual.

ED : ¿Tienes un mensaje final para quien esté interesado en Atlas?

DG :  Sí, es este: Hazte un favor y lee la nueva traducción, porque será como leer el original por primera vez, será una experiencia intelectual y emocional inigualable. Compra el libro ya, porque pueden ser los 25 euros mejor invertidos de tu vida.

ED : Pues muchas gracias.

DG :  Gracias a ti.

* * *

[Entrevista realizada el 10 de mayo del 2019, ver publicación en el blog de Ediciones Deusto aquí]

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Yo

También es honesto quien reconoce que rechaza ideas expresadas por Ayn Rand en su Rebelión de Atlas, porque le desagradan esas ideas, por ser contrarias a los valores con que se formó y a los que no quiere renunciar, aunque… Leer más »

Ángel de Jesús Ferrer Márquez
Ángel de Jesús Ferrer Márquez

Comprar la Rebelión de Atlas con el dinero de la beca del presidente AMLO… no sé

Ayn Rand

El hombre que se desprecia a sí mismo trata de obtener autoestima a través de aventuras sexuales – lo cual no es posible, porque el sexo es, no la causa, sino un efecto y una expresión del sentido del hombre de su propio valor.

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