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Qué puede salvar al mundo: Una filosofía + un «sentido de vida»

Excelente perspectiva histórica y filosófica de la situación actual en el mundo, en respuesta a la pregunta: «Dada la desesperada situación de los Estados Unidos hoy, y el futuro hacia el cual parece que vamos, ¿aún tenemos algo por lo que estar agradecidos?» (Podcast de Leonard Peikoff; respuesta basada en parte en su reciente libro «The DIM Hypothesis»)

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¿Tenemos algo por lo que estar agradecidos?

enlace al podcast de Leonard Peikoff

Hoy es mi podcast del Día de Acción de Gracias [en USA, Noviembre 2010]

Estoy publicándolo con unos días de atraso, pero creo que el ambiente de Thanksgiving continúa, y el podcast puede ser un poco más largo de lo normal, aunque tengo una sola pregunta. La pregunta es:

“Dada la desesperada situación de los Estados Unidos hoy, y el futuro hacia el cual parece que vamos, ¿aún tenemos algo por lo que estar agradecidos?”

Y mi respuesta es: “Sí, lo tenemos, pero no es obvio qué es.” Así que, voy a explicarlo.

Bueno, en el contexto de dar gracias hoy día, lo primero que se me ocurre es: los Padres Fundadores. Como sabéis (creo que debéis saber, por los escritos Objetivistas), el filósofo detrás de los Padres Fundadores fue Aristóteles. Su filosofía se eclipsó y luego volvió y fue finalmente aplicada por los filosófos y adoptada por los Padres Fundadores durante el período conocido como “la Ilustración”.

El resultado fue el primer país fundado en *ideas*. Nuestros Padres Fundadores no eran jefes de tribus, o conquistadores con ansias de poder, o un clero revestido de revelación. Eran pensadores, pensadores de la Ilustración. Fueron objeto de burla por tradicionalistas en ambos lados del Atlántico, pero se propusieron crear una nación cuyas instituciones no tuvieran precedente, y hacerlo en base a una teoría, una teoría abstracta basada en la naturaleza del hombre y del universo.

Los Estados Unidos, decidieron, sería la primera nación con un significado filosófico declarado. Claro que la filosofía que aceptaron fue la filosofía de la Ilustración, esencialmente, el laicismo, la realidad; que por lo que el hombre debe ocuparse es este mundo y esta vida, la razón el único oráculo del hombre (como dice Ethan Allen), y el objetivo válido del hombre la búsqueda de la felicidad, de su *propia* felicidad. Estos eran los fundamentos de la filosofía de Aristóteles, y la esencia de la Ilustración.

La expresión política que los Padres Fundadores vieron fue un país de gobierno limitado, un país de libertad, un país en el que los hombres tienen el derecho a procurar su riqueza, procurar el beneficio, procurar sus propios logros y disfrutar de los resultados, y un gobierno cuya única función fuese protegerlos mientras los procuran.

Esto, como base de un país, resultó en un tipo diferente de gente, en un carácter propio, un carácter americano distintivo, que como se ha indicado a menudo, es diferente de cualquier otra cosa que vemos a nuestro alrededor, o en el pasado. Ayn Rand lo llamó: el *sentido de vida americano*, y por “sentido de vida” quiere decir, en efecto, una filosofía inconsciente, una filosofía que no ha alcanzado la forma de ideas explícitas, bien conocidas por la gente, pero que de alguna forma tienen esa sensación, y esa sensación de alguna forma les motiva. Ahí es donde el país empezó. ¿Qué pasó después?

La Ilustración se desvaneció y desapareció, y fue olvidada. Las ideas se han vuelto cada vez peor. Las ideas de la Ilustración ya no están en el panorama intelectual, en absoluto. Así que podemos darles gracias a nuestros Padres Fundadores como fuerza histórica, pero la cuestión que hay que plantear hoy es: ¿qué queda de sus logros?, pues ya no se ven en las universidades, en los museos, en Washington, etc.

Obviamente estamos en una situación desesperada, y los Padres Fundadores tendrían apuros incluso en reconocerla. Así que creo que la pregunta que hemos de hacer es: ¿Qué queda en las almas, o en el subconsciente, de los americanos, aunque no lo sepan de forma explícita? ¿Sigue el espíritu de la Ilustración vivo hoy en día, aunque sea de forma encubierta?

Esa es una pregunta que yo trato en mi libro actual, “La Hipótesis D.I.M.”, y voy a esbozar los tipos de evidencia que podéis ver (se puede escribir un libro entero sobre eso, pero aquí hay alguna; estoy condensando bastante mi capítulo sobre ese tema).

Desde el lado positivo, la principal evidencia es la escisión desde hace mucho tiempo (una escisión sin igual) entre los intelectuales y el público americano orientado al sentido común. Y esa es una escisión que no tiene equivalente en Europa, una ruptura entre los intelectuales y el público. Eso puedes verlo en cómo el público rechaza firmemente tantas tendencias Europeas que no eran polémicas allí. Puedes ver esa ruptura en el tiempo necesario para que esas corrupciones europeas fueran adoptadas por las instituciones americanas y el gobierno. Estoy hablando de tendencias irracionales como: el arte no-objetivo; la educación no-cognitiva; el hombre interpretado a través del sexo (obviamente, Freud); la sociedad interpretada a través de lucha de clases (obviamente, Marx), y todo el resto.

Ahora bien, nuestros intelectuales lo engullieron todo, y así, desde ese punto de vista, siempre consideraron a América atrasada, despreciando a su propio país sin paralelo en ningún otro lugar. El público son “filisteos”, según ellos, “materialistas”, y eso es verdad, en el sentido de que los americanos tienen más respeto que los hombres en otros sitios por la riqueza como logro moral; creo que los americanos son menos envidiosos, más dispuestos a hacerse ricos por sus propias acciones, más seguros de su capacidad de triunfar en la vida.

Sólo tienes que mirar la mayor proporción de pequeños negocios en los Estados Unidos comparada con la de cualquier otro lugar, eso sugiere un enfoque particular de los americanos en iniciativa, independencia, y espíritu emprendedor. Y si vamos a políticas más concretas, podéis ver, creo, que los americanos, en general, están muchísimo menos dispuestos que otros a subordinar su individualidad a un gobierno cada vez mayor.

Aquí, de nuevo, en casi todos los puntos, desde el nacimiento del Estado del Subsidio bajo FDR (Roosevelt) hasta su más reciente expresión: la medicina socializada de Obama, América ha ido a la zaga de Europa. Los intelectuales se quejan de tener que arrastrar al país hacia el futuro, contra la falta de voluntad de un público reacio. Y, bueno, han conseguido arrastrarnos una y otra vez, pero tuvieron que “arrastrar”.

Sartre, un existencialista francés, se quejó famosamente que los americanos no creían en el mal, o sea, en la impotencia y la depravación humanas como las fuerzas que mueven al hombre. Y esa es una acusación relacionada directamente con el papel de la Ilustración en influenciar el subconsciente americano, porque cada vez que Sartre presentaba lo que el consideraba un irresoluble problema de la vida, los americanos siempre respondían: “*Nosotros* podemos resolver los problemas, usando la razón, y la lógica, y el pensamiento”, y su actitud era: “Los Americanos no tienen remedio; esa es una ingenuidad que no aguanto”.

Ahora veamos el otro lado de la cuestión. Sigue habiendo una escisión entre los intelectuales aquí y el público, pero su raíz ya no parece ser principalmente (desde luego, no totalmente) el “sentido común” del público (como opuesto a la irracionalidad de los intelectuales). Parece ser, más y más, la creciente aceptación del público por la religión, que los intelectuales no aceptan. (Para evidencia de eso os remito al capítulo 13 de mi libro).

Creo que hay menos respeto ahora por quienes buscan el beneficio y los dueños de la riqueza hoy; hay una mayor disposición a creer en todos los detractores de… de los hombres de negocios, los emprendedores, los que buscan el beneficio; hay una mayor predisposición a sacrificar, o a dejar que les quiten sin rechistar, los bienes materiales solicitados por los grupos de moda: ecológicos, étnicos, económicos, etc.; hay menos confianza, creo, en la capacidad del individuo de conseguir valores por sí mismo, por su propia acción; y, dado el hecho que el gobierno se ha vuelto tan enorme, la gente ha empezado a sentir el declive de América, y el declive del país en casa, y de nuestra capacidad de lidiar con enemigos extranjeros.

Y como resultado de eso, pienso que existe una sensación de futilidad, ciertamente de ansiedad, de desesperación; gran parte del público ahora cree en el mal, por lo menos hasta cierto punto, en el sentido de creer que hay problemas cruciales que no tienen solución, que somos impotentes de resolver, que no hay nada que podamos hacer.

En cuanto a la política, gran parte del público aún dice estar en contra del “gran gobierno”, a pesar de que la mayoría de los sub-grupos activos del país frecuentemente exigen más y más subsidios y políticas que creen que son beneficiosas para ellos mismos. Así que tenemos este panorama: por un lado, los americanos están orgullosos de la larga historia de su nación de proclamar los derechos del hombre, y veneran la Constitución que les protege, y en un cierto sentido sinceramente lo hacen; pero, por otro lado, tienen han sufrido un lavado cerebral cristiano, y más recientemente igualitario, así que cada vez ven menos problema con la [reciente] historia de violar cada vez más los mismos derechos por los cuales veneran a la Constitución que los incluye.

La interpretación optimista es que no saben lo que hacen y podrían ser corregidos. La interpretación pesimista de este tipo de contradicción es que las ideas de la Ilustración son ahora prácticamente pura retórica, y que la gente en realidad no tiene ideas coherentes o sentimientos sobre el tema.

En cualquier caso, no podemos negar la evidencia del *cambio* en el carácter del público a través del tiempo. La gente hoy acepta, sea alegremente o pasivamente o incluso sin darse cuenta, aceptan innumerables hechos que sus antepasados tan sólo unas generaciones atrás habrían calificado de horrendos o incluso inconcebibles.

Piensa en nuestros abuelos, en los años 50 o 60, acostumbrados como lo estaban a estudiantes de secundaria con una educación y un conocimiento razonables; ¿podrían haberse imaginado a los adolescentes que salen hoy, los adolescentes “des-conceptualizados”, que en pruebas recientes quedaron en la posición 27 en cuanto a educación en el mundo industrializado, detrás de Bulgaria?

O mirad otro ejemplo. Habiendo participado en la conmoción de todo el país en los años 40, cuando Truman intentó asumir control de los fabricantes de acero, ¿creéis que nuestros abuelos podrían haber imaginado una época en que gran parte del público aplaudiría la apropiación de los bancos, la industria automovilística, Wall Street, y quién sabe qué viene después…?

Y uno más, un ejemplo más horrendo aún: Si viviste la urgencia de todo el país de declarar la guerra y defender a este país después de Pearl Harbor, y el ir a la guerra tendría que suponer una rendición incondicional, no cabía la negociación, ¿crees que podrían haberse imaginado la conformidad del público americano con dos presidentes sucesivos, que tuvieron, o ninguna respuesta al 11 de septiembre (aparte de unas cuantas palabras vacías), o un total y vergonzoso apaciguamiento de quienes lo perpetraron? No lo habrían tolerado.

Independientemente de cualquier otra cosa, los americanos de hoy serían irreconocibles para los Padres Fundadores que ellos ensalzan.

Así que, lo resumo así: La evidencia, con relación al sentido de vida americano, es incoherente, y a primera vista es sistemáticamente contradictoria.

¿Qué significa eso, entonces, en cuanto al sentido de vida? ¿Sigue existiendo como un factor viable en la historia? ¿o se ha diluído hasta el punto ser una irrelevancia histórica?

He esquematizado algunas de las señales de por qué hay *alguna* evidencia a favor de cada una de estas interpretaciones, pero ninguna evidencia *concluyente* para ninguna de las dos. Mi conclusión, brevemente, se basa en la idea, en la distinción entre “posible”, “probable” y “cierto”.

“Posible” es cuando hay alguna evidencia, pero no mucha (opuesto a “arbitrario”, que es cuando no hay ninguna).

“Probable” es cuando hay una preponderancia de evidencia.

“Certeza” es cuando se tiene toda la evidencia, es irrefutable.

Y yo digo, dada la situación que tenemos hoy sobre esta cuestión, incluyendo las perversas ambigüedades, sólo una conclusión parece ser válida: Es “posible” que el punto de vista de la Ilustración – “posible”, no arbitrario, el decir esto – es posible que el punto de vista de la Ilustración esté extendido y esperando dentro del subconsciente americano, es posible que no se haya atrofiado hasta el punto de irrelevancia histórica.

Pero, en estos momentos, como Ayn Rand dijo 40 años atrás, “es imposible saberlo”, y es más imposible ahora porque las mejores partes se han atrofiado más.

¿Con qué nos deja eso? Nos deja una *posibilidad*, un “tal vez”. Por lo que podemos darles gracias a nuestros Padres Fundadores, incluso dado el estado del mundo desde entonces, es que pusieron una base tan poderosa y racional en este país que aún tenemos un “tal vez”.

Y puedes decir… “¿No es esa una conclusión muy pesimista?”

Bueno, esa es la cuestión del vaso medio lleno o medio vacío. Porque el lado negativo “tal vez no” implica el “tal vez sí”. Y tenemos, debo decir, un extra-fuerte “tal vez” aquí, porque las ideas aristotélicas que hicieron a los Padres Fundadores posibles, han sido ahora reformuladas por Ayn Rand, despojadas de todas las contradicciones de los tiempos, en la forma de Objetivismo, y por lo tanto están presentes en su forma más poderosa, así que si existe un remanente del sentido de vida con el que trabajar… si el potencial existe… tenemos ahora el elemento activador, y si podemos juntar los dos, podríamos redireccionar el país.

Así que tenemos dos potenciales de gran alcance, hoy: una filosofía que “puede” ser capaz de darle la vuelta a las cosas, y un pueblo que “puede” estar listo a aceptarla, y no puedes subestimar la realidad de esos dos factores.

Si mirases a Alemania, o a Rusia, o incluso a Inglaterra, en cualquiera de estos dos puntos, por supuesto no tenían Objetivismo, pero *nunca* serían receptivos a Objetivismo, es demasiado contrapuesto a todo lo que creen, así que no había ideas y ningún público que hubiera sido receptivo a ellas, aunque las hubiera, que es por lo que todos ellos van como van.

Así que creo que tenemos algo por lo que dar gracias. Podemos agradecer el hecho de que tenemos un futuro *posible*, una salida *posible*, porque nos fue dado un comienzo tan fantástico. Y en base a eso, quiero decir, aún:

«Gracias, Thomas Jefferson”.

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En el contexto de la acalorada discusión actual sobre si los impuestos deberían ser aumentados sólo para la clase media y no para la gente malvada que gana más de $250.000, no puedo resistir citar a uno de los principales fundadores de la Revolución Americana y eventual presidente, John Adams.

Quiero que escuches esto, sin comentarios míos, en contraste a *cualquier cosa* que puedas oír o leer hoy: “Se reconoce que el objetivo de cualquier gobierno es lo bueno y la facilidad de la gente para asegurar el disfrute de sus derechos, sin opresión. Pero debemos recordar que los ricos son gente, igual que los pobres; que ellos tienen derechos como los demás; que tienen un derecho tan manifiesto y tan sagrado a su grandes propiedades, como otros puedan tener a las suyas menores; que la opresión contra ellos es tan posible y tan malvada como contra los demás”.

“Gracias, John Adams”.

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