Islamistas pisotean libertad de expresión

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(Inicialmente publicado en 2012. Republicado en enero 2015 con motivo de los ataques a Charlie Hebdo).

Los monstruosos ataques contra la embajada americana en Libia deben de ser considerados una consecuencia del largo apaciguamiento de los Estados Unidos hacia los islamistas que buscan reforzar su dogma y destruir el principio de libertad de expresión.

Ese modelo de conducta se remonta a la débil respuesta que tuvieron los Estados Unidos durante el escándalo de las caricaturas danesas de Mahoma, y aún antes, a escándalos como nuestra ridículamente suave condena a la sentencia de muerte impuesta sobre el autor Salman Rushdie. Ahora, el furor es sobre clips en YouTube de unos cortos videos sobre musulmanes y Mahoma. En todas estas situaciones, ¿dónde están las apasionadas respuestas que necesitamos de nuestros líderes políticos, defendiendo el derecho inalienable a la libertad de expresión, y más concretamente, el derecho a criticar e incluso ridiculizar ideologías y religiones de cualquier tipo?

Nuestra tenue respuesta a cada sucesiva crisis sólo ha envalentonado a los islamistas, que exigen que nos arrodillemos en obediencia a su dogma. Al intentar apaciguar las demandas islamistas que pretenden destruir libertad de expresión, estamos desarmándonos a nosotros mismos. Estamos cediendo el derecho a expresar nuestras ideas y – hoy día algo más crucial que nunca – a criticar un movimiento cada vez más beligerante y hostil contra nuestras vidas y nuestra libertad. Las mortales atrocidades durante la crisis de las caricaturas de Mahoma – por no hablar de los asesinatos de “blasfemos” y de otros críticos (recordad a Theo Van Gogh) – demuestran la necesidad de proteger la libertad de poder denunciar las salvajes acciones y los monstruosos puntos de vista de los islamistas. Renunciar a ese derecho es renunciar a todas las demás libertades, poco a poco y a plazos.

Cada capitulación por parte de Occidente reafirma nuestra sumisión a los preceptos musulmanes, y la renuncia a nuestros propios valores. Y eso incita amenazas adicionales – de violencia de masas embrutecidas, de decapitaciones, y de ataques con cohetes contra las Embajadas de Estados Unidos – para conseguir que subordinemos nuestra libertad al dogma islámico.

La trágica muerte de los diplomáticos americanos en Libia pone de relieve el costo, en términos de vidas humanas, de no defender el principio de la libertad de expresión. Debemos defender nuestro derecho a la libertad de expresión como algo sacrosanto. Sólo corrigiendo los fallos politicos que nos han afligido durante décadas podremos prevenir pro-activamente tales ataques en el futuro, en vez de limitarnos a responder sólo después de que haya habido derramamiento de sangre.

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Por Elan Journo, director de Investigación Política del Ayn Rand Institute. Su libro, Winning the Unwinnable War, trata de los errores en la respuesta americana al 11-S, y qué debemos hacer a partir de ahora.

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Publicado por: January 9, 2015 12:30 am 9 Comentarios

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  • VISIÓN LEGAL-RD says:

    La violencia, sea el medio o fin que sea no es un argumento. José Díaz.

  • AlphaColumbia says:

    wow! me acabo de dar cuenta que hacen publicidad de Atlas Shrugged! :O

    llevo tiempo sin meterme en dicha página (continuamente solia seguir los atentados en directo por todo el mundo) pero estos dias he tenido que acudir a ella por el tema de Syria, y me he llevado la sorpresa ahora mismo 😀

  • AlphaColumbia says:

    Página que será de vuestro interés:

    http://www.thereligionofpeace.com

  • Alfonso says:

    Los musulmanes se ponen histéricos por un video. .¿Que decir de los asesinatos que se han producido en Nigeria, Paquistán y otros lugares del mundo .
    En esos casos no pueden alegar “vídeos blasfemos” Pero Occidente no ha promovido ataques a embajadas y otros centros islámicos.

  • i4everluis says:

    Si la gente se siente ofendida por tonterías semejantes (la película), es porque le concede a otros poder sobre sus sentimientos. Siendo así no me extraña que quieran dominar y/o aterrorizar a los demás para que no se atrevan a vapulear sus débiles y dependientes emociones.

  • Miguel says:

    La Rebelión de Atlas es un libro extraordinario y precisamente por eso no se puede leer una sola vez, sí use las palabras de Akston, precisamente por querer mostrar cómo el relativismo moral e intelectual es lo que termina por hacer que el mal triunfe, y en relación con esto es de reseñar la actitud del Secretario General de la ONU, al decir, que debemos respetar todos los valores aunque sean diferentes a los nuestros y que eso constitituye la base de una sociedad civilizada, precisamente eso es todo lo contrario a lo que hay que hacer, una sociedad civilizada no puede mantener valores que son contrarios a esa misma sociedad, tiene que oponerse a ellos intelectualmente si se trata de oponerse solo a esos valores irracionales, por las armas contra quienes tratan de aplicar dichos valores destruyéndonos.

    La historia lo ha mostrado numerosas veces, es solo por la complicidad intelectual de algunos sujetos relativistas e irracionales de occidente los que afianzan a las dictaduras místicas de todo credo y color.

    Lenin pudo trinunfar en Rusia porque la mayoría de los rusos veían con buenos ojos el comunismo y pudo imponerse sin que en occidente se hiciera nada para impedirlo porque la mayoría compartía explícitamente las premisas del altruismo en una forma u otra.

    La II GM y el ataque sobre Japón mostró como un ataque contundente e intransigente derrota a los enemigos, el problema es cuando aqui en occidente se trata de diferenciar entre musulmanes e integristas religiosos, como si no fuesen los valores propugnados por el islam los responsables de la violencia, pero aquí en occidente hemos sustituido el cristianismo por el relativismo moral, la sustitución del cristianismo ha sido buena pero no el sustituto.

    Urge la comprensión de la filosofía y la moral objetivistas para detener este avance de la irracionalidad y la destrucción.

  • Miguel says:

    Es lamentable como el miedo se está apoderando de las personas en países libres, hace muchos años uno podía escuchar por la calle expresiones que quizás eran de mal gusto referidas a los símbolos islámicos y en especial de Mahoma, y sí puede ser inmoral en ciertos contextos no aportar argumentos sino riduculizar creencias que son rídiculas de hecho e irracionales pero es moralmente correcto por cortesía no ofender las creencias de los demás, solo refutarlas de forma racional en el plano intelectual.

    Pero aquí no se está hablando de eso, de lo que se está hablando es de que no se puede tolerar que simples expresiones que pueden ser de más o menos mal gusto, den lugar a brutales ataques con víctimas mortales y a querer silenciar a los demás por medio de la fuerza, eso debe ser intolerable si nos guiamos por las premisas de una sociedad libre, y en particular la libertad de expresión y de opinión debe prevalecer y no solo sino la seguridad de que nadie puede amenazar tu vida y tus derechos por las expresiones emanadas de tu facultad cognoscente, eso es el primer paso para una dictadura, y es evidente que los islamistas lo han dado ya hace mucho tiempo, y aqui se tiene miedo, y se tiene miedo por una razón, porque occidente es presa de la filosofía posmoderna postkantiana que en aras de una supuesta paz perpetua pretende acoger en su seno cualquier expresión e idea como moralmente válida, equiparando en estatus la razón y la más completa demencia brutal.

    La causa es multiculturalismo, el resultado lo estamos viendo todos los días en los noticieros y telediarios del mundo, muerte de un embajador en Libia, asesinatos de occidentales dentro de nuestras fronteras etc, y la espiral de violencia in crescendo.

    La actitud ideológica correcta muy lejos del relativismo moral que impera hoy día, es la siguiente, citando a Hugh Akston:

    “Me retiré, me uní a él y me declaré en huelga -dijo Hugh Akston- por no poder compartir mi profesión con hombres convencidos de que la tarea de un filósofo consiste en negar la existencia del intelecto. La gente no requeriría la labor de un gasista que intentara demostrar su excelencia asegurando que no existen las cañerías, pero al parecer, la misma precaución no es considerada necesaria con respecto a los filósofos. Sin embargo, fue mi propio discípulo el que me enseñó que era yo quien hacía esto posible.”

    “Cuando los pensadores aceptan a quienes niegan la existencia del pensamiento como pertenecientes a una escuela filosófica diferente, son ellos quienes logran la destrucción de la mente. Consienten la premisa básica del enemigo, otorgando el reconocimiento de que la más absoluta demencia es racional. Una premisa básica es un absoluto que no permite ninguna comparación con su antítesis, y ninguna tolerancia. De la misma manera y por la misma razón que un banquero no aceptará ni permitirá la circulación de moneda falsa, garantizando el honor y prestigio de su banco, aunque el impostor argumente que se trata de una simple diferencia de opinión, yo tampoco le otorgo el título de filósofo a Simón Pritchett, ni competiré con él por la conquista de la mente humana. El Dr. Pritchett nada tiene para aportar a la filosofía, excepto su declarada intención de destruirla. Intenta sacar ventaja, a fuerza de negarlo, del poder del razonamiento humano. Intenta estampar el sello de calidad sobre los planes de sus amos, los saqueadores. Se propone utilizar el prestigio de la filosofía para comprar la esclavitud del pensamiento, pero ese prestigio constituye una cuenta que sólo existirá si yo estoy allí para firmar los cheques. Déjenlo que lo haga sin mí, dejen que actúe, y quienes le confían la mente de sus hijos tendrán exactamente lo que piden: un mundo de intelectuales sin intelecto y de pensadores que aseguran que no pueden pensar. Lo reconozco. Me atengo a ello. Y cuando vean la realidad absoluta de su mundo no absoluto, no estaré allí y no seré yo quien pague el precio de sus contradicciones.”

    O sea, no podemos tolerar que la diferencia entre la racionalidad y el terror místico que proponen los islamistas es una simple diferencia de opinión, y que todas las ideas por el hecho de serlo son igualmente válidas, sino que debemos mantener como un absoluto que es de occidente la razón y el derecho y es de los islamistas la irracionalidad y la brutalidad barbárica.

    Solo así se les podrá detener, pero los políticos son servidores de los grupos que le otorgan sus votos, y ellos no van a plantar una firme defensa moral pues eso supondría el suicidio político de los mismos, la gente ha aceptado ideas que las destruyen y creen que la filosofía es una inútil charla de salón, pero cuando se den cuenta de que los móviles, los ordenadores, la comida, las viviendas y lujos que tanto disfrutan, la libertad con la que salen a la calle, dependen precisamente de las ideas que ellos quieren relegar y se ven amenazas por las ideas que ellos no quieren enfrentar, entonces, habría que decirles, ¡Hermanos, ustedes lo pidieron!

    • godmino says:

      Miguel, ¡Excelente el que hayas ilustrado y enriquecido tu integración mencionando esos párrafos de Hugh Akston en Atlas! Así es como hay que leer ese libro (y por eso puede leerse tantas veces y disfrutarlo como si fuera la primera), entendiendo hasta qué punto son aplicables las ideas que están siendo expuestas en cada momento.

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