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“ Religión de paz ” es un oxímoron

En memoria de los asesinados por el fundamentalismo islámico en París, en Niza, en Manchester, en Londres . . .

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“Religión de paz” es un oxímoron [‘recurso retórico que consiste en combinar dos palabras o expresiones de significado opuesto’, RAE].

La paz es un acto de racionalidad, es el resultado de identificar determinados hechos en la realidad, concretamente los relacionados con la naturaleza del hombre. El hombre es un animal racional: se realiza como ser humano, como lo que es por naturaleza, usando la razón. No hay humanidad sin racionalidad, y no hay racionalidad sin libertad para emplear el propio juicio y ponerlo en práctica, con garantías de que esa libertad sea respetada. Es esta realidad — esta característica de la naturaleza humana — lo que da pie al principio de los derechos individuales. La paz no es más que el fruto de la preservación de estos derechos.

Sin racionalidad no puede haber ni derechos humanos, ni paz. La religión en general, y las religiones abrahámicas en particular, son esencialmente contrarias a la razón. La creencia en Dios exige la renuncia a la razón, la renuncia a la identificación de los hechos de la realidad. La práctica de la razón concluye que Dios no existe: Dios, nos cuentan, es una entidad que trasciende el mundo, un ser sobrenatural que crea la existencia desde fuera de la existencia, y que, ante todo, no puede ser demostrado, probado o respaldado con evidencias físicas. Creer en Dios es cuestión de fe.

La fe es exactamente lo opuesto a la razón. La razón exige que creas en aquello que puedes probar; la fe exige que creas en aquello que es indemostrable. Cuanto más ciega es la fe, mejor creyente eres. No puedes cuestionar lo que te manda la religión, pues eso sería propio de un mal creyente, sino que debes aceptar con fe, no con razón, con tu corazón y no con tu cerebro, la verdad que ha sido revelada.

En el caso de las llamadas religiones del libro (judaísmo, cristianismo e islam), esa verdad revelada por Dios se encuentra en las escrituras. Las escrituras son palabra de Dios, ha de aceptarse con fe lo que en ellas viene escrito. No hay alternativa si quieres ser un buen creyente. Esos libros impelen a sus seguidores a matar, a violar, a saquear, a oprimir y a conculcar por la fuerza los derechos de aquellos que no creen en la verdad revelada por Dios. ¿Quién en su sano juicio puede creer que alguien que tenga por guía moral estos libros de la muerte profesa una religión de paz?

Es cierto que, afortunadamente, los cristianos actuales no ponen en práctica lo que les dicta el Deuteronomio, capítulo 13, ni les cortan la cabeza a los infieles gritando “Deus lo vult”. Dicen que el cristianismo ha evolucionado, y eso es verdad. Ya no estamos en la época de las cruzadas y de la Inquisición. Pero si dejamos atrás esas atrocidades fue gracias a la puesta en práctica de la razón, no dejando que la fe ciega llegara a su conclusión lógica. Si en Occidente ya no lapidamos a las adúlteras y quemamos a los herejes es precisamente porque cuestionamos esa verdad revelada, porque adoptamos una brújula moral basada al menos parcialmente en la razón, en los hechos de la realidad, en vez de en la creencia indiscutible en la ley de Dios.

El problema, se arguye, son los fundamentalistas, los radicales. Pero eso es confesar que el problema son los fundamentos, o sea, es la raíz de la religión. ¿Por qué no lo reconocemos de una vez? ¿Por qué no aceptamos que la fe es una fuerza del mal, como la razón lo es del bien? Si hoy día existen musulmanes, cristianos y judíos que jamás matarían en nombre de Dios, es porque han aceptado un principio moral alternativo mejor que la fe: la razón. Son buenas personas porque son malos creyentes.

En el caso concreto del islam, en cuyo nombre tantos creyentes han cometido y siguen cometiendo atrocidades, sólo hay que echar un vistazo a países como Irán y Arabia Saudí, a organizaciones como Al-Qaeda y el Estado Islámico, y a quienes se manifiestan en las capitales de Europa clamando Sharia; hay que oír su retórica fundamentalista y contemplar los innumerables atropellos a los derechos humanos que llevan a cabo todos los días, para darse cuenta de que aún falta mucho para que los musulmanes se tomen la religión, al igual que los cristianos, sólo como excusa para organizar actos familiares y sociales, y vestir a sus hijos de marineritos y princesas.

Así que, la próxima vez que oigas decir que ciertos grupos son religiosos pero no son extremistas, recuerda el hecho básico tan elocuentemente expresado por Ayn Rand:

«Fe y fuerza son corolarios: cada período de la historia dominado por el misticismo ha sido un período de estatismo, dictadura y tiranía».

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Por Álvaro Pavón Romero (Twitter @alvaro_promero), estudiante de filosofía y colaborador de Objetivismo.org)

Basado en un escrito publicado originalmente en https://eljuglarweb.com/ con el título: «Religiones de Paz»

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