Sobre una mujer presidente – por Ayn Rand

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mujer presidente ar cl brRespuesta a los lectores (sobre una mujer presidente) – por Ayn Rand – (publicado en enero 1969 en The Objectivist)

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Hace aproximadamente un año, en la edición de enero de 1968, McCall’s publicó un artículo-entrevista con dieciséis mujeres conocidas (entre las que me encontraba yo) a quienes se les había pedido que respondieran a la pregunta: «¿Qué haría yo si fuese presidente de los Estados Unidos?». El primer párrafo de mi respuesta fue: «Yo no querría ser presidente, y no votaría por una mujer presidente. Una mujer no puede querer, razonablemente, ser comandante en jefe. Prefiero responder a la pregunta exponiendo lo que un hombre racional haría si él fuese presidente».

Después de eso, recibí muchas cartas de estudiantes de Objetivismo, queriendo saber mis razones para escribir ese párrafo concreto.

Yo contaba con que los lectores de mis novelas entendiesen mis razones. Reconozco, sin embargo, que el tema no es auto-evidente y que no es fácil de conceptualizar. Como material ilustrativo, sugiero que estudies la motivación básica de las heroínas en mis novelas, sobre todo de Dagny Taggart.

No creo que una mujer racional pudiese querer ser presidente. Observad que no he dicho que ella sería incapaz de hacer el trabajo; he dicho que ella no querría. No es cuestión de su competencia, sino de sus valores.

No estamos hablando de «inferioridad» femenina, ni intelectual ni moralmente; las mujeres no son inferiores a los hombres en competencia o en inteligencia; además, no sería difícil hacer un trabajo mejor que el que han hecho algunos de nuestros presidentes más recientes. Ciertamente no tiene nada que ver con la noción popular que las mujeres están motivadas predominantemente por sus emociones en vez de por la razón, lo cual es simplemente absurdo. No es cuestión de una falsa dicotomía entre matrimonio o carrera, con la noción corolaria de que «el lugar de la mujer es en su casa»; casadas o solteras, las mujeres necesitan y deberían tener carreras, por las mismas razones que los hombres. Las mujeres podrían perfectamente llegar tan alto como su habilidad y ambición les permitiese; en política, podrían llegar al nivel de congresistas, senadores, jueces, o cualquier otro nivel similar que decidiesen.

Pero cuando se trata del cargo de presidente, no consideres el tema principalmente desde un punto de vista más o menos social o altruista; o sea, no preguntes: «¿Sería ella capaz de hacer el trabajo, y ello sería bueno para el país?» Razonablemente, sí sería capaz y ello sería bueno, pero ¿qué supondría todo eso para ella?

La cuestión es principalmente psicológica. Tiene que ver con la visión fundamental que una mujer tiene de la vida, de ella misma y de sus valores básicos. Para una mujer, como mujer, la esencia de la feminidad es la adoración al héroe: el deseo de admirar al hombre. «Admirar» no quiere decir depender, obedecer, o nada que implique inferioridad. Quiere decir un cierto tipo de intensa admiración; y la admiración es una emoción que puede ser experimentada solamente por una persona de carácter fuerte y de juicios de valor independientes. El tipo de mujer “oportunista” no es una admiradora, sino una explotadora de hombres. Admiración al héroe es una virtud exigente: una mujer tiene que merecerse tanto a esa virtud como al héroe a quien admira. Intelectual y moralmente, es decir, como ser humano, ella tiene que ser su igual; entonces el objeto de su admiración es específicamente su masculinidad, no cualquier virtud humana de la que ella pudiera carecer.

Eso no significa que una mujer femenina sienta o proyecte una admiración al héroe hacia todos y cada uno de los hombres individuales; como seres humanos, muchos de ellos pueden ser, de hecho, inferiores a ella. Su admiración es una emoción abstracta por el concepto metafísico de masculinidad como tal, el cual ella siente de forma total y concreta sólo por el hombre que ama, pero que es una emoción que afecta su actitud hacia todos los hombres. Eso no quiere decir que haya un interés romántico o sexual en su actitud hacia todos los hombres; al contrario: cuanto más alta sea su visión de la masculinidad, más exigentes y severos serán los criterios por los que ella juzgue. Significa que ella nunca deja de ser consciente de su propia identidad sexual ni de la de ellos. Significa que una mujer verdaderamente femenina no trata a los hombres como si ella fuese su camarada, su hermana, su madre… o su líder.

Veamos ahora el significado de la presidencia: en todas sus relaciones profesionales, dentro de toda la esfera de su trabajo, el presidente es la mayor autoridad; él es el «Jefe Ejecutivo», el «Comandante-en-Jefe». Incluso en un país totalmente libre, con una incólume separación constitucional de poderes, el presidente es la autoridad final que establece las condiciones, los objetivos y las políticas de todas las tareas en la rama ejecutiva del Gobierno. Al ejercer sus funciones, el presidente no trata con iguales, sino únicamente con inferiores (no inferiores como personas, sino en cuanto a la jerarquía de sus posiciones, tareas y responsabilidades).

Eso, para una mujer racional, sería una situación inaguantable. (Y si ella no es racional, entonces no estaría cualificada para la presidencia ni para cualquier posición importante, en cualquier caso). Actuar como un superior, como un líder, virtualmente siendo quien manda en todos los hombres con quienes trata, sería una insoportable tortura psicológica para ella. Requeriría una total despersonalización, un desprendimiento enorme y una soledad incomunicable; ella tendría que suprimir (o reprimir) todos los aspectos personales de su propio carácter y de su actitud; no podría ser ella misma, es decir, una mujer; tendría que funcionar sólo como una mente, no como una persona, o sea, como una pensadora sin valores personales, y eso es una peligrosa dicotomía artificial que nadie podría mantener durante mucho tiempo. Por la naturaleza de sus obligaciones y de sus actividades cotidianas, ella se convertiría en la figura menos femenina, más asexuada, más inapropiada metafísicamente y racionalmente repugnante de todas: en una matriarca.

Eso se aplicaría a la reina de turno en una monarquía absoluta; pero no se aplicaría a una mujer en cualquier otro campo de actividad que no fuese la política. No se aplica, por ejemplo, a una mujer que dirige una empresa de negocios; aunque ella fuese la mayor autoridad dentro de esa organización, estaría tratando constantemente con hombres que no están bajo sus órdenes: con clientes, proveedores, competidores; ella no está condenada a un régimen de aislamiento por tratar exclusivamente con hombres que son jerárquicamente inferiores a ella (y tampoco son sus poderes tan amplios como los de un presidente).

Es concebible que en algún contexto histórico aislado, durante algún periodo de emergencia nacional extrema, fuese adecuado que una mujer asumiera temporalmente el liderazgo de un país, en el papel de presidente, si no hubiese hombres capaces de asumirlo. ¿Pero qué implicaría eso sobre el carácter de los hombres de esa época? (Normalmente, los mejores y más capacitados de entre los hombres no tienen necesariamente que buscar la presidencia; pero en caso de emergencia extrema, tendrían que hacerlo… como hicieron los Padres Fundadores).

Hay un precedente histórico sobre el destino de una mujer líder en un periodo de emergencia extrema: Juana de Arco, la mujer más heroica y el símbolo más trágico de la historia. Y digo «trágico» no sólo porque la quemaran en la hoguera en recompensa por haber salvado a su país, aunque esa monstruosa maldad física sea singularmente apropiada como concretización ficticia de la tragedia espiritual de su vida. Hazte esta pregunta: ¿Qué poder de dedicación debe ella haber poseído al encontrarse con que era la única persona capaz de reavivar el espíritu luchador de hombres que habían abandonado? y ¿qué es lo que ella personalmente debe haber sentido sobre eso?

El que una mujer busque o desee la presidencia es, de hecho, un panorama de auto-inmolación espiritual tan terrible, que la mujer que lo haga es psicológicamente indigna de esa tarea.

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[Nota del traductor: Algunos críticos de Objetivismo, no pudiendo encontrar nada más esencial con lo que discordar, critican asuntos de la vida privada de Ayn Rand o puntos de vista que, como el expresado en este artículo, no son esenciales a su filosofía. Esos críticos harían bien en reconocer que este artículo no es sobre filosofía sino sobre psicología, y en apreciar la increíble profundidad y sensibilidad de su autora.]

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Publicado por: marzo 6, 2016 12:25 am

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0 respuesta a “Sobre una mujer presidente – por Ayn Rand”

  • Miguel says:

    Adán, sin ánimo de eternizar ni de discutir, claro que la moral objetivista es lo que dices de te viene bien hacer eso en base a que es lo correcto para vivir tu vida, pero cuando me refiero al deber, era que toda conducta es de deber hacer algo, o sea deber ser, prescribir conductas que son buenas y que por ende es obligatorio hacerlas o malas y por ende es obligatorio omitirlas, y el deber expresa perfectamente ese sentido de obligatoriedad y de imperatividad y de imposición. Lo que pasa es que Objetivismo reconoce que las únicas imposiciones que a un individuo le viene de fuera son las necesarias para actuar conforme a la razón y la realidad.

    En el discurso largo de Atlas, ( pongo esto sin mencionar que discurso para aquellos que no la hayan leído pero Adán tu sabes cuál es el discurso, o sea el discurso largo del final donde se expresa casi toda la filosofía), se dice al explicar que deberes se tienen hacia los demás. Dice, ninguno, solo tengo deberes hacia mí mismo y hacia el resto de las cosas que existen, racionalidad, ahí está reconociendo el concepto de deber como clave de la ética, lo que difeencia a Objetivismo de Kant es que este último saca al deber de la realidad y de las necesidades vitales del hombre.

  • Havezethario says:

    Señores, yo no le he ordenado ni impuesto a nadie nada. He hecho un comentario crítico sobre algo que, creo, está mal.
    De todo corazón, me disculpo si he ofendido a alguien. Más amablemente le pido al traductor que haga sus propias valoraciones pero no nos diga a los demás (en un posdata, je) cuán más o menos o cómo tenemos que valorar este escrito de Rand.

    Y si aún les sigo ofendiendo, no pierdan el tiempo.

    • godmino says:

      OK, no hay problema, aceptamos la disculpa y seguimos tan amigos.

      Por definición, lo que alguien pone en su página están bien puesto (independientemente de que sea correcto o no). Quien no esté de acuerdo es libre de dejar de leerla en cualquier momento.

      En cuanto a por qué hicimos ese comentario en este caso, es muy simple: sabemos por experiencia que algunos artículos dan pie a críticas inválidas (atacando a hombres de paja), y sabemos que este artículo concreto ha ocasionado ese tipo de críticas entre lectores anglosajones; nuestra idea era anticiparnos a esas críticas indicando el contexto apropiado y evitando así discusiones infructuosas e irrelevantes.

      Lo que no esperábamos eran críticas a nuestro intento de encauzar las críticas, y por eso no pusimos una segunda N. del T. explicando por qué pusimos la primera. Hay un límite. Como dice Ayn Rand (sin ánimo de ofender a nadie): «Cualquier cosa puede ser hecha a prueba de tontos, pero no a prueba de tontos tontos».

  • Miguel says:

    Adán, te equivocas cuando dices que la moral no se basa en el deber, toda moral se basa en el deber, incluida la objetivista, ahora bien la diferencia con la moral Kantiana, es que mientras Kant declara que el deber debe ser la subordinación a una autoridad incognoscible, los religiosos a una autoridad sobrenatural y los colectivistas socialistas a la autoridad terrenal, objetivismo declara que el deber es obedecer a la realidad como un absoluto y en consecuencia vivir plenamente la realidad de tu propia existencia, tu vida.

    Toda moral se basa en imperativos, ahora bien, los imperativos de objetivismo son hipotéticos, a diferencia de los de Kant que son categóricos, objetivismo dice debes hacer esto, si tu juicio aplicado a tu vida te muestra que es racionalmente correcto.
    Es el imperativo supremo de la moral objetivista.

    Ayn Rand en su libro de Filosofía: Quien la necesita, en el capítulo Causalidad versus deber, dice Ayn Rand que en la ética objetivista existe imperativos pero todos ellos vienen seguidos de una cláusula de estilo como si…. y ahí está la elección racional del hombre para su propia vida.

    O sea por ejemplo: Debes trabajar, si quieres comer, Debes comer, si quieres vivir, Debes pensar, si quieres vivir, Debes ver la realidad, si quieres pensar.

    Son los ejemplos proporcionados por la genial Ayn Rand, y ella acepta el deber pero su deber viene incardinado en la realidad de este mundo, en la vida humana y en la razón.

    La moral responde a la pregunta: ¿ Que debo hacer?

    Kant dijo: Lo que te dicte el deber por el deber.

    Aristóteles: Lo necesario para alcanzar la felicidad como supremo bien.

    Cristianismo: Lo que te mande la voluntad de Dios para la salvación de tu alma de acuerdo con los dictados de la Santa Madre Iglesia.

    Objetivismo: Lo que la realidad como ser racional te exige para vivir el valor incomparable que es tu vida.

    Todas hablan de deberes, lo que cambia es la naturaleza y los fundamentos de los que emana el deber.

    No tengo errores de conocimiento, es que todos estamos sujetos a deberes, pero los deberes de una persona racional se resumen en un solo: Pensarás para vivir conforme a lo que requiere la realidad de tu existencia en tanto que existes.

    Y en Atlas varias veces dicen algunos personajes: Solo tienes deberes hacia ti mismo. Pero el caso es que tienes deberes.

    En cuanto al robo, me refería a un robo con agresión, o sea de los típicos asaltos armados, pero una restitución de la propiedad y una toma de consciencia pacífica en el caso de que hubiese el sujeto cometido solo un hurto que es una variante del robo pero sin violencia ni fuerza, eso sí podría reconocer la realidad de que el sujeto ha cambiado y en consecuencia reconocerlo libre de mácula moral.

    En realidad el perdón es solo un reconocimiento de que los actos son moralmente correctos, por eso pedir perdón es un absurdo, todo ser racional en cuanto se percate de que las palabras y acciones de otra persona son morales lo reconocerá como tal sin necesidad de que el otro se lo ruege.

    Es como la confianza, tu no necesitas pedir ni que te pidan confianza si tus actos son objetivamente correctos y así lo perciben racionalmente las otras personas. Y si alguien te pide confianza sin darte pruebas es algo irracional, porque ¿ Qué motivos objetivos te puede dar él de antemano para que confíes en él? Si existen esos motivos, entonces no hay confianza lo que hay es percepción de actos y sabiduría por tu parte respecto a la forma de ser de esa persona.

    Lo que se requiere no es perdón sino justicia.

    Y si el perdón es inmerecido lo que hay es misericordia o injusticia.

  • Arturo Alessio says:

    Miguel, en caso de asesinato coincido contigo. Ahora, si una persona decide robar a otra un bien material y al poco tiempo opta por rectificar su conducta -y no mencionemos los motivos, que son irrelevantes para el ejemplo- devolviendo lo robado y entregando una compensación extra, digamos, no como sanción sino de forma voluntaria, ¿esa acción no hace al individuo que fue ladrón digno de perdón? Mi duda surge porque los bienes materiales pueden ser devueltos, pero la vida de un hombre no.

    Por otra parte habría que estudiar y hacer la distinción entre quien roba y quien hurta, y si son o no son dignos de perdón en caso de rectificación posterior de sus conductas. Porque quien roba usa la violencia y/o intimidación para despojar al otro de sus pertenencias, mientras que quien hurta lo hace sin recurrir a esos métodos. Entiendo que el resultado en ambos casos es el mismo, pero la gravedad en el acto de conseguirlo es diferente.

  • Miguel says:

    Adán, eso mismo es lo que he dicho yo, el perdón cuando es merecido carece de sentido, porque uno ya se ha ganado ese perdón con sus actos y no hace falta rogarselo a nadie.

    Y si es inmerecido tal y como la misericordia cristiana y demás aberraciones es inmoral, es exactamente lo que yo he dicho, con otras palabras, sí evades la realidad si es inmerecido, y por ende, malo, si no evades la realidad y actuas racionalmente después de rectificar tus actos es innecesario, sí, es cierto, es un anticoncepto, es eso lo que he dicho.

    A veces deberías leer más atentamente los comentarios que te hacen para comprobar que muchas veces las discusiones que mantienes carecen de sentido ya que ambos estamos de acuerdo, como en este caso. Exactamente es eso.

    Efectivamente es eso, de todas formas, yo si considero que si una persona aunque se arrepienta en el presente por actos pasados, si estos han sido muy malos incluso no cabe otorgarle sanción moral por su rectificación, por ejemplo, por mucho que el asesino o el ladrón que viniera a mi casa a intentar matarme o robarme estudiase en la cárcel objetivismo y se volviese racional yo no olvidaría el pasado y por ende no consideraría que su arrepentimiento presente le haga digno de consideración moral por mi parte.

    Por tanto, no estoy de acuerdo del todo con esa concepción, la rectificación racional vale dependiendo de que contexto y que acciones realice uno, pero hay otras que no tienen perdon alguno, como el asesinato o el robo.

  • Miguel says:

    Adán, yo sí se lo que quiere decir, significa que el perdón es siempre o malvado si se da a personas que no lo merecen o innecesario si es a personas que lo merecen, puesto que si lo merecen no hay nada que perdonar.

    Es igual que cuando en Atlas Francisco le dice a Rearden que una persona que pide que confién en él lleva intenciones deshonestas aunque no las exprese, puesto que es la solicitud de un cheque en blanco de moralidad a cambio de ningún valor.

    Es decir, uno confía en otra persona porque esta realiza actos que son virtuosos, y si los realiza no es necesario que esa persona te pida confianza porque se la habrá ganado en buena ley.

    Lo mismo ocurre con el perdón, se supone que uno otorga el perdón por hechos por los que uno ha cometido o un error o maldad, en el segundo caso uno jamás ha de otorgarlo, en el primero, no es necesario porque si esa persona ha enmendado el error y ahora actúa correctamente se entiende que se ha ganado el derecho a ser considerado moralmente como bueno o mejor dicho siempre fue moralmente bueno y solo cometió un error ya subsanado y como está subsanado no es necesario que la otra persona le otorgue una sanción moral ya que es evidente que por sus hechos se ha ganado esa sanción moral.

    Es lo que decía Jesucristo de que: » Por sus frutos los conocereis», pues ello ocurre, solo hay que atender a los hechos no a lo que otras personas puedan darte o no, y uno gana los valores y el reconocimiento por sus acciones no por lo que los demás digan de uno.

  • Miguel says:

    Marta, mira, amar a una persona heroicamente por sus valores significa exclusivaemnte que uno ama a una persona por sus virtudes, o sea por lo que esa persona hace de sí misma, cuando hablamos de perfección moral no hablamos de infalibilidad, o sea de que jamás vaya a fallar, los errores de conocimiento y de actuación por no tener todo el conocimiento de las cosas a nuestro alcance no son defectos morales, lo que no puede uno es amar a alguien sabiendo que esta persona es débil y no tiene voluntad de mejorar o voluntad de alcanzar virtudes, o sea de ser productivo, de ser inteligente, de ser fuerte ante la adversidad, o sea el tipo de persona que dice, » No puedo hacer nada, Yo no invente este mundo, que sean otros los que hagan las cosas yo no puedo.» Esa es la actitud de defecto moral, no el no saber hacer las cosas, sino el negarse a pensar cómo poder hacer las cosas correctamente.

    Los seres humanos por el hecho de serlo no son ni débiles ni fuertes, ni morales ni inmorales, Aristóteles dijo hace 2500 años que la forma de ser de un hombre y de una mujer son cuestión de la voluntad de ellos, o sea las virtudes y los vicios o defectos se obtienen voluntariamente por parte de la persona que actúa en la vida, no es algo con lo que uno cargue de nacimiento, al nacer somos amorales que no inmorales, es decir, somos personas que no son aún capaces de distinguir el bien del mal y es conforme crecemos y aprendemos a pensar cuando podemos ser buenos o malos por libre elección.

    Por eso Marta, lo que dices del temor de dejar de ser amado por tal causa, no es cierto, uno ama viendo lo que esa persona ha hecho de sí misma y normalmente a muy largo plazo, es decir, no podemos amar a una persona de la noche a la mañana, tiene que ser el producto de un largo proceso de reflexión y observación.

    Ayn Rand en una carta que le escribió a un amigo sobre amor romántico y conocer a personas interesantes, le dijo que para conocer a alguien hay que tomarse una semana para verlo en su casa, otra en el trabajo y la otra en sus relaciones con las demás personas, y así podíamos conocer a esa persona, lo que existe a primera vista es el enamoramiento o atracción pero el amor es producto de un proceso que requiere tiempo.

  • Marta says:

    Vuestras respuestas me han sido útiles para comprender más el asunto.
    Marcos, has sido incisivo… y me has convencido.
    La comparación con la obra de arte me ha gustado Arturo.
    Gracias a todos.

  • Arturo Alessio says:

    Marta, creo que tocas un punto importante. La cuestión está en hacerse la pregunta: ¿El hecho de que una persona *pueda* equivocarse en un momento dado justifica el que no *deba* establecer estándares elevados e ideales?

    Piensa en lo horrible que sería vivir sin los ideales que Rand identificó. Cualquier persona, sin importar lo despreciable o loable que sea, sería suficiente para ti o para mí, sin importar que se trate de un hombre o una mujer virtuosa, o un indigente en la próxima cuadra.

    Según lo entiendo yo, la visión de Rand es absolutamente practicable en tanto que ambas personas sean racionales el uno con el otro, porque eso permite contextualizar el supuesto fallo que ha cometido la otra persona, entenderla, e incluso ayudarla a superarlo y sin dejar de seguir admirándola.

    Es lo que ocurre muchas veces con el arte. Vemos, por ejemplo, un cuadro digno de admirar y nos damos cuenta de que en cierto punto hay algo que no está bien en el cuadro, puede ser un detalle que no se integra bien a la totalidad de la obra, o cualquier elemento que simplemente disuene. Sin embargo no por eso dejamos de admirar la obra ni nos deja de reportar placer y alegría, es simplemente que no la admiramos como un todo integrado.

  • Marta says:

    Cuando me refiero a poco práctica quiero decir que puede ser un problema en la vida de uno. Los humanos nos decepcionamos, a veces no actuamos con base en nuestros valores hasta la última de sus consecuencias y, por esa debilidad, podemos llegar a decepcionar al otro.

    Si toda la teoría del amor la dejamos en manos del egoísmo racional («tú me reportas felicidad, tus valores son heroicos, etc.»), el día en que falles a esa persona y en un momento dado, aunque sea por un momento, no vea reflejados en ti esos valores, esa persona dejaría de amarte. En cambio, yo creo que si ese hombre me quiere por mí misma, y no sólo por lo que le haga sentir en un momento concreto, podría aguantar mis malos humores, mis malos días y el amor podrá ser más consistente (ya no hablo de una «faena» que sea una inmoralidad manifiesta).

  • Marcos says:

    «Bueno es la opinión de Rand y no tiene por que confundirse con el sistema cerrado de su filosofía objetivista. Lo que me hace dudar es si una visión del amor tan “heroica” podría hacer desvanecer el amor ante los defectos, las debilidades y los fallos, en mayor o menor medida, de todos, en el día a día… valorar el amor de una manera tan sublime, creo que puede ser poco práctica porque que pasaría el día en que tu héroe no se comporta como tal? Tienes que dejar de quererlo por uno, dos o tres fallos? me parece una visión poco practicable, si admitimos que somos humanos y débiles.»

    Bueno, si partes de la premisa -errónea- de que el hecho de ser humanos nos compele a ser unos lastres que se equivocan sin posibilidad de alcanzar perfección moral, y que somos por naturaleza débiles, «hechos de carne», no me extraña que tengas esa visión. Me recuerda a esa frase trillada que decía algo así: «perdónale, nadie es perfecto, somos humanos». Y es solo una excusa para: 1) Tolerar las imperfecciones de uno y evadir la responsabilidad moral; 2)Destruir la capacidad de juicio moral hacia cualquier persona. Si aceptas la premisa de que todos son débiles, imperfectos, e impotentes ante un universo hostil que jamás permitirá que mejoren y que sean íntegros y morales, te conformarás con amar a alguien que proyecte esa supuesta debilidad inherente al ser humano. Pero todo ello no es más que dos milenios de ideas equivocadas, de poner al ser humano a la altura de las cucarachas en cuanto a capacidad y valor, la visión altruista del ser humano, del ser humano arrastrándose por el fango, alzando una mano desde el suelo penosamente, ante el universo hostil. Eso es la premisa del altruismo, parte de esa base.

    Con respecto a lo que dices que el amor podría «desvanecerse» ante los fallos y defectos, te diría que, esos defectos deberían conocerse previamente, y si son defectos, evidentemente no deberían ser deseables en primer lugar. En cuanto a los fallos, no creo que sea un problema, el problema es hacer el mal deliberadamente, plenamente consciente, en cuyo caso, el sujeto en cuestión sería completamente malvado. Pero si es un error no buscado, no es tanto problema, no tiene por qué ser malvado ni contradecir sus ideas más profundas; para mí eso sería una oportunidad de perfeccionar su técnica para evitar fallar (en cualquier aspecto de la vida humana). Si el amor es una respuesta a los valores más profundos de otro ser humano, no se puede pensar en que esa persona va a contradecirlos día a día, no sería íntegro, eso parte de una visión ciertamente fatalista de la capacidad volitiva del ser humano, como si no fuese capaz de pensar las cosas (una, dos, o las veces que hagan falta) antes de actuar. Para ser moral hay que pensar, para pensar, hay que tener voluntad. No tienes que dejar de quererlo por uno o dos fallos, los fallos, fallos son, no son actos deliberados; lo único que observaría es si tiene voluntad de perfección moral, porque no sirve de mucho fallar para seguir tolerando los fallos aludiendo a una supuesta inevitabilidad en las acciones humanas, como si no poseyese voluntad realmente.

  • Marcos says:

    Havezethario: Su labor NO es decirle al dueño de la página qué hacer con su trabajo. Me parece de muy mal gusto ir a decirle qué tiene que hacer uno con su propiedad con esas formas. Ahórrese usted el tiempo empleado en publicar comentarios tan estúpidos y que no aportan nada en absoluto. Déjese su impertinencia en su casa, usted no tiene derechos sobre la propiedad de los demás.

  • Marta says:

    Bueno es la opinión de Rand y no tiene por que confundirse con el sistema cerrado de su filosofía objetivista. Lo que me hace dudar es si una visión del amor tan «heroica» podría hacer desvanecer el amor ante los defectos, las debilidades y los fallos, en mayor o menor medida, de todos, en el día a día… valorar el amor de una manera tan sublime, creo que puede ser poco práctica porque que pasaría el día en que tu héroe no se comporta como tal? Tienes que dejar de quererlo por uno, dos o tres fallos? me parece una visión poco practicable, si admitimos que somos humanos y débiles.

    • godmino says:

      Yo no veo contradicción aquí. En primer lugar, para decir que una teoría es «buena» tiene que funcionar en la práctica (si no, no sería «buena»). Ayn Rand no está siendo idealista. El enfoque Objetivista reconoce la realidad ante todo y como un absoluto, y eso incluye al ser humano, con *todas* las características inherentes a su naturaleza, incluyendo la posibilidad de errar, sus necesidades físicas y psicológicas, su mortalidad.

      ¿Puedes dejar de querer a alguien que no se comporta en todo momento como héroe, porque tiene «uno, dos o tres fallos»? No es cuestión de cantidad. Sería irracional dejar de amar o de admirar a alguien porque se equivoca o está cansado o le duele la cabeza; si esa persona es un valor, lo admiras por su carácter (que tú tienes que identificar y evaluar racionalmente), y lo que Ayn Rand afirma en este sentido es que cada individuo forma su propio carácter, que en cuestiones de moralidad sí existe la perfección (debidamente interpretada y en un contexto) y que menos que eso es inaceptable. Si alguien te hace una «faena» que implica una inmoralidad seria por su parte, desde luego tendrás problemas valorándolo como persona y como amante, y esa actitud no es exclusiva de Objetivismo.

  • Miguel says:

    Yo diría que es de muy mal gusto ir a una casa ajena a decirle al dueño lo que puede o no puede hacer en ella, es pretender atribuirse derechos sobre cosas ajenas, una impertinencia, este comentario va para el nº 17 claro, como lector habitual de esta web me siento bastante desconcertado por cómo pierden algunos el tiempo, como el señor o señora Hawezthario.

  • Havezethario says:

    Nota al traductor: su labor es traducir. Lo de la profundidad y la sensibilidad ahórreselo.

    • godmino says:

      Havezethario: Voy a publicar tu equivocado y maleducado comentario para que lo vea el resto del mundo, pero si vuelves a dejar otro comentario tan remotamente estúpido como el anterior, serás bloqueado de estas páginas, sin contemplaciones.

  • Miguel says:

    Las novelas de Ayn Rand no pueden ser captadas como merecen con una sola lectura, la primera lectura es una lectura que uno realiza casi de forma inconsciente o sea dejándose embriagar por la ingeniosidad de la trama y de los personajes, la segunda vez que uno lee empieza a fijarse en los discursos y queda uno maravillado ante la sabiduría contenida en ellos, y ya a partir quizás de la 4º o la 5º vez que uno lee La Novela de Atlas por ejemplo, ya se va percatando de esos detalles, de las descripciones de los paisajes que evidencian la puesta en práctica del egoísmo o del altruismo, y de la actitud psicológica de cada personaje.

    Luego una mirada a la realidad que nos rodea, a la forma de actuar de las personas que conocemos nos puede ayudar aún más a desentrañar el sentido de las novelas, yo por ejemplo, me he dado cuenta de que conozco a muchos James Taggarts y a muchas Lilians Reardens, pero no conozco a casi ningún Rearden y no conozco a nadie que le llegue ni remotamente a la suela del zapato a John Galt, y eso es significativo del estado del mundo de hoy día y de las ideas que predominan.

  • Arturo Alessio says:

    De momento me parece, como dice godmino, que la mejor forma de profundizar en este punto es leyendo las novelas de Rand (en mi caso, re-leerlas) pero con la atención más puesta en la relación entre los héroes y heroínas ya que de por sí sus obras abordan numerosos tópicos filosóficos y psicológicos -todos a la vez- y muchas veces se dificulta el concebir la totalidad del contenido que existe en una «simple» conversación entre los personajes o incluso en las descripciones de los lugares en que se hallan (que en algunos casos Rand proyecta con sentido metafórico para hacer notar al lector algún punto de su filosofía).

  • Miguel says:

    Eso es exacto, una carta no define la posición filosófica, como ella dice, es solo su opinión de porqué psicológicamente no debería querer una mujer racional ejercer un cargo que otorga tanto poder, yo no estoy de acuerdo, porque la realidad empírica ha mostrado que grandes mujeres se han sentido satisfechas de ser presidentas y ocupar cargos de poder, por ejemplo, actualemnte Merkel en Alemania o Esperanza Aguirre en España y no creo que sean irracionales esas mujeres, otra cosa es que el sistema político en el que están inmersas sea irracional que lo es.

    De todas formas ninguna persona racional sea hombre o mujer puede desear meterse en semejante inmundicia hoy día.

  • Felipe says:

    Al ver esto, es importante comprender que Rand está interpretando el hecho psicológicamente. Según ella, una mujer no se puede sentir plena siendo presidenta de los Estados Unidos. Sólo eso.
    Objetivismo es un sistema filosófico que puede llevar a aplicaciones prácticas (no sólo «puede», sino que «debe»). Quizás esta aplicación en específico no es para todos correcta y debemos recordar que Rand no era una psicóloga. Para mí, hay puntos en los que tiene razón, pero no se puede tratar el tema a la ligera (como en una carta).
    Por último, hay una frase cuyo autor no recuerdo, que decía que era preferible leer un libro antes que conversar con el autor, porque el libro sólo contiene sus mejores pensamientos. Así, una carta no define la postura de objetivismo ante un tema determinado, como sí lo hacen las novelas y ensayos filosóficos escritos por Rand.

  • Frisco says:

    Arturo, sacas a la luz un punto interesante. Probablemente no haya problema en que un hombre admire a una mujer en su sentido metafísico de ser mujer. Pero en ese sentido metafísico quizás la admiración del hombre a la mujer no sea procesado racionalmente de la misma manera que la admiración de la mujer al hombre, debido a que no representan necesariamente lo mismo.

    Por ejemplo, un líder, un presidente, puede admirar mucho a su primera dama. Pero dicha admiración sería más bien en su calidad de compañera con quien puede confiar y compartir una infinidad de cosas sabiendo que recibirá su apoyo. Y, magníficamente, siendo este apoyo propulsado por la admiración de la mujer al hombre en su sentido metafísico.

  • Jan says:

    Bueno, la segunda pregunta lo dice el artículo, porque ella tendría en cierta manera una autoridad suprema en todo el país, incluido su héroe, pero ¿eso no es mezclar las relaciones personales con la profesión? y es lo que dice Rand aquí, que ello sería muy difícil para la mujer, mm creo que he de reflexionar más sobre ello.

  • Jan says:

    Dos dudas:

    La ética objetivista declara que el hombre es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros, ni los otros son medios para sus fines sino que reconoce que así como él es un fin en sí mismo, los otros también lo son y sus vidas no le pertenecen. Entonces cada hombre es libre de jerarquizar sus valores siendo su propia vida como el pilar, la columna vertebral de sus valores (valores racionales, osea congruentes,osea no contradictorios, osea paralelos a la realidad).

    Por lo que cada hombre decide qué valor es superior a otro siguiendo este principio con el fin de disfrutar su propia vida y mantenerla. Amor, riqueza, amistad, objetos materiales, producción, arte y demás son valores que el hombre puede elegir y jerarquizar. La pregunta es: ¿Ser presidente puede ser un valor elegido por una mujer? ya que este artículo habla desde la perspectiva psicológica, quiero plantearlo desde la perspectiva filosófica.

    También coincido con las preguntas anteriores, ¿Qué busca un hombre en una mujer? bueno, lo más seguro es que serán sus propios valores y virtudes, por lo tanto un presidente racional (hipotéticamente hablando) elegiría a una heroína (mujer, no la droga), los valores de ella serían semejantes, ¿Por qué entonces no puede ser revertido, ser la mujer presidente?

  • Miguel says:

    Invitado, la musculinidad para objetivismo implica el hecho de que una mujer busca un hombre heroico que encarne los más altos valores morales y que los aplique en sus acciones vitales plasmado todo ello en una relación de amor romántico, masculinidad que como atributo para una heroína supone el hecho de tener un hombre en el que poder sentirse segura y plena de sí misma, ella de por sí lo es ya que es heroína y racional pero como mujer busca alguien que sea mejor que ella porque ella busca lo mejor que pueda existir.

    Rand no dice que la mujer no pueda codearse, lo que dice es que la mujer busca hombres que estén a la altura, naturalmente a un hombre le ocurre lo mismo, él también busca una heroína que esté a su altura, pero la feminidad consiste en esa delicadeza y fragilidad, que no debilidad, y el hombre en su fortaleza física y de coraje, fíjate que físicamente el cuerpo de un hombre por regla general en su más absoluta perfección estética es más resistente que el de una mujer y sugiere cierta actitud de fortaleza.

    Pero ello no implica una visión inferior de la mujer simplemente son entidades distintas con necesidades psicológicas distintas, pero ambos tienen derecho a vivir su vida como estimen oportuno con plenos derechos individuales no hay inferioridad por razón de sexo.

  • Arturo Alessio says:

    Si la mujer siente admiración hacia el hombre por el hecho metafísico de ser hombre (asumiendo que éste ya está a la altura de sus propios estándares intelectuales y morales) ¿qué sucede en el caso contrario? ¿puede el hombre admirar a la mujer por el hecho metafísico de ser mujer, asumiendo de antemano que ella está a la altura de sus estándares intelectuales y morales?. Porque resulta evidente que, siendo afirmativa la respuesta, no sería apropiado para un hombre ejercer el cargo de la presidencia.

    Me gustaría saber qué pensaba Ayn Rand al respecto, o lo que piense cualquier objetivista que lea esto. Por cierto que he escuchado sobre un libro que según me han dicho puede arrojar luz sobre las razones, puramente biológicas, del comportamiento psicológico de las mujeres y los hombres, se llama «el gen egoísta», escrito por Richard Dawkins. Probablemente no sea mala idea leerlo.

    • godmino says:

      Yo creo que la mejor forma (probablemente la única) de saber «qué pensaba Ayn Rand al respecto» es interpretar sus novelas. En todas ellas hay héroes masculinos que buscan algo específico en sus heroínas, y la esencia de lo que buscan está ahí mismo, de forma nítida y completa, plasmada en individuos diferentes y en situaciones de lo más diversas, concretada en personas «de la vida real» (o sea, en personajes de ficción perfectamente caracterizados, con personalidades, acciones y valores explícitos y coherentes).

  • Miguel says:

    Por cierto, creo que una de las críticas que a Ayn Rand se le hizo fue por parte del movimiento femenista en los años sesenta y setenta, de que por sus opiniones y razonamientos Ayn Rand en realidad no era una mujer sino que era un hombre, cosas que sonrojarían a un niño de primaria que fuese medianamente inteligente y que aún no hubiese sido corrompido mentalmente.

    Curioso es que no haya salido aquí en España algún Instituto de la Mujer diciendo que las ideas de Ayn Rand son machistas o contravienen la Ley de igualdad, será porque no conocen Objetivismo, pero si lo conocieran más de alguna mujer u hombre estúpido podría pensarque las novelas de Ayn Rand discriminan a la mujer y muestran una visión de supremacía masculina en las relaciones de pareja sobre la mujer, o cosas así esperpénticas.

    En fin, estúpidos hay en todos los sitios, una vez leí un artículo de un pensador español que de joven viajó a Canadá y cuenta que tuvo alli la oportunidad de leer «The fountainhead» y dijo que después de leerlo pensó que había sido escrito por un hombre y cuando le dijeron que lo había escrito una mujer, él se quedó estupefacto y dijo, ¡ De verdad esto lo ha escrito una mujer!, intené encontrar el artículo de nuevo por internet pero no recuerdo ya la web donde la encontré, pero es evidente que hay mucha gente que no tiene Objetivismo.

  • Miguel says:

    Yo no entraré a valorar si estoy de acuerdo o no con esta posición, evidentemente aquí Ayn Rand no está desarrollando su filosofía ni es un aspecto filosófico esencial, más bien es simplemente una opinión razonada de piscología femenina y en particular de la psicología de Ayn Rand.

    Criticar Objetivismo por las opiniones un tanto peculiares de Ayn Rand sobre temas polémicos como la feminidad, es como criticar la lógica de Aristóteles solo porque Aristóteles fue tutor de uno de los emperadores más invasivos y conquistadores de la edad antigua, un déspota que gobernó a millones como fue Alejandro Magno, o criticarlo porque porque tenía muchos esclavos o la crítica estúpida que le hace Bertrand Russell de que estando casado con dos mujeres distintas no les hubiese abierto la boca para contar cuantas piezas dentales tenía la mujer porque de haberlo hecho se hubiera dado cuenta de que hombres y mujeres tienen el mismo número, y Aristóteles decía que los hombres tenían más dientes, crítica absurda y estúpida porque eso no nos dice nada sobre la filosofía aristotélica, pues lo mismo ocurre con las críticas a Ayn Rand, críticas que no abordan el objetivismo, uno puede estar o no de acuerdo con Ayn Rand en sus apreciaciones personales, yo particularmente pienso que una mujer podría querer ser Presidenta de cualquier país, tenemos a personas como Margaret Tacher que fueron auténticas estadistas que lo hicieron muy bien, pero eso no nos dice nada sobre Objetivismo, yo puedo estar de acuerdo que lo estoy en su integridad con la filosofía objetivista y rechazar o discrepar de estas apreciaciones que no obstante son muy interesantes, pero un Presidente puede codearse con otros mandatarios de igual nivel y jerarquía o sea tan poderoso ( digo nominalmente no en la práctica), es el Presidente de USA como el de Alemania o el de Francia, incluso una mujer Presidenta puede tener como referente de admiración superior a otro Presidente, por ejemplo, Abrahm Liconl como modelo histórico a seguir, con esto no estoy de acuerdo con Ayn Rand, pero objetivismo no es una simple apreciación razonada de Ayn Rand, Objetivismo es el sistema integrado, completo, armónico y cerrado que Ayn Rand plasmó en sus escritos, no es válido criticar a Ayn Rand por estas declaraciones y ni mucho menos lo es basar en ello una supuesta crítica a Objetivismo, porque Objetivismo como tal se independiza del autor una vez es creado.

    Sobre eso me recuerda una frase dicha por Rand en el Manifiesto Romántico donde declara que una obra de arte es un todo acabado y completo independientemente de que la persona que elija apreciarla traicione los valores que encarna dicha obra, esta permanece inmutable. Pues lo mismo ocurre con Ayn Rand, si esta hubiese traicionado luego los valores proclamados por Objetivismo, que no lo hizo, Objetivismo hubiese sido tan válido ayer, hoy y siempre, igual que Francis Bacon en su epistemología fue un genio pero en su vida personal fue un ladrón, saqueador, irracional que incluso pisó la cárcel.

  • Invitado says:

    Hola,

    Dice Rand: «La cuestión es principalmente psicológica. Tiene que ver con la visión fundamental que una mujer tiene de la vida, de ella misma y de sus valores básicos. Para una mujer, cual mujer, la esencia de la feminidad es la adoración al héroe: el deseo de admirar al hombre».

    Desde el punto de vista del objetivismo, ¿cuál es la esencia de la masculinidad? Es decir, ¿qué busca el hombre en una mujer? ¿Acaso no busca la heroína con la que compartir su mundo?

    ¿Por qué el hombre puede codearse con inferiores como personas, sino en cuanto a la jerarquía de sus posiciones, tareas y responsabilidades, y, sin embargo, la mujer tiene que tener a alguien por encima? ¿No implica esta visión de la psicología una visión de la mujer un tanto inferior?

  • Raymundo says:

    Pienso que es una visión muy particular y estimable para muchas mujeres objetivistas o no cuyas aspiraciones personales estén en el ámbito de la política. Ahora bien, es verdad que la mera posición de Jefe de Estado y de Gobierno con todas sus implicaciones por su propia naturaleza -en donde también tiene contacto con otros de sus iguales, en el contexto internacional- es duro para cualquier persona, hombre o mujer, y le impone que en algunos aspectos de su vida se despersonalice (un empleo que puede estar ciertamente entre los más difíciles así como demandantes considero yo), sin embargo, en el contexto político actual, lleno de oportunismo, demagogia, politiquerías e ideologías esclavizadoras, son las circunstancias y el contexto lo que determina qué tipo de candidaturas se nos presentan para ocupar dicho cargo. En lo personal, obviamente preferiré ver en ese puesto a un Ronald Reagan que a una Cristina Fernández, de igual manera, preferiré a una Margaret Thatcher que a un Barack Obama. Pienso que algo más motivador, son las igualmente sabias palabras de Ms. Rand:
    «Las mujeres son seres humanos; lo que es apropiado para un hombre es apropiado para una mujer, los principios básicos son los mismos. Yo no trataría de prescribir qué tipo de trabajo debería hacer un hombre, y tampoco lo intentaría en lo que respecta a las mujeres. No hay ningún trabajo en particular que sea específicamente femenino. Las mujeres pueden elegir su trabajo según sus propios objetivos y premisas, de la misma forma que hacen los hombres.»
    Recordé a la que fue la primera heroína que concibió en alguna novela, a Kira Argounova, de «Los Que Vivimos». En la parte en que ella dice a su familia que quiere ser ingeniero, su hermana Lidia -amén de lo que pensaba su mamá- le expone que eso significaría suciedad, hierro y óxido, hombres sudados y ninguna mujer para hacerle compañía… Ella respondió que precisamente por eso le gustaba.
    Saludos.

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