La tribal y primitiva noción de “bien común” le ha servido de justificación moral a la mayoría de los sistemas sociales – y a todas las tiranías – en la historia. El grado de esclavitud o de libertad de una sociedad siempre ha reflejado el grado en el que este slogan tribal ha sido invocado o ignorado.
“El bien común” (o “el interés público”) es un concepto indefinido e indefinible: no existe tal entidad como “la tribu” o “el público”; la tribu (o el público o la sociedad) no es más que una suma de hombres individuales. Nada puede ser bueno para la tribu como tal; “bueno” y “valor” se refieren únicamente a un organismo vivo – a un organismo vivo individual –, no a un conjunto de relaciones incorpóreas.
“El bien común” es un concepto sin sentido, a menos que se interprete literalmente, en cuyo caso su único posible significado es: la suma del bien de todos los individuos involucrados. Pero en ese caso el concepto carece de sentido como criterio moral: deja abierta la cuestión de qué es el bien de los hombres individuales, y de cómo ese bien se determina.
No es, sin embargo, en su sentido literal en el que ese concepto es generalmente usado. Es aceptado precisamente por su carácter elástico, indefinible y místico, que sirve, no como una guía moral, sino como una evasión de la moralidad. Ya que lo bueno no es aplicable a lo incorpóreo, se convierte en un cheque en blanco — un cheque en blanco “moral” – para quienes pretenden llevarlo a la práctica.
Cuando “el bien común” de una sociedad se considera como algo fuera de y por encima del bien de sus miembros individuales, eso significa que el bien de algunos hombres prevalece sobre el bien de otros, y esos otros están destinados a la condición de animales a ser sacrificados. Se asume tácitamente, en tales casos, que “el bien común” significa “el bien de la mayoría” en contraste a la minoría o el individuo. Observad el hecho significativo de que esa presunción es tácita: incluso las mentalidades más colectivizadas parecen sentir la imposibilidad de justificarlo moralmente. Pero “el bien de la mayoría”, igualmente, es sólo un pretexto y un engaño: Como, de hecho, la violación de los derechos de un individuo significa la derogación de todos los derechos, eso entrega la mayoría indefensa al poder de cualquier pandilla que proclame ser “la voz de la sociedad” y proceda a gobernar por medio de la fuerza física, hasta que sea depuesta por otra pandilla que emplee los mismos medios.
Si uno comienza por definir el bien de hombres individuales, uno aceptará como correcta sólo una sociedad en la que ese bien se consiga y pueda ser conseguido. Pero si uno empieza por aceptar “el bien común” como un axioma y a mirar el bien del individuo como su consecuencia posible pero no necesaria (no necesaria en ningún caso en particular), uno termina con absurdos horribles tales como la Rusia soviética, un país que profesa estar dedicado al “bien común” pero donde, con excepción de una minúscula camarilla de gobernantes, la población entera ha existido en una miseria infrahumana durante más de dos generaciones.
Sólo en base a los derechos individuales puede cualquier bien – público o privado – ser definido y logrado. Sólo cuando cada hombre es libre de existir por su propio bien – sin sacrificar a otros a sí mismo ni sacrificándose él mismo a otros — sólo entonces es cada hombre libre de luchar por conseguir el mayor bien posible para sí mismo por su propia elección y por su propio esfuerzo. Y la suma total de tales esfuerzos individuales es el único tipo posible de bien social y general.
5:53 pm
Pienso que hay que diferenciar dos conceptos, uno es el de bien común y otro el de interés general, el primero, podría ser perfectamente compatible con objetivismo si se conceptualiza como el logro de aquellas condiciones sociales que garantizan la vida de los hombres de acuerdo con su naturaleza, en cuyo caso el bien común se identificaría con la salvaguardia por parte del Estado de los derechos individuales, puesto que únicamente así puede realizarse de forma objetiva el bienestar común de todas las personas en una sociedad capitalista pura, en este sentido bien común es un concepto de carácter objetivo, puesto que no dependería de los deseos , caprichos, emociones o voluntad pura de los sujetos que lo definen, pero el concepto de interés general es absolutamente incompatible con el objetivismo por cuanto presupone la puesta en común y adopción de determinadas conductas apelando a lo que la mayoría de la gente, o la sociedad o el pueblo quiera en cada momento, lo cual es puramente subjetivo y por ende es incompatible con la objetividad, ya que un interés es una estimación subjetiva de lo que merece lograrse por medio de la adopción de determinadas conductas o comportamientos pero sin que haga referencia a un estandar objetivo de valor.