La consciencia – el estado de ser consciente – no es un estado pasivo, sino un proceso activo que consiste en dos elementos esenciales: diferenciación e integración.
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La integración es una función cardinal de la consciencia del hombre en todos los niveles de su desarrollo cognitivo. Primero, el cerebro pone orden en su caos sensorial integrando los datos sensoriales en forma de percepciones; esta integración se realiza de forma automática: requiere esfuerzo, pero no una voluntad consciente. Su siguiente paso es integrar las percepciones en forma de conceptos, al aprender a hablar. A partir de ahí, su desarrollo cognitivo consiste en integrar los conceptos en otros conceptos cada vez más amplios, extendiendo así el alcance de su mente. Esta etapa es totalmente volitiva y exige un esfuerzo continuo.
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Un concepto es una integración mental de dos o más unidades que han sido aisladas de acuerdo a una(s) característica(s) específica(s) y unidas por una definición específica. . . . [En la formación de conceptos], la unión en cuestión no es una simple suma, sino una integración, es decir, una fusión de las unidades en una única entidad mental, una nueva entidad usada de ahí en adelante como una única unidad de pensamiento (pero que se puede ser descompuesta en las unidades que la componen siempre que sea necesario).
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Los enemigos de la razón parecen saber que la integración es la clave psico-epistemológica de la razón . . . y que si la razón ha de ser destruida, es la capacidad de integración del hombre la que ha de ser destruida.
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La integración es el elemento esencial de la comprensión.
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Fuentes:
“Cognition and Measurement,” Introduction to Objectivist Epistemology
“Art and Cognition,” The Romantic Manifesto
“Concept-Formation,” Introduction to Objectivist Epistemology
“Art and Cognition,” The Romantic Manifesto
“The Comprachicos,” Return of the Primitive: The Anti-Industrial Revolution