Lo posible en “Misión Imposible” (Película)

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Misión Imposible es ahora una saga de películas de acción. Su formato es simple: el agente secreto Ethan Hunt recibe información de una misión que decide aceptar, luego el mensaje se autodestruye y (después del típico humo), el protagonista se lanza a un difícil objetivo.

A lo largo de las seis películas se puede ver a Hunt realizando grandes proezas: caminando sobre un tren de alta velocidad para detener a un villano, escapando de la guarida del mal con el antídoto para una pandemia, saltando de un edificio de 226 metros para obtener el botín, escalando el Burj Khalifa para engañar a un enemigo, o aguantando 3 minutos la respiración para acceder a una valiosa información. En la última entrega, Fallout (2018), se puede ver atravesando en paracaídas una tormenta eléctrica para aterrizar sobre un villano, y escalando un precipicio para conseguir el comando que evita un desastre nuclear. Sean fenómenos naturales u obstáculos humanos, nada parece poder detener a Ethan.

Ante tales hazañas, algunas personas se indignan, objetando dos argumentos clásicos. El primer argumento es que “la gente no es así”. La proyección de un héroe como Hunt no les presenta la imagen del hombre impotente o repugnante del Naturalismo y el Simbolismo al que están acostumbrados [vean Bates Motel (2013), como muestra]. El segundo argumento es la protesta de que “el bueno siempre gana”. El triunfo de la virtud en cada “final feliz” contradice la idea de una existencia malevolente que la gente considera normal en los temibles universos lovecratianos que consume [vean Life (2017) o Cloverfield (2008), por ejemplo]. Hay algo en la saga de Misión Imposible que contrasta con la vulgaridad y el miedo reinantes en el campo cinematográfico actual. Y es que esas son películas románticas: no plasman trivialidades periodísticas ni retratan la cloaca de la esquina; tratan con abstracciones y buscan presentar al hombre “como podría ser y debería ser”.

En estas seis historias de suspense se plantea una básica lucha entre el bien y el mal, en la que el héroe, motivado por un objetivo que él ha elegido, se sumerge en un conflicto peligroso y, tras luchar contra los villanos, consigue la victoria. Por eso, Misión Imposible puede ser considerada como uno de los únicos altares cinematográficos actuales en los que se adora al hombre: son un espectáculo sobre su eficacia, sobre su capacidad para luchar por sus valores y alcanzarlos. Lo que hace de estas películas un gran combustible emocional es que en ellas se puede contemplar al hombre superando obstáculos, enfrentando peligros y, sobre todo, triunfando.

Por eso, ojalá esas obras de arte perduren y se afiancen en nuestra cultura, tan escasa en valores positivos. Porque con ellas podemos desempeñar una de nuestras funciones psicológicas vitales: la admiración de lo heroico. Porque en Misión Imposible, para el hombre, todo el posible.

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Crítica de cine por Alfredo Nicolini para Objetivismo.org.

[Las ideas presentadas en este escrito son originales y exclusivas de su autor; no forman parte de la filosofía de Objetivismo, y pueden no ser necesariamente compartidas en todo o en parte por Objetivismo.org.]

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Publicado por: septiembre 14, 2018 8:00 am

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