Amor

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Amor, amistad, respeto, admiración. . . son la respuesta emocional de un hombre a las virtudes de otro, el pago espiritual que se da a cambio del placer personal, egoísta que un hombre recibe de las virtudes del carácter de otro hombre. Sólo un salvaje o un altruista alegaría que apreciar las virtudes de otra persona es un acto de generosidad, y que en lo que concierne a su propio interés y placer egoístas, no hay ninguna diferencia si uno trata con un genio o con un estúpido, si se encuentra con un héroe o con un bandido, si se casa con la mujer ideal o con una prostituta.

El amor romántico, en el pleno sentido del término, es una emoción que sólo es posible para el hombre (o la mujer) de auto-estima inquebrantable: es su respuesta a sus propios y más altos valores en la persona de otro – una respuesta integrada de mente y cuerpo, de amor y deseo sexual. Tal hombre (o mujer) es incapaz de experimentar un deseo sexual divorciado de valores espirituales.

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El hombre es un fin en sí mismo. El amor romántico – la profunda, exaltada, eterna pasión que une su mente y su cuerpo durante el acto sexual – es el testimonio vivo de ese principio.

Hay dos aspectos de la existencia humana que pertenecen al ámbito especial del “Sentido de Vida” y constituyen su expresión: el amor y el arte.

Estoy hablando del amor romántico, en el sentido más serio del término – a diferencia de los caprichos superficiales de aquellos cuyo Sentido de Vida carece de valores constantes, es decir, carecen de emociones duraderas que no sean el miedo. El amor es una respuesta a los valores. Es del Sentido de Vida de otra persona de lo que uno se enamora – de esa suma esencial, la actitud fundamental o forma de encarar la existencia, que es la esencia de una personalidad. Uno se enamora de la encarnación de los valores que formaron el carácter de una persona, los cuales se reflejan en su más amplias metas o en sus menores gestos, los que crean el estilo de su alma – el estilo individual de una consciencia única, irrepetible, irremplazable. Es el Sentido de Vida de uno mismo el que actúa como el selector, y el que responde a lo que reconoce como sus propios valores básicos, en la persona de otro. No es cuestión de las convicciones que profesa (aunque estas no son irrelevantes); es cuestión de una armonía mucho más profunda, una armonía consciente y subconsciente.

Muchos errores y desilusiones trágicas son posibles en este proceso de reconocimiento emocional, puesto que un Sentido de Vida, por sí solo, no es una guía cognitiva confiable. Y si hay grados de maldad, entonces uno de los efectos más perversos del misticismo – en términos de sufrimiento humano – es la creencia de que el amor es una cuestión “del corazón”, no de la mente; que el amor es un sentimiento independiente de la razón, que el amor es ciego e indiferente al poder de la filosofía. El amor es la expresión de la filosofía – de la suma filosófica subconsciente – y, tal vez, ningún otro aspecto de la existencia humana necesite el poder consciente de la filosofía de forma tan desesperada. Cuando ese poder es llamado a verificar y confirmar una evaluación emocional, cuando el amor es una integración consciente de razón y emoción, de mente y valores, entonces – y sólo entonces – es la mayor recompensa en la vida del hombre.

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Amar es valorar. Sólo un egoísta racional, un hombre de autoestima, es capaz de amar, porque él es el único hombre capaz de mantener valores firmes, consistentes, sin concesiones, sin traiciones. El hombre que no se valora a sí mismo no puede valorar nada o a nadie.

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En El Manantial, el héroe pronuncia una frase que es citada a menudo por los lectores: “Para decir ´Yo te quiero´, primero uno tiene que saber cómo decir el ´Yo´”.

Un amor desinteresado tendría que significar que tú no obtienes ningún placer ni felicidad personal de la compañía y la existencia de la persona que amas, y que lo único que te motiva es la lástima del auto-sacrificio por la necesidad que tiene esa persona de ti. No creo necesario demostrarte que nadie se sentiría halagado por ello, ni aceptaría un concepto de ese tipo. Amor no es sacrificio, sino la afirmación más profunda de tus propias necesidades y valores. Es por tu propia felicidad por lo que necesitas a la persona que amas, y ése es el mayor elogio, el mayor homenaje, que le puedes rendir a esa persona.

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Uno obtiene una alegría profundamente personal y egoísta por la mera existencia de la persona amada. Es la propia felicidad personal, egoísta, lo que uno busca, gana y recibe con el amor.

Un amor “generoso” y “desinteresado” es una contradicción en términos: significa que uno es indiferente a lo que uno valora.

La preocupación por el bienestar de los que uno ama es una parte racional de los propios intereses egoístas de cada uno. Si un hombre que está apasionadamente enamorado de su mujer gasta una fortuna para curarla de una enfermedad grave, sería absurdo pretender que lo hace como un “sacrificio” por el bien de ella, no por el suyo propio, y que le da igual a él, personal y egoístamente, el que ella viva o muera.

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La aplicación práctica de la amistad, el afecto y el amor consiste en añadir el bienestar (el bienestar racional) de la persona implicada a la jerarquía de valores de uno mismo, y luego en actuar en consecuencia.

Amar es valorar. El hombre que te dice que es posible valorar sin valores, amar a los que consideras que no tienen valor, es el hombre que te dice que es posible hacerse rico consumiendo sin producir y que el dinero de papel es tan valioso como el oro.
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Cuando se trata de amor, la más alta de las emociones, permites que te acusen a gritos de ser un delincuente moral por ser incapaz de sentir un amor sin causa. Cuando un hombre siente miedo sin razón lo llevas al cuidado de un psiquiatra; no eres tan cuidadoso protegiendo el significado, la naturaleza y la dignidad del amor.

El amor es la expresión de los propios valores, la mayor recompensa que puedes ganar por las cualidades morales que has logrado en tu carácter y tu persona, el precio emocional que paga un hombre por la alegría que recibe de las virtudes de otro. Tu moralidad exige que divorcies tu amor de valores y se lo pases a cualquier haragán, no en respuesta a lo que vale, sino en respuesta a su necesidad; no como recompensa, sino como limosna; no como pago por virtudes, sino como un cheque en blanco por vicios. Tu moralidad te dice que el propósito del amor es liberarte de las ataduras de la moralidad, que el amor es superior al juicio moral, que el amor verdadero trasciende, perdona y sobrevive cualquier forma de maldad en su objeto, y que cuanto mayor el amor, mayor la depravación que le permite al amado. Amar a un hombre por sus virtudes es mezquino y humano, te dice; amarle por sus defectos es divino. Amar a quienes se lo merecen es interés propio; amar a quienes no se lo merecen es sacrificio. Les debes tu amor a quienes no lo merecen, y cuanto menos lo merecen, más amor les debes – cuanto más odioso el objeto, más noble tu amor – cuanto menos meticuloso tu amor, mayor tu virtud – y si puedes convertir tu alma en un estercolero que acepta de buena gana cualquier cosa en cualquier condición, si puedes cesar de valorar valores morales, habrás conseguido el estado de perfección moral.

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Al igual que cualquier otro valor, el amor no es una cantidad estática a ser dividida, sino una respuesta ilimitada a ser ganada. El amor por un amigo no es una amenaza al amor por otro, y tampoco lo es el amor por los varios miembros de la familia de uno, asumiendo que se lo merezcan. En su forma más exquisita – el amor romántico – no es una cuestión de competir. Si dos hombres están enamorados de la misma mujer, lo que ella siente por cualquiera de ellos no está determinado por lo que ella siente por el otro y no es algo que le esté quitando. Si ella elige uno de ellos, el “perdedor” no podría haber tenido lo que el “ganador” ha ganado.

Es sólo entre personas irracionales, motivadas por la emoción, cuyo amor está divorciado de cualquier criterio de valor, donde predomina la posibilidad de rivalidades, de conflictos esporádicos y de elecciones ciegas. Pero entonces, quienquiera que gane no está ganando mucho. Entre los que se dejan llevar por la emoción, ni el amor ni ninguna otra emoción tiene ningún sentido.

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Respondamos a la pregunta: “¿Se puede medir el amor?”

El concepto de “amor” se forma aislando dos o más ejemplos del proceso psicológico apropiado, conservando sus características distintivas (una emoción que procede de evaluar algo que existe como siendo un valor positivo y una fuente de placer) y omitiendo el propio objeto y las mediciones de la intensidad del proceso.

El objeto puede ser una cosa, un acontecimiento, una actividad, una condición o una persona. La intensidad varía según la propia valoración del objeto, como, por ejemplo, en el “amor” que uno siente por el helado, o por fiestas, o por la lectura, o por la libertad, o por la persona con la que uno se casa. El concepto de “amor” comprende una amplia gama de valores y, en consecuencia, de intensidades: se extiende desde los niveles inferiores (designado por la subcategoría “gustar de”) a los niveles superiores (designado por la sub-categoría “tenerle afecto a”, que sólo es aplicablea personas) al más alto nivel, que incluye el amor romántico.

Si uno quiere medir la intensidad de un caso particular de amor, lo ha de hacer por referencia a la jerarquía de valores de la persona que lo experimenta. Un hombre puede amar a una mujer, pero puede ser que aprecie las satisfacciones neuróticas de promiscuidad sexual más que el valor que su mujer representa para él. Otro hombre puede amar a una mujer, pero puede renunciar a ella, poniendo su miedo a la desaprobación de los demás (de su familia, sus amigos o extraños al azar) por encima del valor de esa mujer. Y otro hombre puede arriesgar su vida para salvar a la mujer que ama, porque todos sus otros valores perderían cualquier sentido sin ella. Las emociones en estos ejemplos no son emociones de la misma intensidad o tamaño. No dejes que un místico del tipo James Taggart [personaje de Atlas Shrugged] te diga que el amor no se puede medir.

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Fuentes:

“The Objectivist Ethics,” The Virtue of Selfishness

“Of Living Death,” The Voice of Reason

Philosophy and Sense of Life,” The Romantic Manifesto

Playboy Interview: Ayn Rand, Playboy, March 1964

“The Ethics of Emergencies,” The Virtue of Selfishness

Galt’s Speech, For the New Intellectual

“The ‘Conflicts’ of Men’s Interests,” The Virtue of Selfishness

“Concepts of Consciousness,” Introduction to Objectivist Epistemology

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Publicado por: febrero 11, 2016 12:22 am

22 Comentarios

22 Comentarios

  • Kike Rairez says:

    Estimado Domingo: El párrafo primero el que se refiere al “Amor romántico” ¿a quién pertenece a Ayn Rand o Nathaniel Branden? Gracias.

  • ana says:

    saludos, desde el punto de vista del objetivismo…..en el ámbito romatico se puede amar a dos personas??

  • Arturo Alessio says:

    Exacto, precisamente por tener en cuenta el contexto es que no concebía la forma en que los celos encajaban con el mismo y opté por presentarlo aquí en forma de pregunta. Si la emoción de Hank hubiera sido descrita como “envidia” yo habría captado en segundos lo que ocurría, tal como me acaba de suceder con tu explicación. Pero literalmente fue conceptualizada como celos.

    Desconozco si el texto original en inglés se refiere exactamente a esa palabra -espero que no-, porque en ese caso existe una contradicción. Insignificante eso sí comparado con la belleza de toda la obra; cosa que a mi entender es absolutamente innegable.

    • Omingod says:

      Arturo, como te copio abajo, en el original sí aparecen las palabras “jealous” y “jealousy”, que son exactamente lo que Ayn Rand quiere expresar, pero nada de eso es una contradicción ni un punto débil en la novela o en la trama. Al contrario, es la forma absolutamente brillante y única que tiene Ayn Rand de tratar la psicología de sus personajes, en este caso de Hank Rearden. La sensación es la de entrar en el cerebro del personaje y vivir con él los pensamientos y las emociones que va teniendo en cada momento.

      En la primera cita puedes ver que Rearden no tiene celos de Dagny, al contrario, dice que tiene curiosidad por sentir qué es eso. En la segunda cita, él tiene una contradicción interna, una lucha entre sus deseos racionales hacia Dagny y la obligación que cree haber asumido años atrás con su esposa, Lillian. Hasta que no desenrede esa confusión y vea las cosas claras, tendrá esas emociones conflictivas y mezcladas, sobre todo en la situación concreta que está ocurriendo en ese momento delante de sus ojos, donde todo el mundo tiene derecho a aproximarse a Dagny menos él.

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      Atlas Shrugged — Part One / Chapter IX
      The Sacred And The Profane, pág 258

      “Hello,” she said.
      “I’m still waiting for the evening when I won’t find you in,” he answered.
      “Then you’ll have to phone the offices of Taggart Transcontinental .”
      “Any evening? Nowhere else?”
      “Jealous, Hank?”
      “No. Curious what it would feel like, to be.”

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      Atlas Shrugged — Part Two / Chapter II
      The Aristocracy Of Pull, pág 372

      He watched the gray dress, the shifting movement of the soft cloth when she walked, the momentary pauses sculptured by the cloth, the shadows and the light. He saw it as a bluish-gray smoke held shaped for an instant into a long curve that slanted forward to her knee and back to the tip of her sandal. He knew every facet the light would shape if the smoke were ripped away.

      He felt a murky, twisting pain: it was jealousy of every man who spoke to her. He had never felt it before; but he felt it here, where everyone had the right to approach her, except himself.

      Then, as if a single, sudden blow to his brain blasted a moment’s shift of perspective, he felt an immense astonishment at what he was doing here and why. He lost, for that moment, all the days and dogmas of his past; his concepts, his problems, his pain were wiped out; he knew only—as from a great, clear distance—that man exists for the achievement of his desires, and he wondered why he stood here, he wondered who had the right to demand that he waste a single irreplaceable hour of his life, when his only desire was to seize the slender figure in gray and hold her through the length of whatever time there was left for him to exist.

      In the next moment, he felt the shudder of recapturing his mind. He felt the tight, contemptuous movement of his lips pressed together in token of the words he cried to himself: You made a contract once, now stick to it. And then he thought suddenly that in business transactions the courts of law did not recognize a contract wherein no valuable consideration had been given by one party to the other. He wondered what made him think of it. The thought seemed irrelevant. He did not pursue it.

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  • Arturo Alessio says:

    Tengo una duda producto de mi segunda lectura de la Rebelión de Atlas que intento resolver desde hace un tiempo, pero deseo plantearla en este apartado para saber si alguien ya lo tiene resuelto y me lo puede explicar.

    Consiste puntualmente en lo siguiente: En la escena de la celebración del matrimonio de James Taggart, Hank Rearden llegó a experimentar un dolor producto de celos hacia aquellos que se acercaban a Dagny.

    Bien, he investigado y según la RAE los celos se definen como “sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra”. Según esta definición, ¿cómo es posible que un hombre egoísta sienta esto en un contexto donde ningún otro hombre tenía la posibilidad de ganarse el cariño de Dagny?, lo pregunto porque en ese momento de la celebración no había hombre egoísta alguno circundando a Dagny, y la consecuencia lógica de eso es que ella no pondría su cariño en nadie salvo Hank.

    La otra pregunta que me formulo es ¿qué papel desempeñan los celos con respecto a la autoestima? Si un hombre tiene la disposición constante de experimentarse como competente para resolver los desafíos en su vida, que es un hombre de autoestima, ¿qué razón tiene de recelar a su amada de mudar su cariño a otro hombre que de hecho no está presente en ese momento?.

    He decidido no copiar el párrafo exacto que narra estos hechos para no vulnerar los derechos de autor, en este caso Rand, pero la situación es exactamente la que señalo.

    • Omingod says:

      Arturo: Rearden no tenía celos de Dagny en el sentido formal de la palabra; en este caso está llamando “celos” a una emoción más de envidia, de que otros pudieran acercarse a Dagny y él no (tienes que tener en cuenta el contexto).

      En cuanto a celos y autoestima, no recuerdo que haya sido tratado explícitamente en la literatura Objetivista, pero mi opinión es que ciertamente hay una relación. Para entenderlo, recuerda que los celos son una emoción (resultado automático de las premisas y valores mantenidos de forma subconsciente), mientras que la autoestima es un valor a alcanzar, al que se llega reconociendo que uno es capaz de pensar racionalmente y de lidiar con el mundo. Además, los celos son esencialmente algo negativo y la autoestima es esencialmente algo positivo. Dicho eso, y en el sentido más amplio, a mayor autoestima, menos celos.

      Volviendo a Atlas, Rearden tiene esa emoción negativa de celos, de impotencia, porque él mismo ha creado la situación en que se encuentra, en la que cualquiera puede acercarse a Dagny en la fiesta menos él, cuando realmente él es el único que la valora y desea estar con ella. Esa contradicción causada por su evasión afecta su autoestima, y de ahí los “celos”.

      Compara esos celos con los que John Galt siente hacia Rearden, y de los que habla en el túnel; es una emoción de celos al ver que Rearden lo tiene todo, incluso la persona que él ama, y él no tiene nada; pero esa emoción dura sólo un momento, hasta que Galt recupera el contexto completo y se da cuenta de nuevo que él está en el lugar cierto. Su autoestima le impide tener celos, que desaparecen inmediatamente al ver las cosas en perspectiva.

  • Sanferlo says:

    ¿Y eso de “tu error es que lo personalizas demasiado” (la acción de amar) lo achacas a un remanente del misticismo?

  • Jan says:

    No creo que a alguien le guste saber que su pareja lo ama por deber y en lo que respecta, no habría diferencia en si eres un ser racional, productivo, con integridad; o alguien irracional, parásito y que se traiciona a sí mismo.

  • Sanfer says:

    He leído bastantes cosas de aquí y me recuerda una conversación de la que fuí testigo hace meses. ¿Según el Objetivismo la última contestación de este diálogo es inmoral por qué es Kantiana? No la veo mal a pesar de estar en contradicción con las ideas de esta página, que suelen ser contrarias a Kant.

    Padre preocupado : “Vaya, el mayor me viene llorando del cole. Resulta que hacen el amigo desconocido (Nota: consiste en hacer un regalo a ciegas). El se pasó todo el fin de semana currando para hacer un cojín que ponía bordado “me gusta el deporte”. A el le han regalado un dibujo “que lo ha hecho su madre. ¿Que le digo? Si tiene razón.”

    Kantiano: “Explícale que si hace algo esperando una retribución justa, no está siendo generoso. Solamente está comerciando con su esfuerzo”.

    Padre: “Ser generoso tiene sentido cuando el de enfrente ha tenido un problema y necesita ayuda. Lo que tu me pides no es que sea generoso, sino que acepte la jeta de los demás, vamos que sea un poco gilipollas. Eso no lo voy a hacer. Encima de la frustración, cargarle la responsabilidad de esta a él. El otro es un jeta y la actitud incorrecta es la del otro, no la suya.
    El le ha dedicado tiempo y creatividad a su regalo y lo que esperaba era que la contraparte hiciera un esfuerzo. Simplemente que pusiera interés la otra parte.”

    Kantiano: Me he expicado mal.Lo que venía a decir es que la recompensa es el placer de hacer las cosas bien. Tu hijo hace bien en elaborar con cariño el regalo. Y entiendo que se frustre cuando recibe algo que percibe como de menor valor pero no debería relacionarlo con lo primero. En el acto de recibir él no tiene ningún poder, solo le queda la aceptación o el rechazo. No depende de su esfuerzo anterior lo que recibe después, y por tanto no tiene razón de frustrarse. Haga lo que haga, recibirá regalos como quiera que sean. Entonces su mérito no sería rebajarse a hacer regalos peores; su mérito es justamente cumplir con su parte y hacer el regalo bien hecho.Y eso no creo que sea ser un gilipollas, al contrario: eso es una persona que sabe dar ejemplo. Y para mi es admirable.
    Y el problema es que personalizas el amor que das en la otra persona, al decir eso de “devaluar el amor”. Fíjate que en mi nota decía “el placer de hacer las cosas bien”, no “el placer de dar a otro”, ni siquiera “el placer de dar”. Decía el placer en hacer lo que uno cree que debe hacer, desde el cariño, eso es amor. El amor no necesita un objeto para expresarse, se expresa a través de nuestras acciones, de dónde partimos al decidir actuar de una manera u otra.
    Tú pareces muy preocupado por el otro, por el que te va a dar el regalo a ti. Condicionas tu regalo al regalo del otro: entonces no estás regalando nada, estás comerciando. No quieres salir perdiendo con el cambio.”

  • Sanfer says:

    Entiendo, aunque me cuesta entender cuando se compara una persona promiscua con la que piensa que la riqueza no tiene significado intelectual.

  • Ivonne says:

    Se considera moral cambiar de pareja porque se ha encontrado en una nueva persona un nivel más elevado de virtudes y valores?

  • Sanfer says:

    ¿Por qué es inmoral la promiscuidad? ¿Qué tiene de malo tener sexo con bastantes mujeres? Si no haces mal a nadie no veo lo negativo que puede llegar a ser eso. Sólo hay una vida y hay que vivirla.

  • Jan says:

    ¿Qué opinan del “poliamor”? es un término reciente que significa el entablar relaciones íntimas con más de 1 persona al mismo tiempo con el mutuo consentimiento.

    Yo pienso que puedes admirar y reconocer a muchas personas, respetarlas y sentir un gran placer al estar con ellas, pero cada persona es única, incluyéndote, entonces quien posea un sentido de vida más semejante al tuyo es a quien le darás un lugar especial sobre el resto (no significa que dejen de tener valor para ti, pero esa persona tiene aún más valor).

  • El Osito Teddy says:

    Ahora que lo pienso, qué raro se me hace no ver en el glosario el término Sentido de Vida.

  • Marcos says:

    Lo que me sorprende es que ese tema sea tratado deliberadamente por casi todo el mundo como algo totalmente más allá de la razón e inalcanzable, y muy a menudo también incognoscible, simplemente “ocurre”, y ya está, no tiene explicación. Esa concepción “sin causa” del amor es la causa de tantas frustraciones adolescentes -y no tan adolescentes- hoy en día, ni siquiera parecen saber por qué quieren a una persona. Si a eso se le añade la concepción de que el amor “desgraciadamente” conlleva sacrificios y sufrimiento, agrava más el problema, cuando amor sacrificado es una contradicción, como un oxímoron filosófico, el amor no puede ser malo, es intrínsecamente bueno. Es sencillamente desconcertante que un tema como el amor haya logrado una concepción tan mística, que se puede equiparar a cualquier misticismmo religioso, prácticamente, completamente apartado del territorio de la razón.

  • Miguel says:

    Yo diría que la frase ciertamente es irracional, claro que podemos amar realmente a otra persona, si esa persona concretiza las abstracciones conceptualizadas normativas más elevadas que tenemos sobre como debe ser una persona del sexo opuesto, si esa persona concreta corporiza dichas abstracciones ciertamente la podemos amar y normalmente la amaremos, pero como bien dice Alpha Columbia, se trata en realidad de que no amas a esa persona, amas solo los valores que desearías encontrar en una persona, con lo cual en realidad no estás amando a nadie en ese momento, y sí suele ocurrir mucho pero como diría John Galt un valor que no se gana no puede disfrutarse.

  • ALPHA_COLUMBIA_1776 says:

    JC: Pues que para una persona racional, es completamente falso y peligroso, es decir, es amor falso.

    Sucede mucho, el hecho de que una persona se enamora de otra persona por la impresion que le da esta ultima, y luego, cuando realmente se encuentra con la realidad (tarde o tempran otodo el mundo se encuentra con la realidad..), empiezan los problemas.

    Si tu pregunta es: ¿puede una persona montarse sus historias acerca de otra persona, y cegandose a como es en realidad la persona a la que supuestamente ama? si, es posible que suceda.

    Es eso amor ? no. Es es valorar unos ciertos valores, y creer, equivocadamente, que estan en la otra persona, cuando realmente no estan.
    Por eso, cuando el amor es mas racional, mas “verdadero” es, ya que realmente buscas a esa persona tal y como es en realidad, no el “como te gustaria que fuese”.

    una persona que es capaz de querer asi a una persona, si que puede ser capaz de decir que ama.. una persona que dice estar enamorado de algien, pero realmente esta cegado en lo que ese algien es, me da pena.. se que tarde o temprano, se dara de frente con la realidad

  • John says:

    No me gusta en absoluto. Actúa bajo la premisa de que existe una disociación entre una persona real y nuestra concepción de ella. Es un mundo platónico o incluso kantiano, en el que no nos relacionamos con los entes reales. Supongamos por un momento que tú amas ese concepto de la persona: ¿de dónde proviene? ¿Tienes experiencia sensible de lo que esa persona hace o piensa? ¿O has creado enteramente ese concepto de manera arbitraria -o sea, sin tener en cuenta los hechos-? Parece ser esto último el caso, puesto que afirma la frase que “es un concepto nuestro”. Y finalmente, ¿por qué considera que por amar a un concepto que nosotros hemos creado nos amamos a nosotros mismos? Parece sugerir algo así como que nos proyectamos a nosotros mismos en un concepto y se lo atribuimos ciegamente a esa otra persona. Eso es totalmente irracional. Si fuera así, amaríamos a gente de forma totalmente arbitraria, y es probable que le atribuyéramos ese concepto a mucha gente diferente.
    De todas formas, uno mismo, la consciencia, no se compone de los conceptos que tienes. Por ejemplo, yo puedo tener el concepto de hablar en ruso pero ni eso me conforma a mí ni yo tengo necesariamente que encarnar ese concepto.
    Pero, en esencia, si no te preocupas por cómo es esa persona, no puedes amarla, y considerar que es el concepto lo que amas es irracional, tanto si es porque no reconoces la relación entre la persona real y los valores que le atribuyes como si le atribuyes unos valores que no posee, independientemente de dónde provengan.

  • JC says:

    Hola, si alguien tiene tiempo y alguna idea sobre esta frase se lo agradeceré mucho:

    “Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos.”

    ¿Qué piensas de ello?

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