La Esencia de la Educación – por Ayn Rand

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Entrevistador: ¿Cuál es la esencia de la educación?

Ayn Rand: Educación significa desarrollar la mente del hombre para permitirle lidiar con los hechos de la realidad. En todas las especies vivientes, a los pequeños hay que enseñarles sus medios de supervivencia, lo que hacen los mayores. Si alguna vez has observado a los gatos o a los pájaros, verás que la madre le enseña a los gatitos a cazar o a los pájaros a volar. En cada especie – al menos entre los animales más desarrollados – los padres les enseñan a los hijos las habilidades específicas necesarias para su supervivencia. Este proceso ciertamente se aplica a un ser humano, cuyos medios de supervivencia son los más complejos, y también son volitivos.

La herramienta básica de supervivencia del hombre es su mente, su facultad racional. Para llegar a ser un completo adulto y subrevivir por sí mismo, un individuo necesita dos cosas: un conocimiento de los hechos (por lo menos hasta el nivel adquirido por sus mayores) y, aún más importante, el conocimiento de cómo usar su mente para adquirir más hechos. El hombre es la única especie capaz de transmitir y expandir su conocimiento de generación a generación. Los animales pueden transmitirles a sus pequeños solamente las habilidades con los que han sido dotados por la naturaleza; no pueden transmitir conocimiento. El hombre sí que puede.

La cuestión crucial es cómo el hombre adquiere conocimiento. No sabe automáticamente lo que es verdadero o falso. No sabe automáticamente cómo validar sus conclusiones haciendo que se correspondan con los hechos de la realidad. La habilidad de adquirir conocimiento – lo que significa: de razonar – no es innata. El hombre nace sólo con la capacidad de pensar, pero tiene que descubrir cómo usar esa capacidad. Tiene que descubrir las leyes de la lógica, las leyes a través de las cuales puede validar su conocimiento y determinar lo que es verdad. El objetivo básico de la educación, empezando con el niño pequeño y acabando en la universidad, es entrenar al joven a usar su mente. Hay que darle ciertos hechos fundamentales que la humanidad ya ha adquirido, para que no tenga que empezar desde cero como un salvaje en la selva. Pero, por encima de todo, hay que enseñarle cómo adquirir conocimiento. Cuando un hombre acaba la universidad, por lo tanto, debe tener el conocimiento básico en el campo específico en el que se está especializando, y debe saber cómo extender ese conocimiento. Debe saber cómo pensar.

Es en esto precisamente en lo que la educación moderna ha fallado estrepitosamente. No sólo no le proporciona al estudiante los hechos básicos, sino que está diseñada – casi como si hiciera de forma deliberada – a negar su capacidad de pensar. Si los jóvenes de hoy no son neuróticos cuando entran en la universidad, tienen una buena probabilidad de serlo cuando salen de ella. Toda esa tendencia anti-racional en la filosofía de la educación está diseñada para paralizar la mente conceptual del hombre.

Entrevistador: ¿Cree usted que los objetivos de la educación, como usted ha esbozado, pueden ser logrados en un sistema de educación pública?

Ayn Rand: No, no pueden. Los Objetivistas se oponen totalmente a la educación pública y a cualquier otra forma de actividad pública impuesta por la fuerza. El estado actual de nuestras escuelas públicas es una indicación de por qué el uso de la fuerza es tan desastroso.

Puede haber, desde luego, algunas excepciones en escuelas específicas, pero como sistema, la educación pública inculca conformidad social y obediencia, no independencia. Cuando la educación está en manos del Estado, entonces los profesores, para poder ser honestos, tendrán que apoyar el sistema para el cual trabajan. Tendrán una tendencia a aprobar las ideas del estatismo, de obediencia al estado. Spinoza fue quien hizo una observación idéntica sobre las escuelas administradas por el Estado.

Sólo un sistema privado puede inculcar la razón. En las escuelas privadas – igual que en todas las iniciativas privadas – se enfatiza la idea de independencia, de valerse por sí mismo, de racionalidad. De nuevo, puede que haya excepciones entre profesores específicos, pero a esto es a lo que conduce la educación privada, por su naturaleza.

Publicado por: Julio 21, 2011 9:16 pm

11 Comentarios

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  • Julito says:

    Es cierto, primero van las personas, que se reúnen, se desplazan, etc…
    Creo que me has entendido mal o lo he expresado mal.

    No hablo de carreteras en sí (es decir, de vías que atraviesan terrenos), hablo concretamente de ciudades, de urbanismo. Es el contexto en el que yo vivo.
    El tema es que a veces se confunde la definición de ciudad con la definición de pueblo.
    La ciudad tiene que ver con el urbanismo, y sí es una planificación. El pueblo es algo improvisado, las casas se hacen una a una, y las calles son el resultado.

    Me gustaría ejemplificarlo invitándoos a buscar mapas de ciudades y de pueblos. Mi ejemplo favorito de ciudad es La Plata. En seguida notaréis que la ciudad parece un tablero o circuito para la circulación.

    De todas formas, AlphaColumbia, lo que hago es pararme a pensar en un hecho: yo tengo mi casa en una ciudad como la que os acabo de describir (no exactamente como La Plata), en una calle pública. Atendiendo a mi situación, no creo que al gravarme se me esté robando. Es más, diría que a nadie en mi situación se le está robando.

    Otra cosa sería razonar que esas calles y ciudades, efectivamente, se han construido con dinero robado a quienes aún no vivían en ninguna infraestructura pública. Pero es que la alternativa es privatizarlas, y privatizarlas no cambiaría su origen coercitivo.

    En realidad, mi concepto de la ciudadanía sí implica un deber de sostenimiento del gasto público, que sólo se traduce en dinero y tiene límites concretos. Todas las demás propiedades de un individuo habrían de estar legalmente protegidas.

    Entiendo que esto es bastante coherente con ese ideal de república que Ayn Rand defendía, según el cual, aunque el Gobierno debe ser elegido por los votos de la mayoría, no tendría permitido hacer *cualquier cosa* que el 51% de la gente exigiera.

    Y sí, estoy a favor de que esa recaudación sirva para universalizar cosas que son de primera necesidad para la vida humana. Con responsabilidad, claro. Recuerdo lo que Leonard Peikoff respondió en un podcast a la pregunta: “Si cerca de mí alguien tiene un accidente de coche o un ataque al corazón, ¿estoy moralmente obligado a ayudarle?”. Respecto a ello, estoy libre de dudas.

    Lo que sí me disgusta (y tanto como a vosotros) es lo que en este país defienden los socialistas convencidos: que la priopiedad privada debe estar subordinada al interés social. Eso se traduce en que, más allá de los impuestos (entendidos como un “pago por la ciudadanía”), cualquier cosa que la mayoría exija que se te quite, el Gobierno te la quita.

    Y lo podríamos llevar más lejos: estoy a favor de que todos los ciudadanos debamos un pago en dinero (vale, no estoy a favor de que se desplume a nadie como querían hacerle a Depardieu), pero jamás definiría algo como el “Eminent Domain”, que en este país.

    Me gustaría llevar esto incluso un pelín más lejos, y esto va a ser atrevido. En varios de sus podcasts, Leonard Peikoff nos dice tajantemente que la ética no puede existir en un “bote salvavidas”, es decir, cuando hay que violar los derechos de alguien (o matarlo) para vivir. Leonard Peikoff dijo: “la ética no es para los moribundos”, y “en ciertos casos, yo aprovecharía la inaplicabilidad de la moral para ciertas cosas”. (En un próximo comentario os paso ambos podcasts, ahora no puedo buscarlos.)
    Para mí esto se puede aplicar, por ejemplo, al tema de las patentes para las medicinas del SIDA. No me importaría que el Gobierno se las saltara para salvar vidas. Diría que si el Gobierno lo hace, hay más seguridad de que no haya heridos. Pero no necesito justicar esto con el interés social, la voluntad popular o la democracia: aunque sirviera para salvar una única vida, lo apoyaría.

    En fin, me parece que me he desviado del tema.

  • AlphaColumbia says:

    Julito, tendrías razón si no invirtieses causa/consecuencia. Lo primero que surge es la gente, las asentaciones, los movimientos de población.. y, como consecuencia, surge la necesidad de construir carreteras.

    Lo que tu propones es que primero se construyen las carreteras, por orden de un superior, y entonces vienen los ciudadanos. Eso es absurdo, y solo se da en los entornos planificados, como en la USSR, donde se planificaba hasta el mas mínimo detalle.

  • Julito says:

    Y además, en una ciudadanía, a pesar de que los ciudadanos tuvieran que pagar, sus propiedades privadas habrían de estar protegidas (igual que yo pago por ser socio de un club, pero el club no toca nada mío fuera de mi cuota a pagar). No estoy a favor de esas expropiaciones, ni del eminent domain, ni del impuesto al patrimonio. Eso sí es esencial en la URSS.

  • Julito says:

    Para resumirlo todo: lo único que estoy defendiendo es que, si ante la puerta de mi casa hay una calle pública, me he comprometido a sostener el gasto público. Y no creo que eso sea un robo.
    Y si la calle se privatizara, el dueño tendría el mismo derecho a cobrarme que ahora tiene el Gobierno. No creo que eso fuera un robo.

    Estoy a favor de lo primero y estoy a favor de vivir en una ciudad cuyas instituciones toman una iniciativa para ayudar a alguien que pasa por un problema y no se le deje tirado.
    No hay que ser colectivista para defender esto, pues no hay que tomar a ningún grupo como sujeto de moral.

  • Julito says:

    No, no, no.

    El que los seres humanos poseamos derechos individuales no cambia para nada las definiciones de ciudad y de ciudadanía. Y aquí ya se han citado.

    Una ciudad es una infraestructura pública o comunitaria (calles) donde los individuos adquieren propiedades privadas (casas), y por el simple hecho de adquirir tal propiedad en tal infraestructura, una persona adquiere compromisos. Uno de ellos es el de sostener el gasto público. Y por ello reafirmo que los impuestos, en este contexto moderno concreto, que es real y material, no son ningún robo.
    (Sí, una ciudad es algo planificado: se realizan las calles y el resultado con las casas, como ya se ha dicho.)

    De hecho, me pongo como ejemplo: yo vivo en Bilbao y estoy empadronado en un municipio. Si mi casa se hubiera construido sin más, al natural, entonces el Ayuntamiento responsable de las calles no tendría derecho a exigirme deberes ni a darme derechos.

    E irónicamente aquí respondéis lo siguiente: esas calles se han creado con un dinero que se ha tomado coercitivamente. (Y tenéis razón: el impuesto es fuente y anterior a todos los bienes públicos.) ¿Y qué alternativa ponéis? Privatizarlas. Como si así dejaran de ser calles “fruto de la tiranía”. Sólo pasarían a ser “fruto de la tiraníay vendidas”, nada más.
    Y sí: el nuevo dueño tendría derecho a sacarnos la pasta a los vecinos. Podéis poner la excusa que queráis: que seguramente sería más barato, o que seguramente no nos cobraría (quizá harían como Facebook y los anunciantes), pero eso no cambia que tendría pleno derecho a hacerlo.

    Ayn Rand nunca menciona estas definiciones de ciudad y de ciudadanía, y salta directamente a la definición medieval de tributo. A lo mejor eso nos sirve para criticar algunos impuestos y prácticas invasivas, pero nada tiene que ver con aquellos que hemos comprado una casa en un municipio.

    Una ciudad es un espacio público. La ciudadanía implica un compromiso activo. Yo agradezco que ese compromiso se quede en impuestos y que sirvan para financiar unos servicios públicos de primera necesidad.
    Y esto no es altruismo, es saber dónde estoy y por qué no me interesa la alternativa. No es suponer que la necesidad de A implica una obligación para B, sino de saber dónde estamos los dos, en qué manos esá este espacio (en la de ambos) y en cuales podría estar (en las de un tercero).

    Si alguien prefiere construirse una casa en el campo, estoy a favor de que se le deje en paz.
    Y si alguien quiere fundar una “ciudad libre independiente”, lo mismo. Pero a mí no me están robando por tener una calle pública delante de la puerta de mi casa.

    Y no, la URSS no es el final del camino. Si habláramos del artículo 33 de la Constitución, que dice que la propiedad privada está subordinada a la “utilidad pública”, entonces sí. Pero comprar tu casa en un barrio de calles públicas y comprometerte a pagar un dinero mes a mes es algo muy concreto, que no debería extralimitarse (aunque a muchos colectivistas les encantaría). Lo del Artículo 33 sí que no tiene límites.

  • Julito says:

    Hombre, tampoco hay que dramatizar con lo de “Ayn Rand” se equivocó, pues en ningún momento lo he dicho en ese plan. No, no tengo nada en contra de las premisas de Ayn Rand: las acepto plenamente.
    Sin embargo, no comparto su punto de vista acerca de los impuestos. Mi punto de vista ya se ha expuesto en esta web. Creo que el deber ciudadano de sostener el gasto público, en este caso al menos, se aísla de su contexto.

    Y no, no se trata de crear una nueva URSS ni de ser un colectivista, ni mucho menos de sacrificar la vida. Se trata sólo de aceptar que la ciudadanía implica un compromiso activo (sí, tanto si la infraestructura de la ciudad es pública como si la privatizamos), que mas allá de los derechos individuales sí pueden existir los derechos civiles… y que el objetivo de esto no es una lucha contra la desigualdad (objetivo de la URSS y de los colectivistas), sino socorrer la necesidad.

    Y olvidé añadir la cuestión de la educación: acepto que el Gobierno pueda tomar una iniciativa para ayudar a aquellos que no pueden tener una educación (que son una minoría), y creo que hay grandes resultados aún más allá de Ontario.

    • Omingod says:

      Pero mira de nuevo, no puedes estar aceptando plenamente las premisas de Ayn Rand si dices que la necesidad de unos genera obligaciones en otros. Es una contradicción estar a favor de los impuestos y a la vez a favor del individualismo: es lo uno o lo otro. La URSS es el final del camino que estás tomando al decir que el gobierno está justificado en “socorrer” la necesidad.

  • Julito says:

    Sin querer picar a nadie. ¿Qué opinan los objetivistas de una educación pública tan prestigiosa como la de Canadá, Finlandia, Islandia, Noruega…?

    Yo diría que aquí, al menos en cuanto a resultados, Ayn Rand se equivocó. Y se critica aquí la coerción para la educación, aunque Leonard Peikoff en uno de sus podcasts declaró que todo padre tiene la obligación de dar una educación a sus hijos.

    • Omingod says:

      ¿Estás diciendo que el uso de la fuerza contra personas indefensas puede llevar en la práctica a resultados deseables? Sin querer picarte a ti, ¿qué opinas de un ejército con impresionantes resultados, tan disciplinado y tan poderoso como el de la Alemania nazi en 1940?

      Esta son las dos características esenciales del gobierno: 1) no produce nada, y 2) actúa por la fuerza.

      Cuando alguien apunta a algo que el gobierno hace (escuelas, hospitales, carreteras, pagos a desempleados, subsidios a agricultores, y un larguísimo etcétera), sea cual sea la calidad de esos productos o servicios, lo puede hacer sólo porque previamente se lo ha robado a individuos que han producido. Lo que el gobierno supuestamente le “da” a la sociedad sólo se lo puede “dar” porque previamente se lo ha quitado *por la fuerza* a productores de tomates, de coches, de teléfonos móviles, de vacunas, de aparatos de resonancia magnética, etc. El gobierno *no crea* riqueza, sólo *destruye* la creatividad y la iniciativa privada.

      ¿Qué dirías si enfrente de tu casa vieras una escuela maravillosa que un ladrón ha construido con la madera, los ladrillos, la pintura, las herramientas, los ordenadores, etc. que previamente te ha robado a ti? ¿Admirarías su belleza y lo bien que funciona? Pues cuando a una persona racional le muestran algo que ha hecho el gobierno, no ve sólo lo que le muestran, sino que ve de forma igualmente nítida y real la infinidad de cosas que los individuos libres habrían hecho, creado y producido si el gobierno – el ladrón legalmente constituído – no hubiese confiscado esa riqueza.

      Quien quiera el punto de vista económico puede ver http://www.youtube.com/watch?v=mlT7qaOif58

      • Omingod says:

        Aprovecho el comentario anterior para mostrar con qué facilidad algunos afirman que “Ayn Rand se equivocó”. Normalmente quien lo hace no ha leído lo suficiente sobre Objetivismo, y si lo ha hecho no lo ha entendido. Y esto no tiene nada que ver con dogmatismo o con omnisciencia: Objetivismo no es un dogma, por su propia naturaleza, y Ayn Rand fue la primera en reconocer que no era infalible.

        Una crítica puede producir una sensación temporal de superioridad en quien la hace, al pensar: “Ajá, estoy por encima de Ayn Rand, he descubierto un error en su pensamiento”, pero lo único que revela es un complejo de inferioridad, y esto vale tanto para quienes critican aplicaciones específicas de principios Objetivistas a situaciones concretas, como para anarquistas que afirman que Ayn Rand se equivocó en cuanto al gobierno, y que “en realidad” ella era de hecho una anarquista acérrima sin saberlo.

        ¿Qué pensarías si vieras a alguien contemplando al David de Miguel Ángel y le oyeras decir: “Qué belleza de escultura, pero creo que se equivocó con la uña del dedo meñique de la mano izquierda”? Pues lo mismo hay que pensar de los aprendices a críticos de filosofía.

        Para demostrar que Ayn Rand se equivocó – que Objetivismo no es una filosofía válida y verdadera – habrá que destruir su esencia: habrá que demostrar que la realidad no es absoluta, que la razón no es el único medio de conocer esa realidad, que para vivir hay que actuar altruistamente sacrificando la propia vida, y que el mejor sistema social es el que tenemos ahora, un sistema de caníbales colectivistas. Pero decir que en un pueblecito de la provincia de Ontario en Canadá hay una escuela pública que “funciona”, ergo… “Ayn Rand se equivocó”, es simplemente absurdo.

        Este comentario no significa en absoluto que haya que tragarse todo lo que dice Objetivismo. Al contrario. Cada uno tiene que evaluar, cuestionar y validar cualquier idea con una mente activa, pero precisamente es esa mente activa lo que le impedirá llegar a conclusiones prematuras e infundadas.

        http://objetivismo.org/es-objetivismo-un-dogma/
        http://objetivismo.org/la-diferencia-entre-poder-errar-y-errar/
        http://objetivismo.org/mente-abierta/

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